El descalificador

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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31 de enero de 2019  • 02:25

Todos conocemos a alguien que pasa gran parte de su tiempo intentando descalificar a quienes están cerca. Incluso parecería que disfruta en rebajar y hacer sentir mal a otros, cualquiera sea el vínculo o la actividad que lo una a sus víctimas.

La descalificación consiste en disminuir, devaluar, desautorizar y desacreditar el logro, el esfuerzo, el aspecto físico, personalidad, o los bienes adquiridos de una persona. Se lleva a cabo no solo de manera verbal, sino también a través de miradas o gestos, como el de morderse los labios.

Cuenta una antigua historia que, en una oportunidad, un viejo rabino envió a su criado al mercado con esta instrucción general: "Compra lo mejor que hay de lo que se puede comer". El criado regresó con una lengua. Más tarde el rabino le pidió que fuera otra vez para comprar lo peor que se podía comer. El criado regresó, una vez más, con una lengua. "¿Qué pasa contigo?", le preguntó el rabino, "Yo te pedí que compraras lo mejor y lo peor, y volviste con dos lenguas". "Es cierto", respondió el criado, "después de todo, ¿no puede una lengua ser una de las mejores cosas del mundo y una mala lengua, una de las peores?".

Una cosa es corregir, proponer, mentorear y otra es descalificar. La descalificación encierra en sí misma la agresión y frustración de quien la emite, de allí que busque avasallar al otro y generar un impacto en su estima. Por eso, observa y conoce al dedillo los movimientos de la persona para decidir cuándo lo menospreciará. Sus acciones son minuciosas y quien las sufre no es consciente del espacio que le está cediendo y de cuán destructiva es su manipulación.

Tipos de descalificación:

  • Descalificar lo positivo. Esto es tomar de la otra persona una experiencia positiva, una buena idea o un buen gesto, y rebajarlo a neutro o negativo. Es borrar lo bueno, lo excelente, lo agradable, lo positivo, de una situación o de una persona. Es trivializar las acciones ajenas. Por ejemplo, le comentás a alguien que tenés un nuevo trabajo y esa persona dice: "Bueno, hay que ver si permaneces ahí o te echan al mes". O le contás: "Me fue muy bien en el examen", a lo que responde: "Lo tuyo es pura suerte".
  • Devaluar los logros. Se trata de buscar los defectos y los errores de los otros. A una tarea bien realizada, encontrarle algo mal hecho o algo que no se hizo. El descalificador no puede felicitar, tiene una gran dificultad para decir: "Buen trabajo". Y cuando alguien le señala a él su descalificación, su sátira, inmediatamente responde: "Vos sos muy sensible, no es tan grave, no exageres… ¡no es para tanto!", o "Sí, está bien lo que hiciste pero cualquiera lo habría hecho mejor que vos".

  • Enviar dobles mensajes. Cuando alguien empieza una frase diciendo que no, y niega lo que está por decir, lo que en verdad expresa es lo que viene después del "no". Por ejemplo: "No lo digo para criticarte…", "no quiero hacerte sentir mal…", o "no lo digo porque te tenga envidia…". Cuando alguien te dice: "No te lo digo para que lo tomes a mal", ¡es precisamente para que lo tomes a mal! ¿Por qué se lo niega al otro? Porque se lo afirmó muchas veces internamente. Entonces se anticipa pidiendo perdón por las palabras agresivas que dirá utilizando expresiones tales como "te lo digo honestamente", "te lo juro". Mediante ellas, se pretende reafirmar que se dice la verdad, tal vez, porque se está ocultando algo y así se busca reforzar la credibilidad.

  • Robar mérito. Consiste en descalificar el logro del otro diciendo cosas como "fue puro azar", "te ayudaron", "lo conseguiste por el contacto que tenés", "vaya a saber cuánta plata puso", etc. Es una manera de descalificar, producto de la propia envidia.
  • Etiquetar. El descalificador muchas veces parte del prejuicio: "Es un chanta", "es un ladri", sin ni siquiera examinar lo que tiene por delante. El prejuicio es justamente un juicio previo: una idea previa instalada emocionalmente de la cual parte el accionar del prejuicioso. Y una de sus actividades favoritas es reducir el logro del otro a una etiqueta.
  • Usar la ironía y el sarcasmo. Es una manera pasiva de enmascarar su agresión a través de algo "gracioso". El irónico descalifica pero, además, busca adeptos que le digan: "Qué inteligente esa frase que has dicho".
  • Usar el rumor. El descalificador procura desprestigiar a su víctima, hacerla sentir culpa, por lo que ésta siempre acaba por caer en la trampa. Acostumbra hacer correr un rumor aclarando que un secreto saldrá a la luz, pero su intención jamás es positiva.

¿Qué hacer frente a este tipo de personas?

Lo ideal es tomar las riendas de nuestra vida. El término mansedumbre significa "fuerza controlada", como cuando se doma un animal. Este no pierde su fortaleza pero pasa a estar controlado. Los seres humanos necesitamos aprender a administrar nuestras fuerzas, de lo contrario, no resultan útiles. Controlar no debería confundirse con soportar, sino que es más bien emplear las fuerzas inteligentemente. Cuando alguien te maltrate, escogé cómo reaccionar y emplear tu fortaleza.

El descalificador busca que lo miremos, que le prestemos atención. Por eso, una de las estrategias posibles es ignorarlo. Otra es hacerle un chiste. Otra es mirarlo directamente a los ojos y decirle: "No estoy de acuerdo con tu opinión", y retirarnos. Debemos entender que su accionar es fruto de su inseguridad y de su envidia. No hay una respuesta uniforme. Lo importante es no plegarnos, dado que el descalificador tiene un conflicto personal que quiere proyectar en nosotros. Vuelvo a mencionar que algo muy distinto es corregir, proponer y tener el deseo de ayudar.

Para concluir, un método sencillo pero altamente eficaz para mantenernos en control es, por ejemplo, si en un grupo de varias personas, el descalificador empieza a discutir con nosotros (para mostrar quién manda), mirarlo sin emoción alguna, sonreírle y dejarle en claro que lo oímos pero no nos afectó. Nunca mordamos el anzuelo devolviendo sus golpes bajos sino, por el contrario, ignorémoslo y desarmemos su objetivo.

Todos cambiamos por el aspecto positivo, que suma. Nos gusta la gente que habla bien de nosotros pero también es necesario ayudar al otro a corregir el error, no para descalificar sino siempre con la intención de crecer. Los aciertos y los errores forman parte de la vida de los seres humanos.

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