"Dios es mi socio y lo recomiendo"
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"Cuando estoy frente a una misión difícil, siempre me digo: Jeanne Marie, si Dickens estuviera vivo, él sería el primero en ayudar a esta gente. El nunca se asustaba ante un desafío". Así reflexiona la condesa húngara Jeanne Marie Wenckheim Dickens, de 64 años, viuda de Christopher Charles Dickens, tataraniento del famoso escritor británico Charles Dickens (1812-1870) que deleitó a miles de pequeños lectores con las aventuras de "Oliver Twist".
Tras cuatro décadas de ausencia, la dama regresó para ver a sus familiares y amigos y charlar un rato con La Nación . Esta vez vino con su hija Catherine Dickens (34). Ambas viven hoy en las Islas Vírgenes británicas.
Con el nombre de Charles Dickens Heritage Foundation, la condesa de mirada diáfana y sonrisa franca puso en marcha una obra de caridad que hoy ayuda a 23 instituciones dedicadas a educar a huerfanitos en los Estados Unidos. ¿Cómo lo hizo? Con la ayuda indirecta del célebre autor de "David Copperfield" y -como ella cuenta- "teniendo a Dios como socio. Dejo que su mano me guíe. Lo recomiendo como estrategia".
Un camino, un destino
"Cuando mis hijos crecieron, sentí que ya era tiempo de sacar a Charles Dickens de la biblioteca donde mentalmente lo había puesto cuando supe que no tendría obligaciones especiales por casarme con Christopher, que era la cabeza de la familia Dickens", relata la dama de modales suaves.
Fue al investigar la vida y la obra del escritor que descubrió un lazo común: el mismo amor por los niños desamparados. Una tarde, sentada en el escritorio original de Dickens, golpeó el pupitre en busca de inspiración financiera. "Oí en mi corazón una voz que me indicaba: Construye réplicas del escritorio de Dickens ", cuenta.
Con el dinero obtenido por la venta de aquellas imitaciones de lujo, la dama echó a andar la fundación y conservó el original, que hoy se halla en el Museo Dickens de Londres.
-¿Cómo despertó a la misión de ayudar a educar a estos niños?
-Fue difícil. Cuando mis hijas crecieron sentí que tenía que hacer algo más con mi vida. Fundé una escuela de equitación para ciegos y discapacitados sin familia que no sabían leer ni escribir. La princesa Ana de Inglaterra es la madrina. A lo largo de 40 años sólo he querido satisfacer el corazón de Dios. Hay gente que en el mundo hace algo bueno y se siente mejor. Pero no es suficiente. Es mucho más grato cuando se hace en el nombre de Dios. Un día me dije: Dickens pudo ayudar gracias a sus libros.Ya que no puedo escribir novelas, crearé una fundación en su nombre.
-¿De quién supone que era la voz que le indicó el camino por seguir para obtener los fondos?
-Fue la voz de Dios en mi interior. Precisaba un propósito para crear la fundación. Y necesitaba cumplir con el anhelo de Dickens de contribuir a que los niños desamparados recibieran educación. Pocos saben que él fue un gran cristiano. El pensaba que cada chico, cualquiera fuera su condición social, merecía tener una oportunidad para educarse. Cuando tenía once años, su familia no pudo pagar los impuestos y terminó en prisión. Eso fue terrible para él. Tuvo que trabajar en una fábrica de pulidos junto con otros niños a los que nunca olvidó. Dickens amaba los libros y la escuela. Y a través de aquella experiencia comprendió la importancia de estudiar. Por mi historia personal me identifico con Dickens. Al final de la Segunda Guerra Mundial mi familia huyó de Hungría hacia Austria, frente al avance comunista. Perdimos todo y me eduqué, ya huérfana, en un convento.
-¿Cómo se conecta con las instituciones?
-Cierto día viajaba en un avión y a mi lado se sentó el director ejecutivo de un hospital para adictos y alcohólicos de Carolina del Norte. El me preguntó si alguna vez había pensado ayudar a leer y a escribir a niños con SIDA. Así me involucré en esta causa. En otra ocasión coincidí con una maestra jubilada de Sacramento que recogía y educaba a niñitos que vivían hoteles y pocilgas. Luego, conocí a otra mujer que, en Chicago, ayudaba a pequeños entre tres y cinco años, de vecindarios miserables, con igual propósito. A todos ellos los ayudamos económicamente.Yo conozco gente maravillosa en los caminos.
Charles Dickens, el protector
Catherine Dickens, hija de la condesa, es chozna del famoso escritor y acaba de sumarse a la fundación. Dice: "Es un honor descender de este maravilloso escritor, que además fue un gran cristiano. A tal punto que cuando me casé insistí en conservar el uso de mi apellido. El era un hombre con un sentido del humor extraordinario y pícaro. Era muy auténtico. La reina Victoria le ofreció un título de nobleza y él lo rechazó tres veces. A pesar de su éxito, jamás olvidó a los desamparados. Siempre siguió la voz de su corazón".
Con alguna reticencia,su madre cuenta: "Hace un tiempo una persona con percepción sobrenatural dijo haber visto a un hombre de barba muy cerca de mí. Al describirlo, me sorprendió que coincidiera con la imagen de Dickens que ilustra la revista de nuestra fundación. Quienes estuvieron cerca de Dickens o de sus libros, se han visto envueltos en su obra cristiana. Es como si él nos protegiera para que podamos ayudar a sus niños pobres".
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