
El problema también preocupa en Europa
Mundial: la violencia en el fútbol no es propia de los hinchas de América latina; el Viejo Continente pretende controlar a las barras.
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El mal es el mismo en todo el mundo. A lo sumo, con distintos nombres: barrabravas en la Argentina, ultras en España, hooligans en Inglaterra...
Todos generan muerte, horror, miedo. Y si se tienen que marcar diferencias, se puede hacer una gran división. En América del Sur, los integrantes de las barras bravas provienen de sectores marginales; en Europa, los promotores de estas "asociaciones ilícitas" tienen en claro los conceptos de empresa y de marketing. Pertenecen a otros estratos sociales.
En el Viejo Continente, violencia no es sinónimo de pobreza. Las hinchadas se organizan y buscan la manera de subsistir, pero no desde un lugar oculto y clandestino, sino desde la posición más cercana a la legalidad que se les permita.
El 8 de diciembre de 1998, el fútbol español se paralizó con la noticia de la muerte del hincha de Real Sociedad Aitor Zabaleta. El asesinato del joven vasco se produjo en un cruce con simpatizantes del Atlético de Madrid.
La barra del conjunto colchonero, Frente Atlético, utiliza el mismo nombre para desenvolverse con sus múltiples personalidades: la más inocente dirige con un megáfono los cantos de la hinchada; la empresarial edita una revista y participa en la página oficial de Internet con la venta de distintos productos (remeras, gorros, bufandas y otros), y la más violenta causó la muerte de Zabaleta.
El año último, en Holanda, los hinchas de Ajax y Feyenoord se citaron a un duelo callejero con amenazas por Internet. La policía, al tanto de la situación, se preparó para evitar el incidente. Pero el servicio de inteligencia también funcionó entre los simpatizantes.
Enterados de la posible intervención policial, se comunicaron por teléfono y cambiaron el lugar del choque. El resultado: una batalla en la que participaron más de cien personas, sin armas, y en la que murió un fanático de Ajax.
En Europa no se sufre por los robos en las plateas, y algunos de los barrabravas son en la semana ejecutivos de saco y corbata. Pero el día en que se cruzan dos hinchadas que se odian, es mejor mantenerse apartado de ellos.
Sin ir más lejos, ayer se produjo una insólita situación en Pescara, Italia, cuando un grupo de exaltados simpatizantes agredió a los jugadores del equipo que lleva el nombre de la localidad y los obligó a permanecer encerrados en el estadio Adriático por más de dos horas.
Xenofobia
La participación de gran parte de los grupos violentos tiene su nacimiento en el racismo. Los orígenes neonazis vincularon con el fútbol a varios grupos que descargan su odio contra los jugadores negros o judíos.
Los problemas más graves se generan en Alemania; pero tampoco están exentos de esta pesada carga España, Italia, Inglaterra y Holanda.
En estas referencias sociales se apoyan los grupos de skinheads o el conocido Combat 18, de Inglaterra, que les "sugirió" por intermedio de una bandera a los jugadores irlandeses que participan en la Premier League: "Vuelvan a su país o estén dispuestos a perder la vida".
Los hooligans obtuvieron su popularidad mundial después de uno de los hechos más deleznables de la historia del fútbol: la masacre de Heysel. El 29 de mayo de 1985, los fanáticos de Liverpool (que debía jugar la final de la Copa de Europa con Juventus) ingresaron por la fuerza en una de las plateas y dejaron 39 personas muertas y 500 heridas. La transmisión en vivo de aquel partido sirvió para que los equipos ingleses se vieran imposibilitados de participar en competiciones internacionales durante dos años.
En el Mundial de Francia 98, los hooligans volvieron y provocaron el espanto entre los habitantes de Marsella. También pandillas alemanas causaron graves heridas a un gendarme francés y la Federación Alemana hasta pensó en retirar a su seleccionado de la competición.
La Justicia actuó con celeridad. Se crearon tribunales especiales encargados de fallar en menos de 24 horas. Un sistema similar se pondrá en marcha en Holanda y Bélgica, para recibir en junio y julio próximos la Eurocopa 2000.
Erradicar este tipo de actos de barbarie también causó muchos dolores de cabeza en Europa. Debido al aumento de la violencia en la Liga italiana, el ministro del Tesoro, Giuliano Amato, realizó una intervención y pidió que los clubes (allí son sociedades anónimas) solventaran los costos por los pagos extras a la policía y por los destrozos fuera de los estadios.
Sería ilógico consolarse porque en Europa también viven estas penurias. En todo caso, habrá que observar algunos de sus métodos para controlar a los violentos. Por si acaso sirven para terminar con esto de una vez por todas.
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