
Dos apellidos ligadoscon la aviación militar
Los brigadieres Juliá y Miret, con vínculos no exentos de escándalos
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Juliá y Miret son apellidos asociados a la aviación. Los padres alcanzaron cargos de brigadieres. Los hijos llegaron al conocimiento público masivo ayer por aterrizar un avión en Barcelona con 900 kg de cocaína. El brigadier José Juliá fue jefe de la Fuerza Aérea durante el gobierno de Carlos Menem; el brigadier José Miret fue uno de los oficiales políticos más importantes durante la última dictadura. Estuvieron envueltos en controversias y afrontaron causas judiciales. Ahora sus hijos enfrentan la acusación de narcotraficantes.
El brigadier Juliá, fallecido hace seis años, pasó de ser uno de los responsables de las operaciones de combate de la Fuerza Aérea Sur en la guerra en las islas Malvinas a ocupar la jefatura aeronáutica durante el menemismo y, desde ese posicionamiento político, a la vinculación con las empresas de Alfredo Yabrán (ver aparte).
Con el antecedente de las acciones bélicas en el Atlántico Sur, Juliá llegó a la jefatura militar con el envión que le otorgaba haber preparado las operaciones de combate de los pilotos de la Fuerza Aérea. Mientras Juliá estaba en la planificación del combate aeronaval, el brigadier Miret tenía responsabilidades políticas durante esa guerra. Fue secretario de Planeamiento Estratégico de la Casa Rosada desde 1978. En la práctica, era uno de los ministros de facto.
Pocas vinculaciones por las diferencias de grado y funciones tenían estos hombres en ese momento de sus carreras. Mientras Juliá estaba en el frente de operaciones, Miret recibió el encargo de negociar un alto el fuego, situación que no prosperó por la oposición del almirante Jorge Anaya, primero, y del teniente general Leopoldo Galtieri, después.
Miret fue la voz militar que rechazó públicamente la propuesta del enviado norteamericano Alexander Haig. El final de la guerra y la debacle de la dictadura encontraron a Miret en otra función de negociaciones reservadas con políticos para llegar a una salida democrática. Se quedó en su cargo hasta el final del gobierno de facto.
Hacia el poder
Juliá mantuvo su carrera ascendente durante el gobierno de Raúl Alfonsín y tuvo su punto culminante al llegar a la presidencia Carlos Menem. Pero su cargo al frente de la Fuerza Aérea, entre 1989 y 1993, tuvo el condicionante de las presiones internacionales para que la Argentina elimine su avanzado programa de construcción de misiles estratégicos. Juliá era un entusiasta defensor del programa conocido como Cóndor II, desarticulado durante el menemismo. Uno de sus primeros problemas judiciales llegó por la denuncia de irregularidades en la reconversión de los aviones Mirage. Fue sobreseído en esa causa.
Pero las situaciones más comprometidas aparecieron por sus vínculos con Yabrán. Antecesores en su puesto de brigadier general acusaron directamente a Juliá de haber permitido el ingreso de Yabrán y negocios poco claros en la zona del aeropuerto de Ezeiza.
Negó en diferentes ocasiones haberse relacionado con Yabrán y aseguró haber estado fuera de los negociados que terminaron en el caso conocido como aduana paralela. Las sospechas siempre lo sobrevolaron.
Más cuando su compañía aérea Medical Jet quedó envuelta en un escándalo de corrupción en el PAMI (ver página 13). El menemista Víctor Alderete fue acusado de contratar ese avión sanitario con excusas de uso oficial y derivarlo para el empleo de amigos. El propio hijo del brigadier, Gustavo Juliá, detenido en Barcelona, asumió el puesto de gerente financiero de PAMI, impulsado por el gremialista Luis Barrionuevo, según relatan aquellos que investigaron a fondo los negocios esa obra social. El brigadier murió en enero de 2005 mientras su empresa era investigada por la Justicia.




