
El ferrocarril volvió a América para sacarla de su aislamiento
El ramal estuvo cerrado por 3 años
1 minuto de lectura'
LA PLATA.- Alberto Orga es profesor y desde hace muchos años trabaja por recuperar y documentar la historia del pueblo en el que nació: América, ciudad cabecera del partido bonaerense de Rivadavia, situado al oeste de la provincia, a casi 500 kilómetros de la Capital.
Un día se le ocurrió redactar un cuento para relatar la llegada del ferrocarril al lugar, en 1904. En el texto reflejó las emociones de los primeros pobladores, quienes presentían que estaban recibiendo al progreso.
Orga no sospechó que más tarde sería uno de los protagonistas de escenas similares a las que describió en su relato: después de permanecer suspendido por más de tres años, se reinauguró el ramal ferroviario que une a América con la ciudad de Buenos Aires y con la provincia de La Pampa.
En abril de 1998, el servicio de transporte de pasajeros, a cargo del concesionario Ferro Expreso Pampeano SA, dejó de funcionar por el mal estado de las vías. Sólo continuaron circulando los trenes de carga. Así, varios pueblos del noroeste bonaerense, que en muchos casos no tienen accesos asfaltados, perdieron una importante posibilidad de comunicación.
Desde aquel día, los vecinos y los municipios realizaron movilizaciones y propuestas para reactivar el ramal. Los reclamos se intensificaron cuando las inundaciones comenzaron a anegar los caminos de la región.
A mediados del año último, Ferrobaires, Unidad Ejecutora del Programa Ferroviario bonaerense, inspeccionó el ramal y elaboró un plan de rehabilitación que se desarrolló en dos etapas y con el trabajo de 50 personas desocupadas de Rivadavia y de Carlos Tejedor.
El Ministerio de Trabajo provincial aportó planes Trabajar y Ferrobaires se hizo cargo de materiales, herramientas de trabajo, equipos de movilidad y la dirección técnica de la reparación de las vías.
El 13 de diciembre de 2000 terminó la primera etapa y se reactivó el recorrido entre las estaciones Olascoaga y Carlos Tejedor, que transita por localidades como Naón, El Tejar, Neild, Quiroga y Las Toscas, entre otras.
El trabajo finalizó con la renovación de durmientes del tramo que va desde Carlos Tejedor hasta la ciudad pampeana de General Pico, que pasa por América y que se inauguró el 1° del actual.
La segunda oportunidad
Era sábado y el día estaba lluvioso. Desde las 13, los vecinos comenzaron a llegar a la estación América, pintada y refaccionada días atrás. No querían perderse nada. Para acortar la espera se presentó una murga y la banda de música de la zona.
Segundos antes de las 14 se escuchó una bocina lejana que estremeció a las casi 2000 personas que se habían reunido en la estación. El tren estaba llegando y pese a la lluvia salió el sol en la cara de cada uno de los habitantes de más edad, que al ver la locomotora no pudieron contener las lágrimas.
Orga, como uno de los personajes de su cuento, también estaba allí, junto con su mujer, su hija y amigas de la chica. "Hacía mucho tiempo que no veía tantas caras felices", dijo el profesor.
El convoy de seis vagones se abrió paso entre la multitud y se detuvo en la estación, en cuyos alrededores se originó y creció América. "Es un transporte menos costoso y que incentiva el comercio", dijo el intendente de Rivadavia, Sergio Buil.
El jefe comunal de Carlos Tejedor, Carlos Rivas, destacó que "el tren va a pasar por pueblos que ya casi no tienen rutas debido a las inundaciones".
Los funcionarios coincidieron en destacar el valor sentimental que tiene la segunda llegada del ferrocarril a la zona. A las 14.30, la bocina volvió a escucharse, porque anunciaba que estaba por partir hacia General Pico.
En pocos segundos, los vagones se llenaron de gente que quería participar del viaje inaugural. Algunos realizaron el tramo completo; otros se bajaron en estaciones intermedias, donde los esperaban familiares que se habían trasladado en automóviles.
El recorrido completo, Once-General Pico, se efectuará dos veces por semana y los costos de los pasajes serán de 13,60, 15,70 y 21 pesos.
Cuando el sonido del tren ya no se escuchaba, los vecinos regresaron a sus hogares con la sensación de haber recibido "una inyección de optimismo".






