
El adiós a Manolete
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Las tardes de Buenos Aires ya no lo verán bajando por la última cuadra de la avenida Callao hacia su confitería. Y, en la barra de ese local, a la hora del copetín, una coctelera estará más vacía que nunca, casi arisca a dejarse agitar por otras manos que no sean las suyas.
Es que a los 73 años, Manolete, el gran barman, dejó de existir y ya no se lo podrá ver mezclando licores con inusual talento, desparramando simpatía, haciendo reír a las señoras del té con su fino humor y conversando, pícaro, con los clientes del mostrador. Se fue Manolete, el hombre que en 1949 dejó La Coruña para venir a la Argentina a hacer lo que más sabía. Y por eso, salones como el Café de los Angelitos, el American Store, Only Down, Queen Bess, Mc Gregor o Bigote lo tuvieron junto a personajes que son una historia aparte.
Hasta que llegó su gran creación, cuando en 1972 abrió el local de Las Heras y Montevideo, que, con su nombre, ganó un pedazo de historia en la gastronomía porteña. La televisión, las revistas y los clientes se nutrieron de sus conocimientos hasta que un día cerró Las Heras. Manolete desapareció por un tiempo y volvió, hace más de dos años, con el local de Callao.
Allí está su nombre en la puerta, con su hijo y su nieto, hoy tristes. Manuel Otero Rey. Así se llamaba el elegante gallego de blazer impecable que una vez dijo: "Si me sacan la coctelera de la mano es como si me quitaran la vida". Nadie se habría atrevido. Más bien, Manolete decidió darle un descanso.
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