
El feminismo pelea en el barro
NUEVA YORK.– "Catfight." Así llaman los americanos a las peleas entre mujeres, que en el imaginario popular masculino siempre tienen algo erótico e, idealmente, se desarrollan en el lodo.
La última pelea denominada "catfight" por muchos medios ocurrió días atrás y comenzó en las venerables primeras planas de The New York Times y The Atlantic. Las protagonistas fueron Sheryl Sandberg, una de las mujeres más poderosas del mundo corporativo, y Anne Marie Slaughter, ex directora de políticas públicas del Departamento de Estado y profesora de Princeton. Sandberg venía dando discursos en distintas universidades y empresas con mantras como "No te vayas antes de irte". Básicamente, decía que, en cuanto tienen perspectivas de quedar embarazadas, muchas mujeres bajan la ambición y dejan de apuntar a puestos de dirección. Eso, asegura, conspira para que las mujeres en general sean tomadas en serio cuando dicen que quieren balancear la familia con el liderazgo.
Anne Marie Slaughter salió a responderle desde la tapa de The Atlantic. Dijo que las sugerencias de Sandberg ponían demasiada responsabilidad sobre las ejecutivas y no la suficiente sobre las empresas y la sociedad para acomodar a las madres que trabajan. Que ella misma no lo había logrado, y había abandonado su puesto en el gobierno de Obama para dedicarse a sus hijos y a la universidad.
El debate ocurrió justo cuando Sandberg estaba en boca de todos por haber sido la primera mujer en el directorio de Facebook. Pero, sobe todo, tuvo gran repercusión porque es verano, el momento de las fantasías escapistas. Slaughter escribió que la vida de Sandberg sólo se puede llevar si se es una supermujer y rica, exactamente dos adjetivos que la mayor parte de la gente utilizaría para describirla a ella. Y pensar que la dicotomía es "trabajar para el presidente de Estados Unidos o enseñar en Princeton y ocuparme más de los chicos" para el 99% de las mujeres es algo tan irreal como las novelas rosas.
Posiblemente las dos tengan algo de razón y tengan más en común que lo que el circo mediático parecería mostrar. Y es una lástima que se termine caricaturizando el problema como un "catfight" sobre la maternidad, donde un bando propone una vida profesional que destruye a los niños y otro bando un abandono de todo lo que no sean los niños que destruye la identidad de muchas mujeres. Al final, los "catfights" son más divertidos –y menos nocivos– cuando son el en barro.





