Embarazo y Ozempic: un estudio sugiere que la exposición temprana no aumenta el riesgo en el bebé
El análisis incluyó más de 3500 embarazos y no encontró diferencias significativas en pérdida fetal ni malformaciones, aunque no modifica las recomendaciones médicas actuales
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Quedar embarazada mientras se usan medicamentos para la diabetes o la obesidad es una situación cada vez más frecuente. Un estudio reciente sugiere que, en esos casos, la exposición en las primeras semanas no se asocia a un aumento significativo del riesgo para el bebé.
El uso de fármacos agonistas del receptor GLP‑1 durante las primeras semanas del embarazo no parece asociarse a un aumento significativo de riesgos graves para el feto, según un estudio reciente publicado en Annals of Internal Medicine. El hallazgo aporta un grado de tranquilidad en un escenario cada vez más frecuente: el de mujeres que quedan embarazadas sin haber suspendido estos medicamentos a tiempo.
Estos tratamientos, entre los que se incluyen el semaglutido —comercializado como Ozempic y Wegovy— y la tirzepatida —Zepbound o Mounjaro—, no están recomendados durante el embarazo debido a la falta de evidencia concluyente sobre su seguridad. Ensayos en animales habían sugerido posibles efectos adversos, lo que llevó a que las guías médicas aconsejen interrumpir su uso al menos uno o dos meses antes de la concepción.
Sin embargo, en la práctica clínica esto no siempre ocurre, en parte porque muchas gestaciones no son planificadas y también porque algunos de estos fármacos pueden influir en la absorción de anticonceptivos orales o incluso mejorar la fertilidad al reducir el peso y aumentar la sensibilidad a la insulina.
En este contexto, un equipo de investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard analizó datos de 3572 embarazos en mujeres que habían utilizado medicamentos GLP‑1 antes de la concepción. Dentro de ese grupo, 1467 correspondían a pacientes con diabetes tipo 2, mientras que el resto incluía en gran proporción a mujeres que los utilizaban para el tratamiento de la obesidad u otros cuadros metabólicos. El estudio comparó los resultados en dos situaciones: aquellas pacientes que continuaron con el tratamiento durante el primer trimestre —muchas veces sin saber que estaban embarazadas— y aquellas que lo suspendieron.

Tras ajustar por distintos factores de riesgo individuales, los investigadores no encontraron diferencias significativas en uno de los indicadores más sensibles: el riesgo de pérdida fetal. Este fue del 29,7% en el grupo que continuó con la medicación frente al 27,1% en el grupo que la interrumpió. La diferencia, concluyeron, no fue estadísticamente significativa, lo que sugiere que la exposición accidental en las primeras semanas no implicaría un aumento claro del riesgo.
El análisis tampoco detectó incrementos sustanciales en otros resultados adversos, como malformaciones congénitas mayores o alteraciones en el peso al nacer. De todos modos, los propios autores advierten que las estimaciones en estos casos presentaron márgenes amplios, lo que refleja cierto grado de incertidumbre. En otras palabras: los datos no muestran señales de alarma, pero tampoco son suficientes para afirmar que el uso de estos medicamentos sea completamente seguro durante el embarazo.
El estudio se inscribe en una línea de investigación reciente que busca responder a un fenómeno emergente. En los últimos años, los fármacos GLP‑1 se popularizaron en todo el mundo no solo por su eficacia para controlar la diabetes, sino también por su impacto en la pérdida de peso. Este crecimiento se da, además, en un grupo etario clave: mujeres en edad reproductiva. A medida que el uso se expande, también aumentan los casos de exposición durante etapas muy tempranas de la gestación.
“Esto proporciona cierta tranquilidad respecto de la exposición involuntaria en las primeras semanas del embarazo”, planteó Jeremy Brown, uno de los autores del trabajo. Sin embargo, tanto él como la investigadora principal, Sonia Hernández‑Díaz, fueron cuidadosos al aclarar que los resultados no cambian las recomendaciones vigentes. El uso de estos medicamentos sigue desaconsejado durante la gestación, y la planificación previa continúa siendo la principal herramienta de prevención.
Desde el punto de vista metodológico, el estudio se basó en datos observacionales, lo que implica ciertas limitaciones. A diferencia de un ensayo clínico aleatorizado, no es posible establecer una relación causal directa, sino solo asociaciones. Además, pueden existir factores no medidos que influyan en los resultados, como diferencias en la salud previa de las pacientes o en el acceso al sistema sanitario. Aun así, se trata de uno de los análisis más amplios realizados hasta ahora sobre este tema.
Otro punto a considerar es que los resultados no se presentan desagregados según el motivo de uso del medicamento. Es decir, si bien el estudio incluye tanto a mujeres con diabetes como a aquellas que los utilizan para controlar el peso, no permite distinguir con precisión si los efectos son iguales en ambos grupos. Esta falta de diferenciación limita la posibilidad de sacar conclusiones específicas para las pacientes que utilizan GLP‑1 exclusivamente para bajar de peso.
Con información de la agencia Reuters.
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