
El Cid Campeador, deslucido, necesita urgentes reparaciones
Fue inaugurado en octubre de 1935; 70 años de abandono
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Siete décadas del hollín generado por el tránsito creciente de una zona en la que confluyen cinco vigorosas avenidas: Honorio Pueyrredón, San Martín, Angel Gallardo, Díaz Vélez y Gaona, se sumaron al casi inexistente o esporádico mantenimiento. Asociación funesta para el patrimonio urbano. Uno de los tantos ejemplos es el monumento al Cid Campeador, figura emblemática del barrio de Caballito que supo de mejores glorias. Luce hoy muy ennegrecido, ya que el bronce con el que fue esculpido perdió su color, pero además exhibe un síndrome característico del metal patinado, su "chorreo", tan real como inexorable, aunque no se lo advierta a simple vista.
No terminan allí las desventuras de este caballero medieval, paradigma del valor y la tenacidad de esos tiempos, al decir de Menéndez Pidal. Desde 1973 se verifican desprendimientos de las placas de mármol travertino nacional que conforman la base del monumento, de 1,40 x 0,75. Algo falla en el sistema de herrajes que las sujetan. Se las recoloca y se vuelven a caer.
La última que cayó yace apoyada contra la base, como esperando volver a su lugar, lo que, como se sabe, no puede hacer sin ayuda humana. En la plazoleta triangular que aloja a la obra faltan varias baldosas. Se ven tramos muy mohosos en la reja que se colocó en 2001, cuando el lugar -por su estratégica ubicación- servía de punto de concentración de las marchas caceroleras hacia la Plaza de Mayo. De paso, se pintarrajeaban las placas. Aún se alcanza a leer un graffiti que sintetizaba el ánimo de entonces: "Fuera De la Rúa y Cavallo".
Fue inaugurado el 13 de octubre de 1935. Ese domingo de octubre el presidente Agustín P. Justo encabezó el acto de descubrimiento de la escultura acompañado por el intendente Mariano de Vedia y Mitre; el embajador de España, Alfonso Dávila, y el historiador Ricardo Levene. Entre la gran multitud que siguió la ceremonia se hallaban presentes representantes de la colectividad hispánica, en particular los de Burgos, patria del Cid, en cuya catedral yacen sus restos. La ciudad española cuenta con una escultura de su máximo héroe, pero las hay también en Valencia y Sevilla.
Todas repiten la misma imagen. En su caballo Babieca, levantado sobre sus patas traseras, el brazo izquierdo del Cid blande una lanza embanderada y de su cintura pende su famosa espada Tizona. Hasta el extremo de la lanza la altura del monumento ronda los 12 metros. Debe de haber sido más impresionante hace 70 años, cuando no había tantos edificios alrededor. Desde 1935 hubo un sustancial cambio en la zona. También en la estatua, ya que la intensificación del transporte obligó a desplazarla unos metros y, con ello, sin que nadie haya podido aclarar el motivo, se reemplazó el pedestal original, obra de Martín Noel.
La estatua de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, fue donada a la entonces municipalidad de Buenos Aires por la escultora norteamericana Hyatt Huntington. Se trata de una réplica de la que hizo para Nueva York y para las ciudades españolas.
El Cid, que vivió en el siglo XI, es el personaje más antiguo erigido en esta capital, representado a cielo abierto. La leyenda que nos cuenta que ganó una batalla aun después de muerto adquiere cierta verosimilitud aquí, aunque metafórica. Pese a todo, todavía está allí, entre diez esquinas de Caballito.




