
El error más común sobre el daltonismo y por qué muchas personas no saben que lo tienen
Afecta mayormente a los hombres y muchos pueden pasar años sin saberlo; qué ocurre en la retina, por qué es mucho menos frecuente en las mujeres
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Puede pasar años sin ser detectado. Un chico utiliza un color inesperado para pintar un objeto, un adulto tiene dificultades para interpretar un gráfico o alguien descubre casi por casualidad que no distingue tonalidades que para los demás resultan claramente diferentes. Para quien nació con daltonismo no existe necesariamente la sensación de estar viendo “mal”: esa fue, desde el comienzo, su manera de percibir los colores. Y la condición está lejos de ser excepcional. Según el National Eye Institute (NEI) de Estados Unidos, aproximadamente uno de cada 12 hombres presenta alguna deficiencia en la visión cromática.
El daltonismo engloba distintas alteraciones de la percepción de los colores y no significa que todas las personas afectadas vean de la misma manera ni que observen el mundo en blanco y negro. Las formas hereditarias más frecuentes comprometen la discriminación entre determinados tonos relacionados con el rojo y el verde y afectan mucho más a los varones por una particularidad genética. También existen alteraciones menos frecuentes relacionadas con el azul y el amarillo, así como diferentes grados de compromiso. Además, los especialistas distinguen el daltonismo presente desde el nacimiento de los cambios en la percepción cromática que aparecen a lo largo de la vida y que pueden ser consecuencia de determinadas enfermedades o medicamentos.
La marcada diferencia entre hombres y mujeres se explica por la genética. Los genes involucrados en las deficiencias hereditarias rojo-verde más frecuentes se encuentran en el cromosoma X. Los varones poseen un cromosoma X y uno Y, mientras que las mujeres tienen dos X. Por eso, una alteración genética en el único cromosoma X de un varón puede ser suficiente para que la condición se manifieste. En las mujeres, en cambio, generalmente es necesario que la alteración esté presente en ambos cromosomas X para desarrollar esta condición.
El efecto termina expresándose en la retina, el tejido sensible a la luz situado en la parte posterior del ojo. Allí se encuentran los conos, células fotorreceptoras fundamentales para la visión de los colores.
Existen tres tipos, con distinta sensibilidad a diferentes longitudes de onda. La combinación de las señales que producen y su posterior procesamiento por el cerebro permite construir la enorme variedad de colores que una persona distingue. Cuando alguno de estos sistemas funciona de manera diferente, cambia la capacidad para discriminar determinadas tonalidades.

“El daltonismo puede presentarse de distintas formas y afectar la percepción de los colores de manera variable”, explica Lucas Viana, médico oftalmólogo especialista en neurooftalmología de Charles Centro Oftalmológico. “En la mayoría de los casos, la persona tiene dificultad para diferenciar determinados colores o tonalidades y puede convivir con esta condición durante años sin saberlo”, agrega.
Uno de los errores habituales es imaginar que existe una única manera de ver para todas las personas daltónicas, como si se tratara de un filtro que modificara los colores siempre de la misma forma. La alteración hereditaria más habitual compromete la discriminación entre tonos relacionados con el rojo y el verde, pero existen otros tipos y diferentes grados de severidad. En el extremo se encuentran condiciones mucho menos frecuentes en las que la percepción cromática está severamente comprometida.
Adriana Tytiun, médica oftalmóloga, introduce además una precisión respecto de la idea habitual de que una persona daltónica simplemente “confunde” dos colores. “No es que confunden los colores. No los ven, y el cerebro trata de entender qué es eso que no ve”, señala. La posibilidad de distinguirlos también depende del grado de alteración. En algunos casos, los colores muy saturados pueden resultar discriminables, mientras que ante déficits importantes la dificultad es mucho mayor.

Esto ayuda a explicar por qué alguien puede llegar a la adultez sin conocer su condición. “El paciente daltónico no sabe que ve de otra forma. En general son los padres los que se dan cuenta de que algo pasa”, explica Tytiun, quien aclara que la compensación cerebral es limitada y depende de la magnitud del déficit. En los chicos, las primeras señales pueden aparecer cuando empiezan a aprender los colores o trabajan con materiales escolares. En los adultos, la dificultad puede hacerse evidente ante mapas, gráficos, señales o actividades en las que resulta necesario diferenciar tonalidades con precisión.
Para detectarlo existen pruebas específicas. Una de las más conocidas es el test de Ishihara, compuesto por láminas formadas por círculos de diferentes colores y tamaños entre los que aparecen números o figuras. Según su capacidad de discriminación cromática, una persona puede reconocer determinados patrones y otra no. Tytiun menciona también el test de Farnsworth, que utiliza tonalidades menos saturadas y permite detectar alteraciones de la visión cromática con mayor sensibilidad.
Los tests virales: un fenómeno diferente
Cada tanto, una imagen divide a las redes sociales: dos personas miran exactamente la misma fotografía y aseguran estar viendo colores completamente distintos. El ejemplo más famoso fue “el vestido”, que en 2015 algunas personas percibían azul y negro y otras blanco y dorado. También han circulado zapatillas y otros objetos acompañados por la pregunta “¿de qué color lo ves?”. Aunque parezcan poner a prueba la percepción cromática, estos fenómenos no son tests de daltonismo.

“El famoso test del vestido no tiene nada que ver con ceguera a los colores. Es la interpretación cerebral de los distintos niveles de luces y sombras sobre un mismo color”, explica Tytiun. En estas fotografías existe información ambigua sobre las condiciones de iluminación.
“Esto no suele pasar cuando vemos algo real. Los que no tienen ceguera a los colores concuerdan en que verde es verde y rojo es rojo. Después discutiremos si es verde militar o verde agua”, grafica la especialista.
Existe, finalmente, una diferencia médica fundamental entre haber percibido los colores de determinada manera desde el nacimiento y comenzar a verlos diferente en algún momento de la vida. Aunque las formas más frecuentes del daltonismo son hereditarias, una alteración de la visión cromática también puede ser adquirida por enfermedades que afecten la retina, el nervio óptico o determinadas áreas del cerebro, y puede estar vinculada además con el uso de algunos medicamentos.
“Cuando una persona nota un cambio en la forma en que percibe los colores, es importante consultar con un oftalmólogo. No es lo mismo una alteración que estuvo presente desde el nacimiento que un cambio adquirido posteriormente”, advierte Viana. Y agrega: “Es fundamental identificar la causa de las alteraciones adquiridas de la percepción de los colores, ya que este cambio puede estar asociado a situaciones de diferente naturaleza y relevancia clínica”.
En la actualidad no existe una cura para el daltonismo de origen genético que permita restablecer una visión cromática normal. Existen lentes y filtros especiales que, en algunos casos, pueden mejorar el contraste entre determinadas tonalidades y facilitar algunas actividades cotidianas, pero no corrigen la alteración de base ni restauran una percepción normal de los colores. Sin embargo, la mayoría de las personas desarrolla estrategias para desenvolverse en situaciones en las que el color resulta relevante. “Lo importante es que la persona conozca cómo percibe los colores y pueda reconocer cómo esto puede influir en su vida cotidiana”, concluye Viana.
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