
El viaducto Monroe benefició el tránsito pero no la vida comercial
El túnel debajo de las vías del Mitre permite a los conductores ahorrar hasta 10 minutos
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La peluquera Nilda del Valle es una de las pocas comerciantes que sobrevivieron a la obra para abrir en la avenida Monroe un viaducto por debajo del ferrocarril Mitre. "No sé cómo lo logré, en realidad, sí, me endeudé. Vivía en un departamento regio y me fui a una casita más humilde. Si bien me manejo con clientas del barrio, que no dejaron de venir, tuve cortes de luz, de gas, de teléfonos, de todo. Pese a eso, rescato que la obra da más seguridad; si no, habría más accidentes en las vías", dijo en la puerta de su local de Monroe 3845, cercano a la salida del túnel habilitado hace casi 20 días.
El testimonio de Nilda refleja un sentimiento generalizado el vecindario: que el bajo nivel, que costó 71.522.000 pesos, es una obra más beneficiosa para el tránsito pasante y para la seguridad vial, que para la vida cotidiana en ese rincón de la ciudad donde confluyen Coghlan, Villa Urquiza y Belgrano.
En efecto, el flamante viaducto permite evitar las fastidiosas barreras que solían interrumpir el tráfico por la llegada de un tren cada 4 minutos en hora pico, según datos proporcionados por TBA.
Voceros de la línea 114, una de las cuatro (las otras son la 19, la 76 y la 133) que atraviesan el túnel, informaron que sus unidades tardan ahora 10 minutos menos en promedio en realizar el trayecto entre las cabeceras de Barrancas de Belgrano y Puente La Noria.
Además, tal como constató La Nacion, un viaje en taxi desde Retiro hacia Villa Urquiza se completó fuera de la hora pico en 29 minutos, recorrido que, afectado por una bajada de barrera, hubiera demandado un 15% más de tiempo.
El bajo nivel también resulta útil para las ambulancias que, con base en el hospital Pirovano, deben atender urgencias del otro lado de las vías, en las que confluyen dos ramales del Mitre. "Antes la barrera impedía la celeridad en la respuesta", sintetizó el director del SAME, Alberto Crescenti.
Como se recordará, antes de la obra –que se extendió por 11 meses– autos y colectivos cruzaban a nivel en ambos sentidos, al igual que los peatones, que disponían de dos pasos de 50 metros sobre las vías. En ese momento, el estacionamiento en ese tramo de Monroe estaba permitido, para bien de los comerciantes: todo aquel que bajara de un vehículo era un potencial cliente.
Ahora todo cambió. En ese tramo Monroe es mano única, no se permite estacionar en las colectoras del viaducto diseñadas sobre la superficie para el tránsito barrial y, para cruzar a pie de un lado al otro de las vías, hay que caminar unos 200 metros ascendentes y descendentes por la pasarela peatonal que ofrece el viaducto.
Si bien el tendido era absolutamente necesario, porque una ciudad moderna no puede estar cortada por el ferrocarril, las quejas sobran.
"Nos dividieron el barrio en dos. La gente mayor con problemas de movilidad ya no cruza porque, si bien hay rampas, tiene que caminar mucho", describieron indignados Rubén Sanfilippo y su esposa, Norma, que viven sobre Washington y atienden desde hace 30 años una cerrajería en Monroe 3633, en la otra cuadra del hospital Pirovano, a cien metros de la vía. "Como comerciantes, tampoco nos ayudó. Los autos entran en el túnel y no nos ven. Y ningún funcionario de Mauricio Macri vino a ofrecer una reparación por los perjuicios ocasionados. Eso sí: tenemos veredas nuevas", sintetizaron.
Mientras duraron los trabajos, vivir y trabajar en el eje de Monroe afectado por la construcción fue como vivir en un pueblo fantasma: con escaso movimiento y polvo proveniente de la obra flotando en el ambiente. Una veintena de locales situados en apenas 200 metros a ambos lados de la vía debieron cerrar por la clausura de la avenida al tránsito durante el avance de las tareas. Entre ellos, una veterinaria, una zapatería, una casa de diseño gráfico, una agencia de lotería, una fiambrería, una panadería y un supermercado chino.
Al igual que Nilda del Valle, Joaquín Casadio logró mantener su bar abierto en Monroe 3915. Funciona justo donde los autos ya asoman desde el bajo nivel, a la altura de la calle Estomba. El joven aseguró haber perdido el 50% de las ventas mientras duró la obra. "Tenía muchos clientes que venían directo desde Libertador o Cabildo por Monroe y podían estacionar en la puerta. Cuando cerraron la zona al tránsito, fue un desastre. Ahora volvió el tráfico, pero ya no pueden estacionar. No sé cómo va a evolucionar, todavía no noto cambios", explicó.
Ambos comerciantes, así como Silvina, una vecina con domicilio sobre Estomba, coincidieron en que los vehículos no respetan las nuevas normas de tránsito. Básicamente, que en lugar de avanzar hasta la calle Plaza para poder doblar hacia la izquierda, giran en U apenas abandonan el viaducto, se meten unos metros en contramano por la colectora y toman Estomba. La Nacion fue testigo de estas riesgosas maniobras, así como del arriesgado cruce que los peatones hacen por Monroe, en la boca del túnel, en lugar de hacerlo por el semáforo colocado a 100 metros, sobre Tronador.
Voces en positivo
Pero no todas las voces son negativas. Ariel Heredia, que hasta hace poco meses regenteaba una pet shop sobre Blanco Encalada, se animó hace pocos meses a mudar su negocio al 3854 de Monroe, en la colectora, ante la inminencia de la apertura. "Quedó muy bien. Para mí es positivo que se hayan eliminado las barreras. Incluso, los vecinos ahora caminan más por acá, porque hay más tranquilidad, ya que el tránsito viene por debajo", opinó.
Y Javier Duval se decidió a alquilar junto al pet shop hace tres meses a establecer una panadería.
Uno de los cambios que más celebra el barrio es la desaparición de los colectivos 114 y 133 sobre Naón al 2400. Antes, provenientes de Olazábal doblaban por Naón para tomar Monroe y cruzar las vías hacia el Pirovano. Ahora ese cruce lo realizan por una barrera provisoriamente abierta en la pintoresca calle Melián. Toufic Arazi y Juan Rosales, frentistas de Naón desde hace años, destacaron la tranquilidad que recuperaron gracias a que no circulan más los colectivos y dijeron sentirse más seguros por la nueva iluminación colocada en el entorno del viaducto.
Sobre Melián vive Alejandro Ricciuti y no dudó en enumerar los beneficios aportados por el túnel. "Esta vía maldita ha matado mucha gente. Además, por las barreras, se formaban colas de autos sobre Monroe desde la avenida Balbín. Está mucho mejor", expresó.
Luis Langueri solía padecer el ruido emitido por esos vehículos detenidos por el tren sobre Monroe al 3600, donde vive. "Ahora la cuadra es mucho más tranquila porque el tránsito es más fluido y no está en la superficie", se alegró.




