
El dramaturgo Darío Fo, la sorpresa
El ganador, de origen italiano, también es actor; tanto su elección como su obra despiertan controversias en el mundo
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ESTOCOLMO (AP).- El dramaturgo italiano Darío Fo, cuya obra combina una aguda observación de tono político con la comedia desopilante, ganó del Premio Nobel de Literatura 1997.
Fo, de 71 años, que también es actor, fue seleccionado para el galardón porque, "emulando a los juglares de la Edad Media, critica severamente a la autoridad y restituye la dignidad a los oprimidos".
"Estoy atónito", expresó Fo a la agencia italiana de noticias ANSA, en diálogo telefónico mientras conducía su automóvil entre Roma y Milán. Contó que se enteró de la buena nueva cuando el conductor de otro automóvil que iba cerca de él le mostró un cartel que decía "Darío, ganó el Nobel".
Más tarde, en una singular rueda de prensa telefónica desde su casa de Milán, el dramaturgo opinó que el jurado de la Real Academia de Estocolmo "demostró coraje al elegir a alguien como yo".
"Hace quince días supe que era finalista para el Premio Nobel, junto con el portugués José Saramago. Es cierto que me produce mucha impresión encontrarme ahora en compañía de gente como Luigi Pirandello o Samuel Beckett. Sería un hipócrita si dijera que estaba seguro de ganar. No, no lo esperaba, especialmente porque es la primera vez que se premia a un autor-actor", declaró.
El Nobel de Literatura entrega este año una recompensa de 988.000 dólares.
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Entre sus piezas más populares figuran Mistero Buffo (1969), un monólogo que se va enriqueciendo con la actualidad en cada representación, y Muerte accidental de un anarquista (1970), basada en la serie de atentados dinamiteros derechistas que hubo en Italia en 1969 y que las autoridades y la prensa atribuyeron a grupos anarquistas.
El despacho de la Real Academia Sueca justifica la distinción de Fo diciendo que su obra "abre nuestros ojos a los abusos e injusticias en la sociedad".
El dramaturgo italiano vio cómo sus piezas teatrales iban surtiendo efecto y muchas veces comprometían su integridad: fue procesado 40 veces por "delitos de opinión", censurado por la cultura oficial y perseguido por la extrema derecha, a tal punto que su esposa fue víctima, en 1973, de un secuestro con estupro a manos de una banda fascista.
"Soy uno de los pocos marxistas que quedan", ironizó una vez Fo, con ocasión de la presentación de uno de sus espectáculos.
En 1980, todavía en plena Guerra Fría, las autoridades de los Estados Unidos rechazaron las solicitudes de visas del autor italiano y su esposa, debido a que ambos apoyaban las actividades izquierdistas en Italia. Pero el gobierno cedió en 1984 y permitió que el matrimonio visitara a Nueva York brevemente, para asistir a una presentación de Muerte accidental de un anarquista.
Fo en la Argentina
Ese mismo año, Fo trajo su incomodidad a la Argentina. El 8 de mayo de 1984, en el Teatro Municipal General San Martín, se estrenó Mistero Buffo, con interpretación del propio autor.
La obra había llegado precedida de referencias más bien inquietantes: un texto pleno de ataques a la Iglesia, con blanco principal en la figura del papa Bonifacio VIII, que ya había generado protestas cuando se vio en la televisión italiana, pese a que estaba hablado en un extraño dialecto, mezcla de latín y de modismos venecianos.
Hubo amenazas de grupos derechistas para que se suspendieran las funciones. El día siguiente, aquéllas se concretaron con el estallido de una granada de gas lacrimógeno, a lo que siguió una imparable trifulca de insultos, trompadas y palazos.
Dos días después, todo esto se extendió de la sala a la calle. Se registraron una veintena de lesionados y más de un centenar de detenidos.
En diálogo con La Nación , el entonces secretario de Cultura, Mario O´Donnell, recordó esos episodios y la impresión inicial de que, "dada su persistencia, tendríamos que suspender el resto de las funciones, pero decidimos que estaba en juego la tolerancia, el pluralismo, el derecho de los demás a expresar sus opiniones".
Comentó O´Donnell que la propia mujer de Fo estaba "aterrorizada porque el riesgo era real. Pero él le hizo comprender que se trataba de algo más que cumplir con una simple gira. Y la convenció. Se quedaron hasta el final, pese al peligro".
Análisis
: Hipótesis acerca de la decisión
Willy G. Bouillon
Con la adjudicación del Premio Nobel de Literatura a Darío Fo, la Academia Sueca no sólo volvió a dejar desairados cálculos y pronósticos basados en admisibles referencias, sino que comunicó al mundo la que posiblemente sea su decisión más polémica desde que empezó a otorgar este galardón, en 1901.
El controvertido secretario Sture Allen -cuyo cuestionamiento por sus pares se torna cada vez mayor- atinó a justificar la distinción en la "impresión que me ha producido la enorme y rica fantasía de este autor", una valoración que, aplicada a un escritor, resulta cuando menos ociosa.
En términos generales, más difícil es encuadrar los reales motivos alentados en el solemne cenáculo de Estocolmo para llegar a este dictamen.
Si se quiso rescatar a la dramaturgia de su condición de género verdaderamente poco recompensado, la mirada vuelve sobre los cinco anteriores merecedores del Nobel en esta línea y entonces sobreviene una fuerte sensación de que algo no cierra: Jacinto Benavente (1922), George Bernard Shaw (1925), Luigi Pirandello -compatriota de Fo- (1934), Eugene O´Neill (1936) y Samuel Beckett (1969), sin contar lo aportado al teatro por otros dos ganadores: Jean Paul Sartre y Albert Camus.
Con no poca frecuencia se ha aludido a los criterios políticos que históricamente regularon la inclinación de la balanza (no habrían faltado, tampoco, en el caso de Jorge Luis Borges), aunque hasta ahora ellos seguían alguna ecuación más o menos previsible o cuyas claves no ofrecían mayores dificultades de interpretación tras haberse formulado el anuncio.
Criterios políticos
Sin embargo, se vuelve complicado tratar de entender cuáles criterios han estado presentes en el caso de Fo, a la hora del debate académico.
¿Se tuvieron en cuenta, acaso, las dificultades en forma de escándalos más bien aparatosos que acompañaron las representaciones de sus obras?
¿O sus insistentemente proclamadas expresiones en favor de la libertad absoluta, según la siempre accesible estrategia de los desnudos totales, las blasfemias antieclesiáticas y los alegatos en favor del anarquismo?
¿Quiso blanquearse la imagen de un Nobel poco transgresor, que no se atreve a destacar lo opuesto a la moderación o que se presenta afín con la desmesura?
Pero, a los 71 años, se observa a un Fo considerablemente alejado de sus antiguas posiciones de barricada. "Ahora prefiere una discreta burguesía", opina alguien. Así, por el contrario, ¿se quiso premiar este regreso al redil, como señal de lo que es capaz de traer consigo?
Tampoco sirve de mucho remitirse a los alcances literarios de este escritor-actor. Su obra se conforma de trabajos elaborados casi "al pie del escenario", con tono más de café concert que de under y que han sido representados por él mismo en reductos cuasi herméticos de la izquierda italiana.
En las consideraciones de los intelectuales suecos que ayer se inclinaron por Fo, se lee: "Su independencia y clara visión lo han llevado a correr grandes riesgos, cuyas consecuencias debió de sentir al mismo tiempo que la enorme respuesta de sectores ampliamente diferentes entre sí".
"La fuerza de Fo es la creación de textos que simultáneamente divierten, atraen y brindan perspectivas. Como en la Commedia dell´arte, siempre están abiertos a agregados y disloques creativos (...), lo que significa que el público es estimulado en forma notable."
Opiniones de entendidos, en fin. Lo que no significa que estén a salvo de un posible catálogo de pronunciamientos situados en una vereda muy opuesta. Arreciarán, seguramente. Votamos por ello, con total certeza.
Los olvidados
La preferencia de los 13 electores del Comité Nobel por el italiano Darío Fo dejó de lado a candidatos de obra tan extensa como trascendente. Entre estos virtuales "perdedores" figuran los norteamericanos Norman Mailer y John Updike, los portugueses José Saramago y Antonio Lobo Antunes, el peruano Mario Vargas Llosa, el mexicano Carlos Fuentes, el albanés Ismael Kadaré, los suecos Tomas Transtroemer y Astrid Lindgren y el poeta chino en el exilio Bei Dao, sin olvidar a los argentinos Adolfo Bioy Casares y Ernesto Sabato.
La marginación de grandes literatos siempre ha sido una constante en la historia del Premio Nobel. Autores como Kafka, Proust , Borges y Joyce son sólo algunos de los que quedaron para siempre al margen del galardón.
Criticado en Suecia y el Vaticano
L´Osservatore Romano, diario publicado en el Vaticano, se declaró ayer "estupefacto" por el Nobel de Literatura otorgado a Darío Fo, al que considera un "juglar", autor de "discutibles textos que prescinden de toda consideración moral".
"El premio ha superado cualquier imaginación y ha causado sorpresa", escribió el diario.
Fo es el sexto Nobel italiano, después de Giosue Carducci, Grazia Deledda Madesani, Luigi Pirandello (el único dramaturgo hasta el momento), Salvatore Quasimodo y Eugenio Montale. "Después de tanta razón, un juglar...", se lamentó L´Osservatore Romano.
Para este medio, la sorpresa con la que el propio Fo recibió la noticia ("estoy estupefacto", dijo el autor) "expresa el estado de ánimo de quienes consideran verdadera una elección de este tipo".
Para los suecos, un Nobel "discutible"
En tanto, los críticos literarios de Suecia no se reponían de la sorpresa que les provocó la distinción del dramaturgo italiano, que calificaron de "discutible".
En declaraciones a la televisión sueca, un grupo de especialistas manifestó no saber cuál fue la motivación de la Real Academia Sueca para premiar a Fo. En su opinión, la concesión del Nobel a este actor-autor es, en realidad, "un premio al teatro en general, más que a la obra concreta".
Repercusión local
Entre los principales autores de teatro argentinos, las opiniones sobre la distinción de Darío Fo con el Premio Nobel fueron variadas.
Roberto Cossa consideró que se trata de una reivindicación de la dramaturgia. "Este género había sido expulsado de la literatura -opinó-; al dramaturgo no se lo consideraba un escritor. Al igual que Moliére, Fo es autor y actor, escribe las obras para ser actuadas por él mismo." Carlos Gorostiza, ex secretario de Cultura de la Nación, también mostró su satisfacción por la decisión de la Real Academia Sueca. "Con la elección de Fo se han roto prejuicios ideológicos. Además, se da valor a un autor excepcional, cuya obra es provocativa y estimulante. Sus representaciones son comprometidas y despiertan las pasiones del hombre", señaló.
En cambio, Griselda Gambaro consideró que es difícil hablar de justicia o injusticia en la elección del dramaturgo italiano. "Personalmente, hubiera preferido que ganara el escritor portugués José Saramago -dijo-. A Fo lo leí hace mucho tiempo, pero no me debe de haber seducido, porque no volví a abrir sus libros."
En las librerías
En tanto, La Nación recorrió las más importantes librerías locales y pudo comprobar que las obras de Darío Fo son difíciles de conseguir en Buenos Aires. "Se vendieron especialmente durante los setenta y ochenta", contó un librero. Actualmente, en las casas especializadas apenas es posible encontrar Aquí no paga nadie, pieza teatral editada por una editorial española .
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