
Emiliano Giralt, el socorrista que no llegó a ponerse a salvo
Falleció mientras sacaba chicos del boliche incendiado en Once
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"Era un apasionado por ayudar a la gente." Así describe Jorge Giralt, un comisario inspector retirado de 49 años, a su hijo menor, Emiliano, de 21, que falleció en el incendio de República Cromagnon, tras salvar la vida de otros jóvenes.
Trabajaba como socorrista de Callejeros y formaba parte del Equipo de Salvataje y Socorrismo Argentino (ESSA), que había creado con una decena de amigos. Cubrían acontecimientos como festivales, peregrinaciones a Luján y marchas por el sida, siempre en forma desinteresada.
"Le sacaba los apuntes a mi hija, que estudia enfermería; lo volvían loco esos temas", dice Giralt, sentado en el living de su casa de Villa Soldati, decorado con fotos y recuerdos de su hijo.
Murió salvando vidas
El hombre muestra una de las pecheras blancas, con las siglas ESSA estampadas, que usaban los chicos cuando asistían a diferentes actos. Las cosían ellos mismos.
No era seguidor de Callejeros, pero con el equipo de socorrismo acudía desde hacía cuatro meses a los recitales de la banda.
El 30 de diciembre Emiliano y otros cinco integrantes del equipo se encontraban en el local. Su padre cuenta que vio por televisión una secuencia en la que cargaba a una chica.
"Sacó a unas cuantas personas, volvió a entrar y no salió más", relata, compungido. Explica que lo sacaron unos chicos y lo trasladaron al hospital Penna, donde falleció. Los otros miembros del equipo sobrevivieron.
"Según me contaron los chicos, el día anterior se hizo el recital con la media sombra corrida, porque habían aconsejado a Chabán [Omar, responsable del boliche incendiado] que podía ser peligrosa -cuenta Giralt-. Pero, aparentemente, por un problema del aire acondicionado la volvieron a poner."
En la puerta de su casa, ha pegado un comunicado en el que exige la renuncia del jefe del gobierno porteño, Aníbal Ibarra. No descarta presentar una querella contra el empresario Chabán, contra los socios de éste y los funcionarios que debieron asegurar que todo estuviera controlado, si la Justicia no resuelve el caso.
Antes de crear su propio equipo de rescate, Emiliano fue scout y bombero voluntario. Dejó la escuela en el primer año del secundario. Después, hizo cursos de panadería y de cerrajería. Trabajaba con su padre en el buffet del Club Sportivo Varela. Le encantaba cocinar y comer, sobre todo, platos con muchos condimentos. "Bañaba la comida con ají molido", dice Giralt.
En la casa de los Giralt, suena el timbre y el teléfono a cada rato. Son muchos los amigos del barrio que vienen a acompañar a la familia o que llaman para preguntar cómo está.
Uno de ellos es Matías Varas, de 17 años, que conoció a Emiliano en el club. "Lo recuerdo como una persona que quiso ayudar a todo el mundo", dice.
Relata que siempre que encargaba a su amigo una botella de gaseosa en el buffet, él nunca se la cobraba: "Me decía: ya que la abrimos, la tomamos entre los dos y te invito".
Así es como lo recuerdan a Emiliano en Villa Soldati, como un amigo que siempre estaba allí para los demás.
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