
El insalubre trabajo a oscuras y bajo tierra
Hay riesgos y es arduo acostumbrarse
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RIO TURBIO, Santa Cruz (De un enviado especial).- Las fracturas de piernas y brazos, y los golpes, junto con las afecciones lumbares, son los principales riesgos que corren los hombres que entran a trabajar en la mina de carbón. Según explicó a LA NACION el traumatólogo Ricardo Lovera, la accidentología responde a prácticas inherentes a un trabajo esforzado. Este médico, recibido en el Hospital Italiano, vive y atiende a la población minera desde hace más de 30 años.
Lovera explicó que, luego de varios estudios realizados en los mineros durante años, se comprobó que los trabajadores no desarrollan la neumoconiosis, patología típica de otras minas del mundo producida por la inhalación de partículas de polvo. "Estas perturbaciones de los pulmones no se han detectado en trabajadores de nuestra mina, como sí ocurre en las minas de hulla; entendemos que es por las características del carbón", detalló.
El traumatólogo fue uno de los primeros especialistas que llegaron a la cuenca y por su consultorio ha pasado buena parte de las generaciones que trabajaron en el socavón.
Eso lo condujo también a emprender estudios con otros médicos para determinar si los mineros podían padecer del "nistagmus del minero", movimiento involuntario ocular. Según explicó, se trata de una alteración visual originada en pasar tantas horas en la oscuridad. "Se buscó deliberadamente en cientos de mineros, pero no se registró la sintomatología", dijo.
El médico consideró que trabajar bajo tierra requiere un entrenamiento físico y mental permanente: "Se trabaja en condiciones de penumbra; adentro, la oscuridad es absoluta, no tiene comparación con ningún lugar del mundo exterior. Acostumbrarse es muy duro".
A Lovera le ha tocado pasar por varias catástrofes dentro de las minas; recuerda las explosiones de los años 75, 76 y 77. "Atendimos decenas de politraumatizados y quemados en un 60% del cuerpo. Se practicaron injertos de piel de cerdo; era la única posibilidad de salvarlos", recordó.
Con el paso de los años
La amargura tiñe sus palabras, como las de la mayoría de los habitantes. "Creo que se ha perdido un rol importante que en otra época habíamos desarrollado: entrenar a la comunidad para participar de simulacros de siniestros. Realizamos el Operativo Yaco, por el cual veedores de la ONU nos premiaron", detalló. Lovera afirma que con el tiempo todo ha cambiado. "Creo que hay que cambiar la actitud y retomar la organización en el trabajo en prevención, dentro de la mina como fuera de ella."
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