
En Jujuy se baila hasta cuatro días con el diablo
Es fuerte la relación con la madre tierra
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SAN SALVADOR DE JUJUY.- Ayer comenzó formalmente el carnaval del norte jujeño, festividad que tiene una poderosa tradición, hasta el punto tal que en Jujuy mañana es feriado y el martes, no laborable. Se trata de un festejo con las mismas características de los carnavales en el mundo (mascaritas, disfraces, danzas y bebidas), pero relacionado con la cosecha de los frutos de la tierra. Y no es una fiesta para ver, sino para participar activamente.
En las comparsas de todas las poblaciones de la quebrada de Humahuaca, una región agrícola típicamente andina, levantan, como si fueran estandartes, plantas de maíz y de girasol. Esa relación con la tierra comienza seis meses antes, el 1° de agosto, día de la Pachamama, cuando se preparan los rastrojos para la siembra.
El carnaval propiamente dicho comienza el jueves anterior con el "topamiento de comadres", cuando éstas se visitan, se enfloran y cantan coplas. Ese día, en cada pueblo se lleva a cabo el ceremonial del desentierro del "diablo del carnaval": un vistoso muñeco multicolor, el Pujllay, que es el símbolo de la alegría, de los impulsos de la naturaleza -que son reprimidos todo el año en la formalidad de las obligaciones de la vida cotidiana- y que se desatan de pronto con toda su vitalidad.
Cada comparsa tiene el lugar de su desentierro establecido, en un montículo de piedras especialmente preparado, lo que se realiza en medio de cantos, danzas y libaciones, papel picado, talco, espuma y serpentinas y, en ocasiones, hasta con fuegos artificiales.
Todos con todos
Allí se arman las comparsas, es decir, largas filas de parejas que bailan al compás de carnavalitos, cuecas y ritmos propios del folklore lugareño. Estas recorren calles y plazas -levantando el diablo como alegoría central, con sus bastoneros, insignias y pendones, con gajos de aromáticas albahacas en las orejas.
La danza termina en el salón de algún club contratado, prácticamente sin parar, el martes: cuatro días seguidos de bailanta.
El festejo es esperado durante todo el año, pero no por el fastuoso espectáculo, como el brasileño con su extraordinario despliegue visual para el turista. En Jujuy es una fiesta de distensión, un encuentro de participación comunitaria: se mezclan ricos con pobres, empresarios con empleados y obreros, deportistas con intelectuales; hasta las parejas se dan una suerte de "licencia matrimonial" para carnavalear tranquilos. En suma: todos se mezclan con todos.
Hasta se da el caso de que, circunstancialmente, se encuentren en el baile autoridades con gremialistas que se insultaron y criticaron todo el año. Se convierte en una catarsis social con su carga de energías positivas.
Luego aparece "el entierro del carnaval", y en la cuarta semana, el "carnaval de las flores". Después de todo este jolgorio popular, se inicia la cuaresma con todo lo que ello implica desde el punto de vista religioso.
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