El regreso de los gigantes: décadas sin caza permitieron recuperar una postal que el Canal Beagle había olvidado
Desde hace varias semanas locales y turistas de Ushuaia miran al canal con atención y maravillados: decenas de ballenas pasean por las tranquilas aguas frente a Ushuaia
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USHUAIA.- Lo que hace años era un avistaje excepcional se está convirtiendo en un atractivo diario del canal Beagle. En los últimos años, los residentes y turistas en esta ciudad fueron testigos de un fenómeno llamativo: un auge de presencia de ballenas que eligen las aguas del fin del mundo para alimentarse y transitar.
Consultada por LA NACION, Luciana Riccialdelli, investigadora del Cadic-Conicet (Laboratorio de Investigaciones en Mamíferos Marinos Australes), explica que “las poblaciones de ballenas han sido históricamente diezmadas en periodos anteriores. Tras el cese de la caza comercial, sus poblaciones han experimentado una recuperación paulatina, con variaciones entre especies, pero la tendencia general a escala global es positiva. Como consecuencia de este incremento poblacional, las ballenas han comenzado a restablecer antiguas rutas o pasajes por los que realizan sus migraciones y a recuperar antiguas áreas de alimentación, como el canal Beagle”.
En este mismo sentido, la investigadora Natalia Dellabianca, también del Cadic-Conicet, indicó: “Desde hace 10 años tenemos un proyecto de ciencia ciudadana vinculado a la ballena jorobada y su identificación. Lo que vemos hoy es la respuesta de la naturaleza a la prohibición de la caza comercial que imperó durante gran parte del siglo XX. Al haber cesado la presión de la caza durante tantos años, las poblaciones han logrado estabilizarse y, lentamente, están recuperando sus rutas migratorias ancestrales”.
El día después de la prohibición de la caza
Según los especialistas del Cadic, estamos presenciando la recuperación de poblaciones que estuvieron al borde de la desaparición. “La mayoría de las especies de ballena se han ido recuperando después del cese de la caza. Esas poblaciones que empiezan a aumentar su número regresan a viejas áreas que antes también ocupaban”.
“El Beagle es un área de alimentación para las jorobadas y las sei, entre otras especies. No son zonas nuevas sino viejas áreas de alimentación a las que, con la recuperación de la especie, vuelven”, indicó.
Aunque el canal es un ecosistema rico, dos especies de ballenas se destacan por su protagonismo. Riccialdelli detalla que “las especies que se están observando con más frecuencia dentro del canal son las ballenas jorobadas y la sei”.
Por un lado, la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), famosa por sus saltos y sus largas aletas pectorales. Son animales curiosos que suelen acercarse a las embarcaciones.
Por el otro, la ballena sei (Balaenoptera borealis), más estilizada y veloz que la jorobada. Su presencia en el Beagle aumentó notablemente, lo que indica que el canal ofrece condiciones de alimentación óptimas.

“El canal Beagle es una zona de alimentación para estas especies de ballenas, donde encuentran suficiente alimento. Todas las especies que podemos avistar se alimentan principalmente de sardina fueguina, un pequeño pez pelágico abundante en esta zona, y de langostilla, un crustáceo de relevancia ecológica comparable al krill en Antártida”, asegura la especialista.
“Tanto la langostilla como la sardina representan recursos tróficos [nutrientes] clave dentro de este ecosistema y se presentan en grandes concentraciones, lo que convierte al canal en un área particularmente favorable para la alimentación de las ballenas”.
Acerca de la temporalidad, los meses de verano y otoño concentran la mayor presencia de ballenas, con picos de avistaje registrados entre marzo y abril. Para la comunidad científica de Ushuaia, este auge representa una oportunidad de estudio que siguen desde hace varios años y esperan continuar.
“El canal Beagle funciona como un corredor biológico. Que las ballenas regresen significa que el ecosistema todavía tiene las condiciones de alimentación y ambientales necesarias para sostenerlas”, señalan desde el organismo.
El desafío de la convivencia
Este fenómeno también trae desafíos. Con el aumento de ballenas en zonas de tráfico marítimo, las autoridades y científicos remarcan la importancia de respetar protocolos de avistaje: mantener la distancia, no perseguirlas y reducir la velocidad de navegación para evitar colisiones.
“El ingreso creciente de ballenas al Beagle conlleva un aumento en la interacción entre estos animales y las embarcaciones. A esto se suma el incremento del tráfico marítimo dentro del canal asociado al crecimiento turístico, en especial los viajes hacia la Antártida. Si bien el canal es un corredor natural que conecta el Pacífico y el Atlántico, es angosto y esto intensifica la probabilidad de encuentros entre las embarcaciones y ballenas”, marcó Riccialdelli a LA NACION.
En este contexto, desde el Centro Austral de Investigaciones Científicas resaltaron que, “resulta necesario revisar y fortalecer pautas de navegación, como las velocidades de entrada y salida de los buques y las distancias de acercamiento para el avistaje de ballenas, a fin de minimizar el riesgo de colisiones”.
Además, “el tráfico marítimo puede influir en los patrones de movimiento de las ballenas dentro del canal, induciéndolas a utilizar con mayor frecuencia zonas más someras. En esos sectores, la presencia de artes de pesca, como las trampas de centollas, podría aumentar el riesgo de enmallamiento o enganche, generando impactos adicionales”.
El regreso de las ballenas es un mensaje alentador de que, cuando se da un paso atrás en la explotación y la caza, la vida silvestre recupera su lugar con fuerza y obliga a contemplar nuevas pautas de convivencia para disfrutar un fenómeno que llegó para quedarse.

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