
Donó parte de su hígado para salvar a su hermano menor
Tiene 22 años y se ofreció porque no había donante cadavérico
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ROSARIO.- Dylan llevaba un vida normal, iba a la escuela, jugaba al rugby y, como la mayoría de los chicos de su edad, se había convertido en una fanático de la saga de "Piratas del Caribe". Pero, de pronto, empezó a sentirse mal, débil, la piel se le puso amarillenta y, lo que resultó aún más llamativo para sus padres, perdió la alegría contagiosa que transmitía naturalmente con sus 11 años.
Sin demoras lo llevaron a la consulta con su pediatra, que advirtió que padecía un cuadro agudo de hepatitis, que se agravaba con rapidez, y resolvió derivarlo al Sanatorio de Niños de Rosario, donde, tras practicarle una serie de estudios, diagnosticaron que padecía una rara dolencia, la enfermedad de Wilson, que en pocas horas lo puso al borde de la muerte.
"El estado del paciente se deterioró rápidamente debido a la insuficiencia hepática y se descompensó", relató a LA NACION Alejandro Costaguta, pediatra gastroenterólogo que atendió al niño, y añadió: "Ni bien se determinó que padecía la enfermedad de Wilson, que tiene una alta mortalidad, lo pusimos en la lista de emergencia de trasplante hepático del Incucai".
Con el correr de las horas la salud de Dylan desmejoró, con el agravante de que no había disponibilidad de un órgano cadavérico, lo que dejó como única alternativa el donante vivo. De inmediato, los familiares se ofrecieron para la intervención quirúrgica, pero sólo Nicolás, el hermano mayor del niño, de 22 años, era compatible y, por supuesto, accedió a trasplante.
Primer caso en el interior
Así fue como se convirtió el primer donante vivo para un trasplante hepático pediátrico, el primero de estas características que se realizó en el interior del país. El complejo procedimiento, que movilizó a un centenar de profesionales, se llevó a cabo en forma conjunta entre profesionales del Sanatorio de Niños de Rosario y el Instituto Cardiovascular de Rosario (ICR).
"Ya se había estudiado la posible compatibilidad de la mamá y de un tío del niño, pero no podían ser donantes. Entonces apareció el hermano, que es hijo del primer matrimonio del padre y generosamente se ofreció para darle parte de su hígado a su hermano", contó Costaguta, y añadió: "De ahí en más fue una carrera contra el tiempo para preparar todo para la operación".
"El sábado a la tarde llegó Nicolás y a la noche ya estaban preparados los dos equipos médicos para iniciar la ablación, por un lado, y el trasplante, por el otro. Estaban los recursos profesionales e institucionales, pero sin la decisión de Nicolás no podríamos haber hecho nada", contó Sergio Escalante, gerente médico del Sanatorio de Niños.
"El procedimiento se realizó en forma exitosa", señaló con optimismo Escalante. "Tanto fue así que Nicolás, el donante, ya está en su casa, reintegrándose poco a poco a su vida normal -añadió-, y el receptor, aunque todavía permanece en terapia intensiva, tiene una evolución tan buena que estimamos que en unas horas más ya podremos pasarlo al piso."
Un ejemplo para otros
"El buen estado general que presenta el paciente, la positiva evolución de su cuadro y, sobre todo, la esperanza que, después de vivir momentos de profundo desasosiego, ahora sienten sus familiares, tienen que servir para que la gente pierda el miedo y tome conciencia de la importancia vital que tiene la donación de órganos", reflexionó Escalante.
Tras la operación, Dylan recuperó esa alegría contagiosa que sus padres -una pareja de docentes de la vecina localidad de Alcorta- tanto extrañaban mientras estuvo enfermo y que hoy los entusiasma para hacer planes para el futuro.
Porque, tal como el pequeño les pidió apenas salió de cirugía, quiere que le den el alta antes del estreno del tercer capítulo de la saga de "Piratas del Caribe". No se la quiere perder por nada del mundo.





