
El país está herido por los escándalos, dice la Iglesia
La declaración de la Conferencia Episcopal planteó una crítca más dirigida al conjunto de la sociedad que al Gobierno; llama también a un examen de conciencia en el que se incluye.
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Al concluir la asamblea en la que renovaron sus autoridades, los obispos se manifestaron abrumados por "las noticias de estos últimos tiempos mostrando al país herido por el escándalo, que alcanza a todos los estamentos de la sociedad".
El Episcopado no se excluyó del juicio general al deplorar "una progresiva pérdida del sentido moral que nos afecta también a nosotros los cristianos" y asignó mayor responsabilidad en el escándalo a "quienes más tienen, más pueden, más saben o ejercen alguna forma de autoridad familiar, empresarial, política o religiosa".
Al presentar esta declaración, al concluir seis días de deliberaciones en San Miguel, monseñor Estanislao Karlic, elegido presidente de la Conferencia Episcopal, subrayó el diálogo y el servicio como actitudes básicas de la nueva conducción.
Anunció el propósito de la comisión ejecutiva del Episcopado de organizar una serie de visitas a dirigentes de otras confesiones, del Gobierno, partidos politicos, organizaciones de obreros y empresarios, y el mundo deportivo y cultural.
"Queremos servir, siguiendo el ejemplo del Papa y de los obispos en las visitas pastorales en sus diócesis", expresó Karlic, en nombre de los dos vicepresidentes del Episcopado, monseñores Emilio Bianchi di Cárcano y Eduardo Mirás, y del secretario general, monseñor José Luis Mollaghan.
Impotencia y división
La declaración, de 11 puntos, titulada "Cristo camino nuevo", muestra preocupación por "la impotencia y el dolor de quienes ven comprometida su fuente de trabajo y su participación en una más equitativa distribución de la riqueza".
Señala que el olvido de los mandamientos de Dios aparta de la solidaridad y divide la sociedad, pero afirma: "La certeza de la fe nos lleva a mirar con esperanza el futuro".
Al precisar los motivos de escándalo que muestran las noticias de los últimos tiempos, monseñor Mirás ejemplificó: "En el seno de la Iglesia, en la vida política, en la administración de justicia..."
Monseñor Bianchi di Cárcano reseñó los temas tratados por la asamblea -el Jubileo del año 2000, el diaconado permanente, las normas para las universidades católicas- y comunicó la instauración de un consejo para las Causas de los Santos, que presidirá el arzobispo emérito de Rosario, Jorge M. López. "No hay ningún santo argentino", recordó.
Destacó el ambiente cordial y fraterno de la asamblea, "que quisiéramos mantener como expresion del espíritu del Episcopado".
El Concilio y el diálogo
"Nos tiene que sostener especialmente el Concilio Vaticano II, que sin duda es el acontecimiento más importante del siglo para la Iglesia", apuntó Karlic.
"Queremos evangelizar, servir al hombre, con espíritu de diálogo", dijo, citando al papa Pablo VI.
Indicó cuatro círculos de diálogo: dentro de la Iglesia; con quienes creen en Cristo pero "no están en plena comunión con nosotros"; con quienes creen en Dios pero no en Jesucristo, y con el mundo, "el gran desafío de siempre".
Destacó el deseo de llegar hasta el último de los hombres, que "nos está reclamando nuestro servicio".
Karlic mencionó específicamente al mundo de la literatura y del teatro, y a los medios de comunicación social. Manifestó el deseo de tener un lenguaje entendible y pidió un esfuerzo convergente a los periodistas. Señaló que Jesucristo es noticia y el Evangelio, la buena nueva. "En Cristo -afirmó- el hombre vive más vivamente la verdad de su humanidad".
Reflexiones sobre la realidad nacional
"En ese examen de conciencia (el reciente documento Caminando hacia el tercer milenio) procuramos mirar la realidad a la luz del Evangelio. Reconocimos que ninguno de nosotros, ni dentro de la Iglesia ni en la sociedad, está exento de pecado."
"Nos abruman las noticias de estos últimos tiempos mostrando al país herido por el escándalo que alcanza a todos los estamentos de la sociedad, con distinta y mayor responsabilidad en quienes más tienen, más pueden, más saben, o ejercen alguna forma de autoridad familiar, empresarial, política, o religiosa. Esto suscita en el pueblo actitudes de descreimiento, falta de confianza y ruptura de los lazos de convivencia familiar y social. Queremos señalar con preocupación la impotencia y el dolor de quienes ven comprometida su fuente de trabajo y su participación en una más equitativa distribución de la riqueza, tan necesaria para el desarrollo integral del hombre y el bien común de la sociead."
"El intento de construir un humanismo sin Dios termina produciendo un humanismo> contra el hombre mismo."
"Debemos recordar y presentar en toda su exigencia los mandamientos de Dios... Su desconocimiento u olvido hiere al hombre en su dignidad, lo aparta de la solidaridad y divide la sociedad, al crear fronteras que nos distancian: así encontramos quienes gozan de toda clase de seguridades y quienes padecen inseguridad; quienes están satisfechos y quienes apenas sobreviven; quienes han nacido y quienes fueron muertos antes de nacer, quienes gozan de la excelencia de la cultura y del saber y quienes quedan sumergidos en la ignorancia."
Una brisa fresca
Fue como una brisa de aire fresco. El cambio operado en la cúpula de la Iglesia adquirió por fin mayor significación que la esperada por muchos. Venía germinando desde hace tiempo, había asomado parcialmente una que otra vez pero ayer se desplegó en plenitud.
La afirmación de un estilo que concibe a la tarea pastoral como un servicio a los hombres, que procura autonomía de todo poder para predicar el Evangelio, que no se trepa al púlpito con ánimo de admonición y censura sino que busca valerse del diálogo amplio y abierto con la sociedad, llegó de la mano del arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Karlic.
Su diáfana descripción de lo que ha de ser el servicio episcopal en este final de siglo, sustentado en los principios de renovación del Concilio Vaticano II, se articuló armónicamente con la actitud y las expresiones de los dos vicepresidentes que completan la nueva conducción, los monseñores Emilio Bianchi y Eduardo Mirás.
Horas antes de la presentación al periodismo, Karlic había conmovido al plenario al exponer los lineamientos de su gestión al servicio del conjunto. "Fue como si se abrieran las ventanas, como sentir que se soltaban inexplicables ataduras", confesó algún obispo.
Fue en aquella exposición que alumbró la iniciativa de poner a la jerarquía de la Iglesia en estado de diálogo con la sociedad y de eludir la trampa siempre abierta de que todos sus pasos sean medidos o entendidos a la luz de la relación con el poder político.
Agenda abierta
El gesto concebido por la nueva cúpula suscitó un rápido consenso en el plenario y le permitió a Karlic anunciar que pronto los obispos visitarán con agenda abierta a otras iglesias cristianas, a otras confesiones religiosas, al poder político, a los partidos, a las expresiones sociales de la actividad económica y al mundo de la cultura con especial referencia al mundo de la comunicación, y sin excluir a ambientes tan variados como los literarios, los teatrales y los deportivos.
La secuencia y el método para desarrollar ese expresivo gesto será definido en algunas semanas. "Sólo esta mañana lo acordamos", se sinceró el nuevo presidente del Episcopado en la conferencia de prensa final, en la que respondió muchas preguntas.
El estilo pastoral con el que busca identificarse la nueva conducción asomó desde el mismo momento en que Karlic sustituyó al cardenal Antonio Quarracino.
Se expresó en el desarrollo de la asamblea y se fue exteriorizando en las sucesivas votaciones: he ahí como inequívoco elemento de juicio la conformación de las diferentes comisiones.
Sigue prevaleciendo la moderación en los criterios doctrinales, en la eclesiología, pero ha sido ciertamente desplazada una concepción del ejercicio del ministerio episcopal.
Ya no será fácil hallar en lugares prominentes a obispos propensos a congraciarse con el poder de turno, a presionar antes que a convencer, a reclamar privilegios aun con la excusa de defender las propias convicciones.
Crisis moral
La renovación "no podía ser de otro modo" quedó expresada en la primera declaración aprobada por la asamblea después del cambio de autoridades. Los obispos denuncian una vez más la raigambre moral de la crisis argentina pero no se aislan del juicio.
"Ninguno de nosotros, ni dentro de la Iglesia ni en la sociedad, está exento de pecado", dicen, al señalar el convencimiento de que es posible una sociedad más justa y más humana. Y antes de denunciar que el humanismo sin Dios deviene como un bumerán contra el hombre mismo, reconoce que "una progresiva pérdida del sentido moral nos afecta tambien a nosotros, los cristianos".
Jubileo del 2000
El Jubileo por los 2000 años del nacimiento de Jesucristo, el próximo Sínodo americano que por vez primera congregará a obispos de todo el continente y no sólo de América latina como en Medellín o Puebla, sirven de cauce a la nueva conducción del Episcopado. Nuevos aires soplaron ayer en San Miguel. Algunos percibirán el alcance del compromiso que asumieron los obispos. Otros aguardarán sus efectos.




