
El caso Tallarico da un giro inesperado
Se complica la situación del acusado
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LA PLATA.- El actual acusado del homicidio de la bailarina Liliana Tallarico, José Luis Jara, fue llevado ayer a la escena del crimen, donde presenció una inspección pericial ordenada por el titular del juzgado de Transición Nº 1, Horacio Nardo.
El allanamiento se realizó a las 16, en el 8º D del edificio situado en la calle 29 entre 43 y 44, donde el 5 de febrero de 1994 había aparecido el cuerpo sin vida de la mujer.
Fuentes judiciales aseguraron a La Nación que ayer, en los tribunales platenses, declararon dos testigos y comprometieron, aún más, la situación del acusado.
La causa se reactivó el lunes último con la detención de Jara, ex marido de la víctima, que nunca había figurado como sospechoso.
Hasta ese momento, no había pruebas ni imputados. Y la única testigo del homicidio, la hija de la bailarina, Valeria Jara, que por entonces tenía 11 años, no había aportado datos precisos en sus declaraciones.
Al parecer, la joven sufre de amnesia lacunar, un mecanismo de defensa innato al que apela la psiquis para olvidar acontecimientos imprevistos y dolorosos.
Según informantes del fuero penal, ella, que ahora tiene 18 años y es madre de un bebe, involucró a su padre en la causa. Pero el juzgado a cargo de la causa no ratificó esa versión, ya que se aplicó el secreto de sumario, que se levantará mañana a las 9.
Jara, a quien ahora se lo acusa de intento de violación seguido de homicidio fue -como se dijo- llevado al departamento donde ocurrió el crimen.
Allí, por consejo de sus abogados, se negó a declarar, como lo había hecho anteayer .Tras la requisa, el hombre fue trasladado a la comisaría 12a. de Villa Elisa, donde está detenido e incomunicado.
"No tuvimos acceso a la causa debido al secreto de sumario ni pudimos entrevistarnos con Jara, porque está incomunicado. No va a declarar hasta que sean anuladas estas medidas", dijo Miguel Otegui, uno de los defensores del imputado.
En el verano de 1994, el principal sospechoso fue Oscar Murrillo, director del Ballet Brandsen, donde bailaba Tallarico. El hombre mantenía una relación amorosa con la víctima, que se había divorciado de Jara en 1991.
El director del ballet fue detenido, pero cinco días después quedó en libertad por falta de pruebas. En 1997 quedó sobreseído provisionalmente de la causa. Desde entonces, el caso había quedado en el olvido, pese a los recurrentes pedidos de Ethel Idizarri y Victorio Tallarico, padres de la bailarina asesinada.
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