
El juego creció 20% en Mar del Plata
Visitan el casino hasta 20.000 turistas por día; apuestan cada vez más fuerte y las tragamonedas ya no son las preferidas
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Playa y paño. Esa parece ser la combinación perfecta para muchos turistas que veranean en la costa argentina. Es que luego de una jornada de sol, mar y arena, muchos desafían a la suerte en los casinos de Mar del Plata y Pinamar. Tanto, que en casi todos el volumen apostado se incrementó respecto del año pasado.
En la Casa de Piedra marplatense, el promedio de concurrencia diaria durante lo que va del mes es de 14.000 apostadores, similar al del año pasado. Y se registran picos de hasta 20.000 durante los fines de semana. Pero el dato más importante pasa por el volumen de juego: creció un 20 por ciento.
La otra novedad pasa por las preferencias a la hora de desafiar al azar. Los juegos con fichas, tanto ruleta como cartas y dados, revirtieron la tendencia del año pasado y son elegidos por el 58% del público. El resto se vuelca a las tragamonedas. "No hay comparación entre la emoción de una pelotita que salta de un casillero a otro y bajar la palanquita de una máquina programada por computadora", dice Néstor Aretche, de veraneo en esta ciudad.
Otros mil apostadores pasan diariamente por el Casino del Mar, que funciona en el sector conocido como Las Toscas, entre el Complejo Bustillo y el Torreón del Monje. Es reconocida como una sala "especial" ya que allí los montos mínimos y máximos de apuestas son más altos. La apuesta mínima en el Casino Central es de $ 2 y en determinadas situaciones se eleva a $ 5. Ese límite asciende a $ 20 en la sala especial del Casino del Mar.
"Nos estamos adecuando a una franja de público que por un lado demanda nuevos atractivos y por otro quiere jugar fuerte", dijo a LA NACION el interventor del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, Franco La Porta. El funcionario ratificó el crecimiento del volumen de las apuestas y con ello, además, un incremento del beneficio para la banca: "Mejoró un 24 por ciento", aseguró.
Las explicaciones que justifican el incremento del volumen de apuestas no tienen muchos secretos. La Porta destaca que la gente está viviendo una situación económica un poco más favorable que en temporadas anteriores y que desde hace unos cinco años la actividad transita un permanente crecimiento, con la incorporación permanente de nuevas propuestas.
Así se pueden enumerar el regreso de las mesas francesas y la implementación de modalidades con pozos acumulados, aplicadas en ruleta americana y Black Jack. Estos y otros atractivos revirtieron una tendencia que el año pasado favorecía a las tragamonedas, elegidas por el 54% de los apostadores.
En función del fuerte movimiento de dinero que generan estas máquinas sigue en pie un reclamo gremial que el miércoles último incluyó un paro de 24 horas, con cierre de las salas de juego, de los trabajadores del sector.
Juego fuerte en Pinamar
Mucha gente adulta y apuestas muy fuertes es lo que marca el pulso del juego en Pinamar. Tanto en el Casino del Bosque, ubicado entre las calles Júpiter y Bunge, como en el Casino Pinamar, sobre la ruta 11, en la localidad de Valeria del Mar, las apuestas mínimas de carteado y ruleta aumentaron más de un 50% en relación al año anterior.
En el Casino del Bosque, la apuesta mínima en el Black Jack y en el Punto y Banca pasó de $ 20 a $ 30. "El propósito de este aumento fue sacar a la gente joven del lugar, que tiene menos poder adquisitivo y que el verano pasado ocupaba muchas mesas. Ahora, tenemos un 10 por ciento menos de gente que la que tuvimos en 2006, pero se juega más", informó a LA NACION el gerente de la sala.
Allí, la venta per cápita -que es el resultado de la cantidad de ventas dividido la cantidad de personas que ingresa en el casino- ronda los 400 pesos, aunque varias personas se acercan con unos 3000 pesos en sus bolsillos para jugar. "Las 100 máquinas tragamonedas que tenemos nos bajan el promedio de venta per cápita. Pero lo cierto es que este año hay fuertes jugadores, que se concentran alrededor de las mesas de carteado", explicó.
En tanto, en el Casino Pinamar -el más grande del partido, con doce mesas de ruleta, cuatro de Black Jack, tres de punto y banca y 40 máquinas tragamonedas-, mientras que en enero de 2006 la ficha mínima para apostar en la ruleta era de $ 2 pesos, este año pasó a $ 5, y en las mesas de carteado, la apuesta mínima pasó de $ 10 a $ 20.
La edad promedio de los jugadores está por encima de los 30 años. No obstante, en este salón de juego, el aumento de las apuestas no fue para limitar el número de jóvenes: "El año pasado tuvimos muchísima gente. Para poder atenderla mejor es que levantamos el mínimo", indicó Rubén Dario Marande, jefe de departamento de juego, a cargo del lugar. Allí, la venta per cápita ronda los 300 pesos. Y, aunque cueste creerlo, el casino a veces también pierde. "Si bien se apuesta más en el Casino del Bosque, aquí también hemos tenido apostadores muy fuertes que dejaron al casino en rojo", confió Marande.
Las salas abren de 22 a 4. Pero el horario pico de ambos casinos es entre la 1 y las 3. En esa franja horaria es difícil conseguir lugar en alguna de las mesas de juego, que este año son las preferidas por los turistas. "La ruleta siempre es popular, pero acá, en comparación con otros casinos, el carteado tiene mucho atractivo", contó Marande.
Tanto en el Casino de Bosque como en el Casino Pinamar, casi todos los turistas son argentinos. Los extranjeros brillan por su ausencia.
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