
El 70% del partido de Monte, bajo el agua
Dos lagunas aumentaron su cauce en 10 cm en un solo día; el arroyo está desbordado; obras inconclusas
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SAN MIGUEL DEL MONTE.- Peligro, zona de derrumbe . El cartel no está en una zona montañosa. Está a 137 kilómetros de la Capital, en la ruta nacional N° 3. Detrás de la advertencia, el río Salado se expande como un océano. El cauce, que alguna vez fue manso, erosiona los terraplenes que elevan la cinta asfáltica, antes del puente, y por eso ya se cayeron dos barreras de contención.
El agua se extiende allí hasta confundirse con el cielo gris, en la comba del horizonte. Llueve y el viento sopla desde el Sudeste. Hacia el Sur, se recorta en este paisaje de plata la parte superior de un molino y la copa de un árbol raquítico. Más cerca, flotan dos fardos de pasto, frente a una tranquera.
El 70 por ciento del partido de San Miguel del Monte, que abarca 189.000 hectáreas, está inundado, dice a LA NACION la intendenta, Laura Giagnacovo (PJ). La postal se repite en casi la mitad de la provincia de Buenos Aires. Durante el fin de semana cayeron entre 100 y 150 milímetros y el número de evacuados se elevó a 1963. El de autoevacuados, según Defensa Civil, es tres veces superior.
La ciudad en peligro
Giagnacovo viste campera y botas impermeables. Los pronósticos dicen que seguirá lloviendo y el agua ya empezó a entrar en el casco urbano.
"Tenemos 68 autoevacuados y diez evacuados en el club Porvenir. Los barrios Montemar y De los Pinos están inundados. La ciudad está rodeada de agua. El nivel de las lagunas Monte y De las Perdices aumentó diez centímetros en un día y el arroyo El Totoral está desbordado", agrega la jefa comunal.
Y la amenaza del río Salado, a 27 kilómetros de la ciudad, es omnipresente, como el temor de los 20.000 habitantes del distrito. Cuenta la intendenta que hubo otras inundaciones en Monte: en 1980, en 1985 y en 1993. Y que también en aquellas oportunidades se desbordó ese curso de agua.
Fue por ese motivo que el Ministerio de Obras y Servicios Públicos bonaerense, que hoy conduce Julián Domínguez, comenzó a construir un terraplén para contener los excedentes del cauce.
Pero la obra fue suspendida cuando faltaban tres meses de ejecución: la elevada cota del río no permitió que se avanzara, y quedó pendiente la construcción de una compuerta.
Allí se hizo un tapón con tierra y piedras. No sirvió. El jueves último fue vencido por las ahora turbulentas aguas del Salado, que se acercan a la cabecera del distrito. Allí, los bomberos acuden a los barrios comprometidos para sacar a los vecinos de sus casas anegadas.
Ya estuvieron en el barrio De los Pinos y en Montemar. Ahora se dirigen a un caserío de chapa y cartón que está cerca del arroyo El Totoral, que trae las aguas de Cañuelas.
Se mueven en un tractor, que tiene acoplado un carro de metal oxidado. Es la única manera de atravesar caminos de barro o inundados. Llegan y sólo queda una familia. El resto ha abandonado sus viviendas por la mañana. Muy temprano.
Carlos Tapia y su mujer, María, ya embalaron todo. La mujer abriga a sus cuatro hijos y el hombre ayuda a los bomberos a cargar las cosas al carro del tractor. "Pudimos salvar las cosas. Pero si sigue lloviendo..." Carlos deja la frase en suspenso, negando con la cabeza. Sigue: "No tenemos a nadie. Así que nos vamos al club. Quién sabe hasta cuándo".
Aislados
Los bomberos hacen lo que pueden. Hay lugares a los que no pueden llegar. Por ejemplo: la estancia Los Cerrillos, donde viven unas veinte familias. "Ahí sólo se puede entrar en bote -dice un efectivo, desde el tractor-. Están aislados."
Lo mismo ocurre -según el cuartel de bomberos- en la estancia La Florida y en los parajes Videla Dorna y La Costa. Las aguas clausuraron gran parte de los caminos rurales. Ernesto Altman, un productor de la zona, se lamenta: "No se pueden sacar los animales de los campos, y la principal explotación aquí es la hacienda. Ya se perdió el 40 por ciento de la producción ganadera. De los cultivos, ni hablar."
Hace una pausa. Suspira. Sigue: "Para colmo dicen que va a seguir lloviendo y que también va a caer agua en otoño. La cadena de pagos está muy comprometida. Y la gente no puede hacer frente a sus obligaciones", explica.
No son sólo los caminos vecinales los que impiden sacar la producción de los campos. También están comprometidas las rutas. La 41, que comunica Monte con Belgrano, está cortada. Y la 3, que conduce al sur de la provincia, puede derrumbarse. Eso dice el cartel, frente al río Salado.
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