El paraíso escondido está en Bariloche
Son lugares accesibles solamente con vehículos doble tracción o a pie, con raquetas de nieve o con esquíes
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.– El colorido otoño, pródigo en noches heladas y nevadas en las cumbres de la cordillera, depara a los amantes del contacto con la naturaleza y la aventura una alternativa especial: patinar sobre hielo en las lagunas congeladas de las montañas.
Se trata de una salida que incluso está a mano de Bariloche, y demanda un viaje en auto y una caminata que varía entre una y siete horas, según el destino elegido.
El invierno se anticipa y, por sobre los 1000 metros de altitud, en la cordillera las temperaturas mínimas varían entre cero y diez grados bajo cero. Esto lleva a la formación de una firme capa de hielo en la superficie de las lagunas, que se consolida con el paso de los días.
En las últimas semanas, muchos aventureros amantes de la montaña salieron a disfrutar de estas fabulosas pistas de patinaje naturales en inmediaciones de los refugios de montaña.
La propia excursión hasta esos lugares ya se convierte en una salida excepcional y los caminantes llegan hasta los refugios por senderos que atraviesan bosques de ñires y lengas, que en esta época deslumbran con sus rojos, sepias, amarillos y ocres.
El lugar más accesible para estas actividades es la zona del refugio Juan Javier Neumeyer, al final del valle del Challhuaco, a 18 km del centro de esta ciudad. Hasta ahí se puede ir en automóvil por el camino que parte de la ruta 258 a la altura del barrio Nahuel Hué, a unos 3 km del centro.
Se continúa hasta el refugio por un camino de ripio, de 15 kilómetros, que en invierno suele deteriorarse mucho. Conviene hacer ese trayecto en vehículos de doble tracción para atravesar con seguridad sectores de barro, o bien usar el transporte ofrecido en la ciudad. Una vez en el refugio, hay una trepada de tres kilómetros hasta la laguna Verde, a unos 1500 metros de altura.
Otro de los sitios predilectos para esta aventura es el refugio Emilio Frey, junto a la laguna Toncek, en el sector nordeste del cerro Catedral, a 1700 metros sobre el nivel del mar. Allí se accede tras cinco horas de marcha liviana desde la costa del lago Gutiérrez, a 15 kilómetros del centro de Bariloche. No obstante, si en el camino hay nieve, la marcha se torna lenta y pesada. También se puede partir de la playa de estacionamiento del cerro Catedral, tomar una aerosilla hasta el filo de la montaña y desde allí caminar hacia el Sur hasta el refugio, trayecto en el que en esta época hay abundante nieve, por lo que en estos casos suele hacerse con raquetas para nieve o esquíes de travesía.
Los más audaces combinan las salidas de trekking y patinaje en las montañas con paseos en mountain bike, aunque cargar con la bicicleta al hombro, la mochila y la vestimenta térmica es más bien una pasión de fundamentalistas de la aventura.
La acumulación de nieve en las cumbres, que en sectores tapa las marcas de los senderos, exige a quienes no tengan experiencia en la montaña una consulta obligada en el Club Andino Bariloche. De acuerdo con la experiencia de los caminantes y la meteorología, lo más probable es que sea obligatoria la compañía de un guía de montaña habilitado para combinar el placer que prodiga la excursión con la seguridad.
Existen otros sitios para patinar, como las lagunas Negra y Jakob, pero desde fines de abril hasta septiembre no están los refugieros, que ilustran al visitante sobre las condiciones del hielo, esencial para intentar este deporte sin correr riesgos. El Club Andino organiza excursiones especiales para grupos con experiencia en la montaña y muy buen estado físico.
Las excursiones de patinaje pueden complementarse con lecturas y descanso en los refugios, en donde ofrecen sabrosos platos con las debidas calorías que demandan la montaña y el clima. Incluso si el aventurero tiene la suerte de amanecer con una buena nevada, hasta puede practicar esquí y snowboard, siempre con la consulta de rigor al encargado del lugar.
Cristian Holler, un vecino de Bariloche que se sacó el gusto de patinar en el Frey, comentó que la laguna presentaba “una capa de hielo bien liso y sólido”, donde patinó con un grupo de amigos hasta quedar exhausto. “Fue magnífico; la superficie estaba muy limpia, con hielo vidrioso y de excelente calidad”, expresó.
Analía y Ricardo, que atienden en la Cabaña de Informes del Club Andino, también ponderaron la alternativa: “Es algo hermoso porque estás patinando en un entorno agreste y muy frío, pero el movimiento lo hace muy agradable” apreciaron.
Mientras algunos intrépidos le sacan el jugo a la cordillera por adelantado, los centros de esquí se aprestan para comenzar a trabajar apenas se consolide el invierno. En las montañas trabajan a destajo para poner la infraestructura en condiciones.
En la práctica, la temporada invernal comienza con el mes de junio, aunque si las nevadas tempranas se tornaran más fuertes es posible que este año habiliten las pistas con antelación.



