
Dolor en el entierro de las 11 víctimas
CHACABUCO.- Los once cuerpos ya habían sido trasladados a la morgue del Hospital Nuestra Señora del Carmen. En el patio trasero de la vivienda situada en el 336 de la calle 829 aún podían verse los restos, imposibles de identificar, de la avioneta Piper PA 34 Séneca.
A la 1 de ayer esa escena, desgarradora, era el símbolo del dolor que se abrazó al alma de los 40.000 habitantes de esta ciudad tras la catástrofe de la tarde anterior, cuando dos avionetas chocaron en el aire durante sendos vuelos de bautismo. Un dolor imposible de ocultar en el velatorio e, incluso, en cualquiera de las calles de esta ciudad. Un dolor que se leía en la cara de la gente.
Los hierros retorcidos de lo que alguna vez fue el biturbohélice PA34 recortando lo que debía ser un bucólico paisaje de una quinta casera ya se han convertido en la imagen de la tragedia de la tarde del domingo.
Antonio Crisci y su esposa, los dueños de la casa, tuvieron que ser trasladados al hospital, presas de un shock emocional. Parte de la nave cayó en una finca vecina, la del matrimonio Volpini, que también fue internado con un ataque de presión, producto de la dramática escena.
En el Séneca viajaban Patricia Belfiori y su hija, Ornella; Daiana Stéfano, Andrea Avellaneda, Angela Mozzino y el piloto, Jorge Milanesi (h.). Todos murieron.
Lo mismo ocurrió con el piloto de la avioneta monomotor Piper PA 28 Archer, Leandro Limia, y con sus pasajeros: Viviana Belfiori, su hijo Santiago Soldevia, Nancy Belfiori y su nieta Loreta Avellaneda. Este aparato cayó en un descampado, a unos 700 metros del otro.
Patricia, Viviana y Nancy eran hermanas. Nancy estaba con su hija, Andrea, y su nieta, Loreta;además de su nena, Patricia iba con la hija de su esposo, Daiana. El único varón era Santiago, hijo de Viviana. Eran todos familiares y de Chacabuco. Todos murieron en su primer vuelo.
En el hospital, los familiares de las víctimas reconocían los cuerpos. Todos parientes, sufrimiento puro.
Los pasillos de la guardia estaban atestados de gente. Algunos lloraban. En tanto, los restos del ex subcomisario Milanesi (h.) fueron trasladados a su Bragado natal. Desde allí había llegado el hijo de quien fue subjefe de la policía provincial durante la gobernación del radical Alejandro Armendáriz para presentar en sociedad la avioneta que, tras el festival aéreo, se convertiría oficialmente en la ambulancia aérea.
Había ocurrido al accidente más terrible de la historia de Chacabuco. El antecedente más cercano se remonta a 30 años atrás, cuando una antena de televisión cayó y murieron ocho personas. Dos de ellas de esta ciudad. Anteayer, en cambio, las víctimas locales fueron diez.
Ayer por la tarde, los peritos de la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil (Jiaac)no tenían una hipótesis firme sobre las causas que provocaron el choque entre las aeronaves.
Se presume, no obstante, que el Séneca chocó contra el Archer en pleno vuelo. Y que los pilotos -o uno de ellos- habrían sido cegados por el sol del atardecer.
Mientras los miembros de la Fuerza Aérea trabajaban, perduraba aún en el ambiente el olor a la vez dulce y rancio de la carne humana quemada.
El tesorero del Aero Club Chacabuco, Osvaldo Beguiristain, arriesgó: "Por como quedaron los aviones, me inclino a pensar que fue el de Bragado el que tenía el sol de frente". Según otras versiones, las dos avionetas se dirigían hacia el poniente. Nadie se atreve hoy a sostenerlo con pruebas concluyentes.
El velatorio
Eran las 3.30 cuando el primer ataúd, con el cuerpo de Patricia Belfiori, fue depositado en el patio cubierto de la municipalidad. Minutos más tarde, los restos de su hija de 3 años, Ornella Stéfano, fueron ubicados a un costado. Ya había en el edificio comunal algunos parientes y amigos de las víctimas.
A esa hora, el intendente de Chacabuco, Horacio Recalde; el ministro de Obras y Servicios Públicos de la provincia, Julián Domínguez, y el senador provincial Diego Rodrigo -oriundo de esta ciudad-se retiraron del palacio municipal para descansar. El jefe comunal había decretado jornada de asueto y de duelo el mismo día de la tragedia.
A las 7 ya estaban ubicados los diez féretros. Llantos sordos, ahogados, retumbaron en el edificio. El cielo estaba nublado y el ambiente, sumido en una sutil lobreguez.
Una mujer gritó: "¡No quedó nadie en la casa! ¡Doce años tenía la nena!". Y abrazó un pequeño ataúd. Después, empezó a llorar. Su voz se mezcló con otros llantos. Iguales. Desesperados.
Al promediar la mañana había centenares de personas en la municipalidad. Los familiares y amigos de las víctimas continuaban parados frente a los ataúdes. Y nadie se movió hasta que los cuerpos fueron trasladados al cementerio, a las 17.30. Habían pasado precisamente 24 horas de la catástrofe aérea que enlutó como nunca a esta ciudad.
A esa misma hora llegó aquí el vicegobernador Felipe Solá. El ministro de Seguridad, Ramón Oreste Verón, ya estaba en la ciudad.
Hacia el cementerio
Cuando los cuerpos fueron retirados de la municipalidad, había miles de personas en la plaza principal. Los alumnos de varias escuelas, vestidos con guardapolvos y uniformes, formaban un doble cordón en la calle para que dentro de sus límites pasara la caravana de coches fúnebres.
Durante el recorrido hacia el cementerio todas las veredas de esta ciudad de 40.000 habitantes se poblaron. Todos miraban, sin hablar, los vehículos de la funeraria.
En el cementerio, los cuerpos de las víctimas fueron colocados en nichos, ante la mirada de miles de familiares, amigos y vecinos.
Comenzaba a anochecer y los llantos continuaban. Eran muchas muertes. Era el día más infausto de la historia de Chacabuco.
Parientes enlazados por la muerte
- Salvo los pilotos, Jorge Milanesi y Leandro Limia, las demás víctimas eran parientes. En las aeronaves viajaban las hermanas Nancy (36), Patricia (29) y Viviana Belfiori (28), con sus respectivos hijos: Andrea Avellaneda (20), Ornella Stéfano (3) y Santiago Soldevia (8).
A su vez, Loreta Avellaneda (5), otra de las niñas fallecidas, era hija de Andrea Avellaneda y nieta de Nancy Belfiori. Y Daiana Stéfano (12) era hermana de Ornella, de distinta madre.
Otra de las víctimas, Angela Mozzino (85), era hermana de la madre de las hermanas Belfiori.
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