
El futuro no es lo que era, pero ya llegó
¿Soñarán los androides con ovejas eléctricas? Una pregunta similar, pero en presente, se la formulaba el que probablemente haya sido el mejor escritor de ciencia ficción de todos los tiempos, Philip K. Dick, en una novela de 1968 que llevaba tal interrogante como título, y que Hollywood llevó al cine, 14 años más tarde, con el nombre de Blade Runner .
Dick situaba la trama de su novela en Los Angeles, en 2019, e imaginaba un futuro tan lleno de innovaciones tecnológicas como de opresivas deshumanizaciones. Androides carentes de alma y animales creados artificialmente convivían con humanos que viajaban en automóviles voladores y que al despertar regulaban sus emociones con un órgano de ánimos. Para Dick, el futuro era una agridulce mezcla de las pesadillas de H. G. Wells y los sueños de Verne.
Arthur C. Clarke imaginaba en 2001. Odisea del espacio que en esta época estaríamos viajando a Marte como lo hacemos entre América y Europa, y Ray Bradbury creía en sus Crónicas marcianas que el de 1999 sería "el verano del cohete", cuando abandonaríamos la Tierra en busca de un nuevo comienzo en el planeta rojo.
Como se ve, el futuro ya no es lo que era, y el cielo de nuestras ciudades aún no es cruzado por vehículos voladores como en Metropolis .
Sin embargo, el futuro está aquí. Aún vivimos en la vieja Tierra, pero lo hacemos con adelantos que hace décadas sólo Dick hubiera imaginado. Conversamos cara a cara con amigos al otro lado del planeta y la ciencia acaricia el dominio sobre la vida y la muerte. Los robots no son como el R2D2 de Star Wars , sino heladeras que deciden por nosotros, celulares que interpretan nuestras mentes y autos que responden a nuestra voz. Quién puede afirmar que pronto los androides no soñarán a nuestro lado.
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