El eventual cierre del Ateneo Popular preocupa a Versailles
Crisis: el tradicional club de barrio está al borde de la quiebra tras haber sido una institución modelo en su tipo; los vecinos acusan a la conducción, pero ésta rechaza los cargos.
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El Ateneo Popular de Versailles llegó a tener 12.000 socios y ser el orgullo de todo un barrio. Hoy está abandonado y al borde de la quiebra, y los vecinos se preguntan por qué.
Se trató, desde 1938 hasta hace poco más de un año, de una institución social y deportiva modelo, fundada por el padre Julio Meinvielle para sacar a los chicos de la calle.
La actual comisión directiva, en el poder del club desde hace una década, adjudica la crisis a la economía del país y al éxodo de socios.
No pocos vecinos y socios, del otro lado, aseguran que las autoridades administraron mal la institución. Que deben 20 meses de sueldo al personal y que cortaron luz, gas y agua por falta de pago. La energía la sacan de una conexión clandestina y llenan la pileta con agua de pozo.
El ateneo, enclavado en el corazón de Versailles, pegadito a Liniers y a la General Paz, llegó a tener 140 empleados. Hoy sólo quedan seis. Y los socios no llegan a 600.
La tristeza se traslada a sus pasillos vacíos y descuidados de Roma 950. El buffet, donde antes había que esperar para conseguir una mesa, sólo reúne trofeos y fotografías de los que alguna vez fueron protagonistas de las glorias de la institución, como el campeón de boxeo Justo Suárez.
Pero más allá de la controversia planteada entre autoridades y oposición, para Versailles hablar del Ateneo es hablar de sentimientos, de una obra creada a pulmón por el padre Meinvielle, que con su gran carisma les mostró que la dedicación, el trabajo y el respeto hacia los demás eran suficientes para lograr cosas importantes en la vida.
Quizá por eso quienes apreciaron desde chicos la obra del párroco, fallecido en 1973, no pueden entender cómo se pudo llegar a una deuda que, según datos aportados por la actual comisión directiva, ronda el millón y medio de dólares. Esto llevó a que el 4 de marzo último se pidiera el concurso preventivo de acreedores en el juzgado Nº 11 del doctor Bargalló.
Los vecinos tienen fe
Para algunos, la medida adoptada es lo único que puede llegar a salvar al ateneo, porque el juez analizará la deuda histórica, le pondrá un tope, y sólo entonces se podría empezar desde cero. Otros no pueden dejar de asociar la realidad de la institución con lo ocurrido en Racing y piensan que, si bien aquí se está ante un "mal manejo de fondos, con cifras menos millonarias", el club correrá la misma suerte.
Alicia Villoldo es una de las tantas vecinas que pasó los mejores momentos de su infancia y juventud en el club, y hoy tiene fe en que alguien les vaya a dar una mano.
"Las cosas se han administrado muy mal en los últimos años y todos los sabemos. Lo que pasa es que tratar de demostrar las irregularidades no es fácil y a veces resulta doloroso, porque el club fue siempre una gran familia, y los directivos, en su mayoría, se han criado en el barrio", dice Villoldo.
Si bien el club comenzó a derrumbarse hace ya 10 años, la situación llegó a su punto crítico en 1995. En ese momento se creó el Movimiento de Recuperación Ateneísta, formado por un grupo de cien personas, aproximadamente, entre las que se encuentran socios, ex socios y vecinos de todas las edades. La idea era indagar sobre las causas que llevaron al club a ese estado y sacarlo a flote.
El grupo diagnosticó como "lamentable" el estado de las instalaciones. Detuvo la venta de un complejo deportivo que inexplicablemente se pensaba vender a menos de la mitad de su valor. Creó un proyecto para salvar y relanzar la entidad, y solicitó una auditoría al contador público Eduardo Pirri, quien encontró 43 fallas de control interno, una grave crisis de conducción y el incumplimiento adecuado de las funciones básicas por los miembros de la comisión directiva, presidida entonces por Miguel Casasola.
Este último dijo saber que hay gente que "piensa que nosotros quisimos hacer negocios personales, pero siempre hay alguien que tiene algo que decir. En todo caso, que muestren las pruebas. Muchas de esas personas no pagaban la cuota y nunca han aportado una idea, siempre critican desde afuera.
"Juro por mis cuatro hijos que jamás se usó la plata de la institución para otra cosa más que invertirla en ella misma", apuntó.
Lo cierto es que el Ateneo Popular de Versailles está herido de muerte. Y clama por ayuda.
Un cura y su obra
A la sombra de un templo tan humilde como el barrio, un caserío de gente trabajadora, calles de barro, tardes apacibles, lotes sin dueños, comenzó a gestarse el sueño de Julio Meinvielle, un sacerdote intelectual que llegó a Versailles en la década de los 30 con la idea de sacar a los chicos de la calle.
Su primer paso fue crear una parroquia en el galpón de chapa que oficiaba de oratorio en las calles Marcos Sastre y Bruselas, donde sólo se celebraba misa los días domingos y feriados. La obra fue bautizada con el nombre de Nuestra Señora de la Salud, en honor a la imagen de esa Virgen, que se trajo especialmente desde Italia.
Allí logró hacer un cine, donde los domingos se proyectaban tres películas. En el mismo lugar también había espacio donde, con pelota de trapo, se armaban apasionantes partidos de fútbol.
Los scouts
Allí fue donde también creó la Agrupación Nº 1 de Scouts Católicos de la Argentina. Tomó la idea de Baden Powell, un inglés protestante fundador del scoutismo en su país, que tenía a Dios como idea eje. A Meinvielle le pareció que éste era un concepto válido, por eso lo tomó y trasladó al catolicismo.
El padre Julio era un ejemplo para la gente del barrio. Donde nadie se fijaba en la discutible ideología del religioso.
Meinvielle, con el mismo entusiasmo y carácter explosivo, fue durante décadas un inspirador del más ultramontano nacionalismo católico, que se daba de trompadas con los principios democráticos.
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