El largo camino de la elefanta Mara hacia su libertad

Isabel de Estrada
Isabel de Estrada PARA LA NACION
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12 de mayo de 2020  • 14:25

"No existe una ciudad importante en el mundo que no tenga un zoológico; el punto preferido de las masas", escribía Carlos Pellegrini , futuro presidente de la Argentina, al Intendente de Buenos Aires, en 1888.

Siglo XXI, en el día 52 del aislamiento social, a las siete y media de la tarde, una inusual escena tiene lugar en la Av. del Libertador. Entre lágrimas y aplausos, los vecinos asomados a los balcones, unos pocos transeúntes, y un puñado de proteccionistas, despiden a Mara, la elefanta que durante los últimos 25 años solo se desplazaba por el reducido espacio del "Templo de los elefantes" del zoo porteño, hoy transformado en Ecoparque. Después de 50 años de cautiverio alternando su vida entre circos y zoológicos, ya recorre los 2.700 kilómetros que la separan de su libertad dentro del Santuario para elefantes , en pleno Mato Grosso. Allí vivirá junto a sus pares, hasta el día de su muerte.

En 1888, en el imaginario de los argentinos, todavía vivía el recuerdo de la increíble colección de animales salvajes, reptiles y pájaros que tenía Monctezuma en su palacio de Tenochtitlán, cuando pisaron América los españoles por primera vez. "Es la colección más increíble existente", escribieron más tarde los cronistas. "El parque de las Fieras" de Don Juan Manuel de Rosas, ubicado en su casa de Palermo, también alimentaba la fantasía de la población, predispuesta a tener un "Jardín de Las Fieras" propio, que perteneciera a la ciudad de Buenos Aires.

Mara residía en esos pocos metros cuadrados del obsoleto "palacio"de los elefantes construido en 1904: la réplica de un templo hindú

A fines del siglo XIX en Europa, estaban en auge los zoológicos inspirados en leyendas del pasado, concebidos como espectáculos circenses. El gran innovador Carl Hagenbeck , cuyo primer zoológico en Hamburgo, era emulado en el mundo entero, construía edificios reproduciendo el estilo del lugar de origen del animal que allí se exhibiría, sin ahorrar gastos en esculturas, frisos y toda clase de ornamentaciones que surgían de la loca imaginación de su creador. La moda por los templos hindúes en miniatura, los castillos medievales y las construcciones moriscas, rápidamente se expandieron por todas las ciudades europeas. A finales del siglo XIX y principios del XX, un zoológico naturalista con el énfasis puesto en la conservación y la ciencia, estaba todavía muy lejos de la mentalidad de la gente. Y como desde que el mundo es mundo, es finalmente el pueblo quien impulsa los cambios, y los políticos quienes finalmente los interpretan, Buenos Aires vio nacer el zoológico que dictaba la tendencia del momento.

La Primera Guerra Mundial terminó rápidamente con los caprichos y las fantasías del excéntrico alemán. Los zoológicos emplazados en plena ciudad, contaban con grandes espacios y eran ideales para almacenar la artillería. Generalmente eran el primer blanco en ser bombardeado. Por esa razón, el único ejemplo del modelo del zoológico de Hagenbeck que permaneció intacto fue el de la ciudad de Buenos Aires.

Mara residía en esos pocos metros cuadrados del obsoleto "palacio"de los elefantes construido en 1904: la réplica de un templo hindú, con estatuas y bajorrelieves.

De no mediar contratiempos, se calcula que tardará en recorrer la distancia que la separa de su libertad, cuatro o cinco días

Había nacido en cautiverio a fines de la década del '60 en la India; y vendida a Alemania y Uruguay, hasta llegar al Circo Rodas en nuestro país, donde durante quince años entretuvo al público disfrazándose o manteniéndose en sus dos patas. Dormía amarrada a un grillete, hasta que el circo fue decomisado debido a denuncias por maltrato a los animales; y en calidad de depósito judicial, llegó al zoológico porteño.

De no mediar contratiempos, se calcula que tardará en recorrer la distancia que la separa de su libertad, cuatro o cinco días. En su recorrido, la acompañan el equipo que la cuidó y preparó para que llegara hasta este momento, tan tranquila como aseguran emocionados quienes la vieron subir al container acondicionado para el viaje, sin que nadie siquiera se lo pidiera. "Era como si supiera".

Una vez más, como allá por los inicios del Siglo XX las necesidades de la ciudadanía fueron finalmente escuchadas desde la voz de todos los que trabajamos por los animales. El zoológico de Buenos Aires fue transformado en Ecoparque y la mayoría de los animales están siendo trasladados. De no haber sido por el coronavirus , una multitud emocionada hubiera acompañado a nuestra inocente víctima durante los primeros kilómetros de su viaje hacia la libertad.

Los edificios victorianos, quedarán como tantos testigos mudos del horror, como tantos, o serán transformados con el fin de educar, concientizar y seguir así liberando a seres inocentes en otras ciudades de nuestro país.

Y porqué no imaginar las palabras que hubiera pronunciado hoy, ese gran estadista que fue Carlos Pellegrini: "En una ciudad moderna, no puede existir un zoológico".

* La autora es la presidenta de la Fundacion Zorba

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