
El cadáver de Evita, otra vez en el centro de una controversia
Domingo Tellechea, que lo restauró en 1974, reveló secretos de su labor.
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"Los argentinos estamos muy politizados y vamos siempre a los extremos. Vine a la Argentina a contar cuál fue el trabajo de restauración que hice en el cadáver de Evita porque se han escrito muchas mentiras. El libro Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez, contiene inexactitudes y fabulaciones". Así se expresó el especialista en restauración Domingo Tellechea, en diálogo con La Nación .
El ex director del Museo de la Casa de Gobierno vive en San Pablo, donde dirige el Instituto de Conservación y Restauro.
Llegó a nuestro país con motivo de la muestra Las mil y una Evita, abierta en el Palais de Glace, donde pasado mañana, a las 19, ofrecerá una charla sobre la restauración del cadáver de Eva Perón, cuya peregrinación por el mundo refleja, en alguna forma, la historia de desencuentros de los argentinos.
Esa mujer
Por orden de Oscar Ivanisevich, ex ministro de Educación en el último gobierno de Perón, su tarea comenzó una mañana de noviembre de 1974. Tellechea cumplió en quince días una ardua labor de conservación y aseo en un cuerpo que "tenía un aspecto calamitoso y había sido sometido a un enorme maltrato, por los daños y golpes que observé.
"Tuve que apartar las emociones para cumplir con lo encomendado por Ivanisevich", relató Tellechea, que aquilataba por entonces una vasta experiencia como restaurador en la Policía Federal.
"Había mucha urgencia. El escenario político era difícil. Los líquidos empleados por el doctor Pedro Ara en la momificación se habían desplazado hacia abajo, debido a que el cuerpo había estado largo tiempo en posición vertical. Por suerte, no estaba en proceso de descomposición amoniacal. De lo contrario, los daños hubieran sido irreversibles", dice de prisa y, sin saberlo, escribe otra página de la historia.
El cuerpo tenía "una profunda incisión en el cuello donde había insectos y microorganismos, el tabique nasal estaba destrozado, una oreja dañada, había deterioro en los brazos y en las rodillas, y le faltaba una falange en la mano derecha y el dedo medio de un pie". Las presuntas quemaduras en una muñeca eran, según Tellechea, "marcas del rosario que entró en descomposición".
El especialista aseguró que "esos daños no se produjeron por el movimiento del cuerpo, sino por haberse ejercido mucha fuerza en su contra. Un cadáver momificado es resistente como la madera".
Dijo luego que nunca quiso "sacar ventaja por aquella misión". Por ello, no es afecto a los medios. Sólo porque quiere "poner en claro algunas cosas" aceptó hablar sobre Evita.
"A diferencia de lo que Borges sostenía, Eva Perón era una mujer pudorosa. Ivanisevich me contó que era difícil someterla a una revisación médica durante su enfermedad", memoró.
En Santa Evita, algún testimonio recuerda que la ex primera dama no deseaba que "el mundo viera la eternidad de su delgadez y su decadencia". Sin embargo, Tellechea cree que Eva Perón pudo haber aceptado "su momificación para que su pueblo no la olvidara".
Respecto de su labor, sobre la que Ivanisevich no informó a la familia Duarte, el especialista dijo que fue "buena y aceptable, como la de Pedro Ara".






