
El candombe afrouruguayo también se hizo porteño
El sonido del tambor originario de la otra orilla del Río de la Plata ahora se multiplica en decenas de comparsas desde La Boca hasta Lugano; reclaman que se oficialice un espacio para esta música en el Carnaval
1 minuto de lectura'
Llegaron a Buenos Aires escapando de la dictadura de los setenta en Uruguay. Muchos eran afrodescendientes. Muchos trajeron su tambor.
Cuentan que también importaron su "toque" de candombe a esta ciudad del mismo modo que en la colonia los esclavos traídos de las distintas naciones de Africa conservaron el sonido que los identificaba con su pueblo.
Así, repitiendo el ritual del tambor, comenzaron a juntarse y a salir por las calles con el candombe los domingos, los carnavales y las fiestas. Pero ahora en Buenos Aires, en la otra orilla del río.
"¿Y eso qué es? ¿Es murga?", cuenta Andrés "Cocoa" Roselló (Kumbabantu) . Y no. Es candombe. El mismo que aprendió otro músico, Fernando Longobardi (El Mondongo) de Artigas Martirena un uruguayo que había nacido en uno de los últimos conventillos demolidos en Montevideo, el del Medio Mundo.
Chico, repique y piano. Son los nombres de los tres tambores con los que los uruguayos "ensamblan" esta música. Para afinarlos, la tradición indica que debe realizarse con calor, es decir con un pequeño fuego. Sin embargo, en Buenos Aires "no hay cultura de tambores en la calle y menos del fuego", sostiene Fernando.
Son muchos los músicos que fueron corridos por la policía tanto por los fueguitos que iniciaron como por las denuncias de los vecinos sobre "ruidos molestos". A pesar de todo, las comparsas de candombe fueron creciendo en la ciudad de Buenos Aires, y ya casi en todos los barrios se puede encontrar una.
Aunque alejadas de la fecha de carnaval, en la ciudad ya se consiguieron organizar tres llamadas, la última con 25 comparsas y miles de asistentes. Todavía muy lejos de la enorme estructura desarrollada en Montevideo, aunque, según César Castro (Atalakimbamba) , "allá se perdió la alegría."
Antes de que fueran demolidos los conventillos en la capital uruguaya "había dos o tres toques en otros tantos barrios. Escuchabas y sabías quién venía. Ahora están en cualquier barrio", explica Cocoa. Esta situación, sostienen, cambia la forma en que se toca el candombe. "La comunicación entre los tambores se pierde, se transforma en una cuestión comercial", dice Castro.
En Buenos Aires, en cambio, la situación es tan incipiente que el reclamo es por un permiso para formar parte del carnaval. "No podemos desfilar porque no existimos por eso estamos peleando para que se institucionalice un día para el candombe", sostiene Hector Priguetti (Lonjas de San Telmo).
Tal como sucede con el candombe porteño, cuyos herederos están luchando contra el olvido, los uruguayos defienden, como dice Cocoa, la necesidad que hay de "desenterrar esta cultura, porque a pesar de que se ocultó, es parte de la identidad. Estuvo y va a seguir estando".






