
El poder de la fe dominó San Nicolás
Más de 250.000 fieles desbordaron todas las expectativas, en una imponente manifestación de devoción popular
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SAN NICOLAS.- La Virgen del Rosario abandonó por un rato la placidez de su santuario y salió presta al encuentro de sus devotos seguidores, en la procesión anual que ayer congregó a más de 250.000 personas en esta ciudad, dominada por el fervor religioso.
Y aún no está todo dicho. Mañana llegarán otros 60.000 peregrinos marchando desde Rosario y, según estimaciones oficiales, serán más de 350.000 las almas que habrán hecho un alto en San Nicolás a lo largo de toda la semana.
Números aparte, no deja de llamar la atención la extraordinaria tenacidad de los feligreses, algunos de los cuales, mayores y alejados de los hábitos nocturnos, pasaron la noche del miércoles en vela, protegidos del frío por sus abrigos y sus ganas de estar junto a la Virgen.
"La noche se pasa rápido, cuando te querés acordar ya está amaneciendo", dijo a La Nación una risueña dama, pasada la medianoche, mientras compartía unos sandwiches con sus amigos, noctámbulos como ella.
Rosario de ómnibus
Hubo chiquitos y jóvenes, adultos y escolares; todo un universo centrado en un rincón norteño de la provincia de Buenos Aires, junto al río en la ciudad de San Nicolás. Los que pasaron la noche en las cercanías del santuario vieron llegar, con el paso de las horas, un rosario de ómnibus de diversas procedencias del país.
Al final del día, con varias horas de misa, oración y procesión encima, los visitantes volvieron a las caravanas rumbo a sus provincias, al Uruguay, al Brasil y Paraguay.
De ahí vienen. Y de Capital. Y, desde luego, de los barrios de San Nicolás, aunque a los anfitriones les pareció más oportuno disfrutar del aire tibio y el cielo diáfano en plazas y clubes, en la costa y la vereda de sus casas. Total, siempre hay tiempo para acercarse a la Virgen, vecina de la zona.
Más difícil es dar con Gladys Motta, la mujer que, se presume, comenzó a recibir mensajes de la Virgen hace catorce años, en su propio hogar, una casa bastante modesta, blanca, de un solo piso y techo plano.
Son unos 1800 los presuntos contactos entre María y Gladys, muchos de ellos compilados en libros. Ayer el jardín de su hogar estaba florecido de papeles y de sobres altos; cartas que los fieles peregrinos fueron arrojando con el correr del día, a través de una reja; cartas, por qué no, de amor.
Mensajes de amor a María, agradecimientos, ofrendas, pedidos. Gladys no es más que la intermediaria que debería elevar los ruegos peregrinos a la Virgen.
El sabor del misterio
Gladys casi no se deja ver. El paso del tiempo la ha vuelto cada vez más reservada en su actitud hacia los visitantes. Según cuentan por acá, su postura es la de no ser la estrella del lugar, la de mantener su exclusiva comunicación con la Virgen.
El silencio de Gladys precipita el sabor del misterio y deja lugar al constante tejido de versiones sobre su vida. Hasta se dice que cierta vez deambulaba por el santuario y a un puñado de exaltados devotos, arrebatados por un desenfrenado celo religioso no se les ocurrió nada mejor que tirarle de los cabellos, llevarse algún que otro cabello para sus pagos, a modo de reliquia.
Es este el tipo de superstición que la Iglesia intenta evitar y que hasta ahora, afortunadamente, casi no se ha manifestado.
"Es fundamental que la Iglesia conduzca el hecho religioso. Todo acontecimiento de esta naturaleza puede ser interpretado de manera muy subjetiva, muy personal. Si no diéramos una interpretación, tendríamos sectarismos, donde cada uno se sentiría dueño de la verdad", dijo a La Nación el padre Carlos Pérez, rector del santuario.
"Gladys fue un instrumento importante, del que Dios se ha valido para suscitar un acontecimiento de fe", dijo el sacerdote.
Un laberinto de cinco horas
De todos modos son muchos los feligreses que buscan el diálogo directo con María, sin intermediarios.
Ayer la cola que conducía hasta su residencia, hasta la imagen que se cobija a un costado del altar, en el santuario, se extendía por cuadras y cuadras, dando giros y vueltas intrincadas en medio de las calles. En total, la espera, la lenta caminata, nunca bajó de las cinco horas.
Cinco horas de ansiedad, que la gente cubría rezando, cantando, o simplemente charlando con sus compañeros (casi todos tienen compañeros, y muchos, pues han llegado contingentes de a 70 u 80 personas).
Entrar al santuario, después de la marcha, era mirar a la Virgen y tocar el vidrio que la cubre pudorosamente. Y estar junto a María, musitando oraciones, sintiendo su mirada, todo candor y dulzura, es lo único que anhelan los miles y miles de fieles que llegan en micro, desde lugares remotos. "Cuando estás frente a la Virgen sentís como que se te encrespa el cuerpo", dijo Ofelia Antonucci, viajera infatigable de Mendoza.
A las cuatro de la tarde llegó la hora de la procesión, de la salida de María a recorrer el barrio. Se abrió un corredor y ella emprendió camino desde la puerta del santuario, llevada en andas por varios hombres.
La multitud agitó banderas y dio comienzo el canto:"Ven con nosotros a caminar..." Y ahí caminaba, con ellos.
Si hasta daba la impresión de contonearse un tanto, con el paso irregular de los changadores. Tan viva se la veía. Tan viva la encontraron todos.
El templo se levanta con el aporte
SAN NICOLAS (De un enviado especial).- El santuario de la Virgen, a orillas del río Paraná, comenzó a construirse en 1986. Transcurridos once años, la obra no está terminada. Según Marcelo Herrera, secretario de la Comisión Pro Templo, "un templo se levanta con todo el aporte del pueblo de Dios, que es el único padrino. No recibimos subsidios de nadie". Las donaciones son tan irregulares que los plazos para la terminación de la obra varían entre ocho meses y ocho años, según el optimismo de quien responda.
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"Le dejo el mensaje a Gladys para que pida por la salud, el trabajo y la lluvia en el Norte. En Santiago del Estero no llueve hace ocho meses", comentó Ana María Albarracín, una mujer que, vale decirlo, no es de Santiago, sino de La Matanza. Pero hace poco escuchó a un santiagueño quejarse de la sequía y ahora, con la Virgen tan cerca, por qué no aprovechar y deslizarle el pedido.
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El número de 250.000 visitantes fue confirmado a La Nación por agentes de la Unidad Regional VIII, con asiento en esta ciudad, que estimaban en más de 2000 los micros que transportaron a los peregrinos. Más allá de las cifras, todos coincidieron en que este año la devoción a la Virgen desbordó todas las expectativas.
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Aunque San Nicolás recibe a la gente de afuera con los brazos abiertos, hay un pequeño sector de la población que no ha sido tan bienvenido. Se trata de los vendedores ambulantes ajenos a la ciudad. Una ordenanza municipal sancionada el martes último exige el pago de $ 100 a quien se instale por la zona. Además, tienen estrictamente prohibido vender artículos de santería, en un intento de proteger al comercio local .
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