
Discuten quién es el padre del genoma
Los genes no podrán ser patentados, pero sí las aplicaciones para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades.
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Mientras en el mundo se discute quién es el dueño de la información contenida en el mapa genético humano, una noticia circuló ayer en la industria biotecnológica internacional y sacudió el generalmente sobrio escenario de la ciencia.
El investigador Craig Venter, presidente de la empresa norteamericana Celera Genomics Corporation, no sólo habría sido el verdadero factótum del Proyecto Genoma Humano en materia de investigaciones, sino también el padre biológico de la criatura, ya que habría aportado el esperma utilizado en la investigación.
Así lo admitió ayer Cyrus Harmon, presidente de la empresa biotecnológica Neomorphic de Berkeley, California, quien confirmó que "se hacen miles de conjeturas en el sector industrial", acerca de que en la experiencia se habría utilizado semen perteneciente a Venter.
A pocas horas de difundirse el primer borrador del código genético humano, el impacto producido en la opinión pública tiene múltiples facetas.
En Buenos Aires, el anuncio tuvo consecuencias políticas: la Legislatura porteña sancionó ayer una ley que prohibe la discriminación basada en información genética. La norma, que había sido presentada el año último por Patricia Ruiz Moreno (Nueva Dirigencia) y Alicia Pierini (PJ), impide realizar estudios genéticos en exámenes para ingresar a empleos y estudios para obras sociales, empresas de medicina prepaga y aseguradora de riesgos de trabajo.
Uno de los aspectos que más preocupa en la comunidad cientifica es establecer quiénes (y cómo) podrán apropiarse de las numerosas aplicaciones de la información del Proyecto Genoma Humano, disponible en Internet.
El problema no es menor si se tiene en cuenta que el futuro próximo promete métodos de diagnóstico, medicamentos y tratamientos para enfermedades como el cáncer, el mal de Alzheimer, la hipertensión arterial, las patologías cardiovasculares, los problemas mentales, la diabetes y muchas otras.
La pregunta que inquieta a muchos es: ¿pueden patentarse los genes? "No, en absoluto", respondió el doctor Alberto Kornblihtt, profesor titular de Biología Molecular en la Universidad de Buenos Aires.
"La información genética -añadió- jamás debe tener dueño. Lo que sí pueden patentarse son los procedimientos para obtener algo a partir de esos genes. Por ejemplo, si la información de un gen determinado permite diseñar un fármaco específico para combatir una enfermedad, una empresa puede patentar lo que a su entender es la tecnología para diseñar el fármaco, pero jamás el gen, que es de dominio público."
El problema de cómo utilizar el conocimiento científico de un emprendimiento tan relevante y abarcador surgió del seno mismo de las investigaciones que llevaron a la decodificación del genoma humano, divididas en dos grupos, uno identificado como público y otro privado.
En la veloz carrera hacia la descripción completa del mapa genético de nuestra especie trabajaron científicos del consorcio internacional del Proyecto Genoma Humano, integrado por Europa, los Estados Unidos, Canadá, Japón y China y la empresa norteamericana Celera Genomics Corporation, cuyo presidente es Venter, que en su juventud fue médico en la guerra del Vietnam.
Pese a que ambos grupos anunciaron juntos los resultados y Venter se comprometió a hacer circular libremente la información por Internet -algo a lo que en su momento se había negado-, todo indica que está dispuesto a comercializar sus aplicaciones.
Estrategia "inteligente"
Para la doctora Ana María Di Lonardo, jefa del Banco de Datos Genéticos de la Ciudad de Buenos Aires, el hecho de que Venter publicara en 1995 la secuencia completa de los genomas de dos gérmenes (el mycoplasma genitalium y el hemophilus influenzae ) lo ubicó en una posición especial. Su habilidad habría radicado en estudiar simultáneamente el genoma humano, pero sin descuidar otros repertorios genéticos de organismos más simples que podían ser muy útiles a la hora de las aplicaciones prácticas, porque mediante comparaciones estos genomas permiten comprender mejor el nuestro.
"Es indudablemente inteligente -dijo la doctora Di Lonardo, que está totalmente en contra del patentamiento de la información genética. Personalmente, creo que Venter está en un punto más adelantado que los Estados que investigan el genoma humano. Pero obviamente no podía ser ni tan tonto ni tan soberbio como para oponerse al mundo entero. Por eso concibió un acuerdo elegante y anunciaron todos juntos la noticia."
La genetista cree que la única forma de poner a salvo el manejo de la información es mediante marcos regulatorios que, en cada país, establezcan límites al manejo y la utilización de la información genómica.
"Nadie puede impugnar a una empresa que lógicamente quiera colocar su dinero en una actividad rentable -dijo-; el Estado debe garantizar la accesibilidad generalizada de toda la población a los distintos adelantos que la aplicación de la información sobre el genoma humano permita concretar."
Mariano Levin, investigador principal del Conicet en el Instituto de Ingeniería Genética y Biología Molecular (Ingebi), que estudia el genoma del Tripanosoma Cruzi, parásito que produce el Mal de Chagas, dijo que el anuncio termina con la etapa precompetitiva de la investigación en el genoma humano.
El científico Levin no teme a nuevas formas de discriminación. "El objetivo es curar las enfermedades más complejas -afirmó-. Esas curas estarán a disposición de la mayoría."





