
El subterráneo ya llega a Belgrano
Con la inauguración de la estación Olleros el próximo sábado, se vislumbra la conclusión de la etapa de extensión de la línea D, que culminará con las paradas de Virrey del Pino, Juramento y Monroe.
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A casi diez años de la apertura parcial de la parada Ministro Carranza, la última escala del subte habilitada, el gobierno de la ciudad se prepara para inaugurar el sábado próximo la estación Olleros de la línea D, con lo que se dará el primer paso de la llegada del servicio al barrio de Belgrano.
El compromiso de la Comuna, cuando en 1994 otorgó en concesión el servicio a Metrovías, fue el de entregar terminada a la empresa la extensión de la línea D, o sea las estaciones Olleros, Virrey del Pino, Juramento y Monroe.
Olleros ya está lista -se terminó en tiempo récord, menos de un año-, Virrey del Pino será habilitada en noviembre próximo, Juramento lo será a mediados del año próximo y todavía no está definido si se seguirá hasta Monroe o si se cambiará la ruta hasta terminar en Barrancas de Belgrano, en la estación ferroviaria de la línea Mitre.
Esto último depende de una audiencia pública que convocará la comuna porteña para que vecinos y comerciantes de Belgrano y especialistas en el tema opinen sobre la posible apertura de la estación.
Una estación distinta
La novedad que más se destaca de la estación es que tendrá dos pisos: además del nivel de boleterías y acceso, habrá un nivel intermedio con balcones desde los que se podrá ver todo el movimiento de trenes y de pasajeros y que servirá a la vez como cruce peatonal de la avenida Cabildo.
Así lo informó a La Nación Alejandro Nazar Anchorena, presidente de Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado, quien agregó que "esta será la única estación de este tipo hasta noviembre próximo, cuando habilitaremos Virrey del Pino".
Entre otras innovaciones comentó que por primera vez se tendrá un sistema contra incendios completo dentro de la estación, habrá seis escaleras para bajar a los andenes, dos de ellas mecánicas, y amplios baños públicos.
El funcionario hizo hincapié en las grandes dimensiones que tendrá Olleros, aunque estimó que para una mayor comodidad de los pasajeros no habría locales comerciales como abundan en otras estaciones.
Quitan superficie y aire
-¿Cuál es el problema que originan los puestos comerciales que hay dentro de las estaciones?
-Por un lado, quitan superficie de circulación para los pasajeros y, por otro, surgen otros problemas porque se incorporan fuente de calor y más iluminación y no se modifica el sistema de ventilación. Nosotros preferimos que esos mismos locales estén afuera.
-¿Y por qué entonces cada día hay más locales en las estaciones, sobre todo en las que se est´n remodelando?
-Porque está dentro de la concesión y porque las gestiones anteriores los dejaron, pero para los casos de las estaciones que vamos a entregar, pediremos que se respete el diseño original y que no habiliten locales.
-¿Cuánto se invirtió en la estación y de dónde provienen los fondos?
-Entre Olleros y Virrey del Pino invertimos 35 millones de pesos, calculamos que sólo Olleros demandó unos 20 millones, sin contar los 700 metros de túneles y una flota completa de coches que entregaremos a Metrovías.
Los fondos provienen exclusivamente de un porcentaje del pago de los impuestos que se destina a un fondo para obras en el subte.
Más de medio millón
-¿En cuánto estiman que crecerá la cantidad de pasajeros con la nueva estación?
- En más de 20.000 pasajeros por día, con lo que calculamos que Metrovías incrementará se recaudación en un 3 por ciento.
Creemos que para fin de año, con Virrey del Pino habilitada, la línea D superará los 600.000 pasajeros diarios y vamos a pedirle a la concesionaria que extienda el horario una hora más, o sea hasta las 23.
Se viene la línea H
Sobre el proyecto de construir una línea transversal que corra de Sur a Norte, más conocida como la línea H, Nazar Anchorena adelantó que ya hay dos grupos extranjeros interesados en construirla y que para la próxima primavera se iniciarán las negociaciones.
"Es una obra que supera la capacidad de cualquier grupo empresario argentino, se estima que costará entre 700 y 800 millones de dólares y que en total demandará seis años de trabajo, nosotros queremos iniciarla cuanto antes porque la ciudad la necesita", explicó.
La nueva estación, las viejas molestias
Quejas: a pesar de que los ingenieros del proyecto creen que las obras no fueron molestas, quienes viven en la zona piensan lo contrario.
La mayoría de los comerciantes y vecinos de la nueva estación se quejó por los ruidos y las molestias que debieron padecer durante la obra, aunque coincidieron a la hora de los beneficios que traerá a la zona.
Susana González, propietaria de un quiosco ubicado en Cabildo y Olleros, fue muy gráfica: expresó su alegría por la finalización de las obras con un rotundo aplauso.
"Ahora estamos bien pero las obras fueron un desastre. ¿Por qué? Porque nos hundimos. Sólo nos queda el 30 por ciento de los clientes que antes nos venían a comprar", explicó Susana.
Además del lógico malestar que ocasiona tener durante meses una obra enfrente, vecinos y comerciantes debieron soportar unas altas paredes de madera que separaban la vereda en dos.
"Estuvimos tapiados y la gente tenía miedo de pasar por acá. No sabías si había alguien esperándote del otro lado del pasillo. La dueña del local de al lado se fue después de que la asaltaron cuatro veces", puntualizó.
La nueva inquilina del negocio vecino no quiso hablar. Sólo murmuró: "Fue un gran dolor de cabeza".
En favor y en contra
Ana Leiva vive en el edificio ubicado en Cabildo 714, justo enfrente de una de las entradas a la flamante estación. "Estoy contenta porque mi propiedad se valorizó, pero las obras fueron desastrosas.
"No dormíamos por el ruido. Tampoco podíamos salir porque no teníamos vereda. Los días de lluvia eran un barrial increíble", recordó Ana, con un malestar que se reflejaba en su voz.
Sin embargo, no todos los parroquianos estuvieron en contra de la obra. Andrés Pérez Puga, un jubilado de 78 años, opinó: "Me alegro que hagan este tipo de obras. Yo fui albañil y todos los días paso por acá para ver cómo avanza la construcción.
Andrés fue terminante al referirse a las quejas de sus vecinos: "Estas obras no molestan a nadie porque hacen progresar al país", sentenció.
Cómo se hizo la estación
La Nación recorrió la obra en la que se veía un gran salón con nueve columnas al que sólo le faltaba pintura y una buena limpieza para estar listo para la tan ansiada inauguración.
Los técnicos que allí trabajaban informaron que el sistema utilizado para construir la estación fue el siguiente: en primer lugar se clavaron los pilotes desde la superficie, luego se colocó el techo, de vigas premoldeadas, que se montaron con una grúa, y se liberó el tránsito de la avenida Cabildo.
A partir de ese momento la obra pasó a ser subterránea.
Sólo quedaron sobre la calle los pozos de ataque por los que se sacaba la tierra que retiraban las retroescavadoras.
"Antes se hacían a cielo abierto, ocasionando un montón de problemas", dijo un ingeniero de la empresa Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado.
El profesional agregó: "En esta obra las molestias para la gente fueron mínimas".
Vecinos enojados
- Adelina Pozzi, empleada de un comercio: "Si en algo nos puede beneficiar tener esta estación, lo tenemos muy merecido porque subsistir a la obra fue terrible. A nosotros nos cerraron el negocio durante un año".
- Pedro Vignolo, 25 años, fotógrafo: "Toda la vida nos molestó la obra. No podíamos pasar con los autos y el ruido era terrible. Tanto tiempo y todo este desastre por una simple estación de subte".
Una larga historia que llega a su fin
La historia de la extensión de la línea D hacia Belgrano tiene más de 12 años.
El 6 de diciembre de 1984 el Concejo Deliberante porteño aprobó un proyecto del entonces edil radical, José María García Arecha quien encomendó la formulación de plan de factibilidad de extensión del servicio por debajo de las avenidas Santa Fe y Cabildo.
En 1987, se abrió parcial mente la estación Ministro Carranza, que fue totalmente habilitada en 1992.
A partir de 1992 se aceleraron los trámites de la próxima obra, y desde Subterráneos de Buenos Aires las autoridades impulsaron el llamado a licitación. Al poco tiempo se adjudicó la construcción de la nueva estación.
Los trabajos se iniciaron en noviembre de 1988 y el acto de apertura lo encabezó el entonces presidente Raúl Alfonsín.
La primera estación estaba previsto habilitarla tres años después, pero desde 1989 hubo numerosas interrupciones en la obra.
Según García Arecha la demora se debió a "que los fondos destinados a la ampliación -el 4 por ciento del presupuesto municipal- que fueron adjudicados mediante la ley 25.514 se usaron para cualquier cosa menos para el subte".
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