
El detrás de escena de la gran pasarela
Secretos, entretelones y famosos en BAFWeek; varias horas de producción para un minuto de lucimiento ante un público exigente
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Cuatro horas de preparación para 50 segundos de lucimiento. Sobre la pasarela del BAFWeek, todo es glamour y belleza, pero para que las modelos y los diseños se luzcan hay, detrás de escena, un ejército de maquilladores, peinadores, vestuaristas y productoras de moda que trabajan sin descanso para que todo salga perfecto.
"¡Se me está cayendo la pollera!", avisó una modelo pronta a salir a pasarela. Otra tenía problemas con unos zapatos que "le bailaban" y una tercera luchaba contra un ruedo rebelde que no la dejaba caminar. La ayuda llegó rápido, presurosa. La pollera fue debidamente ajustada, los zapatos pegados por dentro con cinta de enmascarar y el ruedo fue corregido con un alfiler.
La Nacion tuvo acceso al backstage de la tercera jornada del BAFWeek, la gran semana de la moda argentina, que se desarrolla hasta hoy en La Rural y que, ayer, tuvo como platos fuertes los desfiles de Rapsodia, Juana de Arco, UMA y Cora Groppo.
Cada uno de ellos fue seguido a sala llena por fanáticos de la moda y celebrities , como Graciela Alfano, la conductora Mariana Fabbianni, las actrices Leonora Balcarce y Dolores Fonzi, el dibujante Liniers y la ex modelo Guillermina Valdés, que ocuparon la primera fila, bien cerca de la pasarela.
Antes de cada desfile, las modelos son citadas para empezar su transformación y preparar su pasada, que dura menos de un minuto. "Nos citan cuatro horas antes. Tenemos que llegar depiladas, con el pelo limpio y las uñas prolijas pero sin pintar. Una semana antes se hace el fitting , es decir, la prueba de vestuario, donde cada chica se prueba lo que va a llevar en pasarela", contó la modelo Juliana Rossa, que ayer desfiló para Cosecha Vintage y Juana de Arco. En total, en lo que va del BAFWeek, participó de 11 desfiles.
En esas cuatro horas previas -que, en rigor, pocas cumplen, según reconocen- se maquillan, se peinan, se cambian y ensayan su pasada en pasarela, en un parate entre desfile y desfile.
"Siempre se empieza por lo más complejo. Si el peinado es lo más complicado, primero te peinan y después te maquillan. Y si no, al revés", explicó Rossa, mientras esperaba salir para su pasada de Juana de Arco. Aunque casi siempre hacen una pasada por desfile, puede haber hasta dos y tres cambios de ropa.
Un equipo de doce maquilladores y otros tantos peinadores son los encargados de producir el look de cada modelo. "La verdad que perdí la cuenta, no sé cuántas chicas peiné hoy. Calculo que habrán sido unas treinta", arriesgó uno de los estilistas que estaba terminando una cola de caballo -un peinado simple, pero siempre efectivo- para la pasada de UMA.
Una de las encargadas del make up , acostumbrada a este tipo de desafíos que implica, por ejemplo, tener que delinear ojos bajo presión, no dudó: "Hoy habré maquillado unas 45 modelos. Si el maquillaje es sencillo no tardo más de 7 minutos y si no, unos diez", calculó mientras otra gritaba: "Uñas, uñas, alguien que venga a pintar las uñas."
Pasarela improvisada
Pero la moda no estaba sólo en la pasarela. Afuera también había un fuerte componente fashion . Conformado principalmente por adolescentes, el público que visitó el Pabellón Amarillo de La Rural improvisó una pasarela en la que no faltaron las extravagancias como combinar tiradores con un moñito en el cuello y zapatos náuticos, o llevar sombreros de dudoso gusto y las fashion victims , aquellas que siguen al pie de la letra los mandamientos de la moda y, a rajatabla, sólo se ponen lo que se usa.
Este último grupo era el más numeroso, el más atento a los desfiles y el más permeable a comprar alguna prenda en los showrooms de diseñadores consagrados como Corre Lola, Fortunata Alegría y Seco, o menos conocidos como Doll Store, Las Lolitas y Caro Sosa.
Carolina Delucía, de 18 años, no aguantó la tentación y se compró un poncho tejido en Fortunata Alegría. "No tenía pensado comprar nada, no vine con esa idea, pero acá es muy difícil", reconoció. Claro, en el paraíso de los fashionistas es tan difícil irse sin una bolsa como resistirse a comer una torta de chocolate en plena dieta.
Otros locales no comercializaban sus diseños, sino que sólo se limitaban a exhibirlos. Uno de ellos es la marca Lovely Denim, que proponía probarse un "jeggin" -mezcla de jean con leggins , "el must de la temporada", según una de las encargadas- y llevarse por escrito un detalle preciso del modelo, el color y el talle para adquirirlo luego por la Web.
"No tenemos local a la calle, vendemos por Internet o a través de locales multimarcas", explicaron. El "jeggin" cuesta 440 pesos y sólo es apto para mujeres. Aunque muchos de los hombres fashionistas que visitaron estos días La Rural no dudarían en usarlo.
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