
Encuentran dos cadáveres en los bosques de Ezeiza
Uno de ellos era hijo de un empresario.
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Los bosques de Ezeiza, elegidos por muchos para rendir culto a la naturaleza y a la vida sana, se convirtieron ayer en escenario de tragedias y de macabros hallazgos. Con diferencia de pocas horas aparecieron allí dos cadáveres, separados sólo por unos cientos de metros y sin aparente conexión entre ambos casos.
Según la policía, lo único que liga los dos hallazgos es el drama de la muerte.A las 9 de ayer, y tras dos días de búsqueda frenética, encontraron sin vida a Juan Domingo Carrari, de 29 años. Su cuerpo flotaba, boca abajo, en uno de los brazos del río Matanza, entre la espesura del monte. Al joven, que practicaba artes marciales y era hijo de Oscar Carrari, presidente de la consultora Analogías, lo esperaban unos amigos para acampar en la zona de bosques el sábado al atardecer.
Ayer a las 16.30, y a sólo un centenar de metros de ese lugar, cuatro muchachos que caminaban por un sendero del monte se tropezaron con un cuerpo en avanzado estado de descomposición. Lo único que pudo informar la policía es que se trata de una persona de sexo masculino, ya que del cuerpo sólo quedan huesos y ropas.
Al cierre de esta edición, los investigadores no estaban en condiciones aún de determinar si ambas muertes se produjeron por hechos violentos o si, en definitiva, se trató de decesos accidentales o por causas naturales.
Se cree que Carrari habría caído al agua tras sufrir un desmayo y que habría muerto ahogado. Según la autopsia, sufrió un "paro cardiorrespiratorio y asfixia por inmersión". Y sus familiares corroboraron que la víctima sufría cefaleas, mareos y vahídos que lo obligaban a tomar medicamentos.
Es más complejo el otro caso: por el estado de descomposición del cadáver, la policía sospecha que la muerte data de por lo menos tres meses. Fuentes de la investigación dijeron a La Nación que el cuerpo había perdido casi en su totalidad las partes blandas -músculos y vísceras-, por lo que era imposible advertir heridas que permitieran establecer si la muerte fue consecuencia de un acto criminal.
La determinación del sexo, dijeron, se estableció por la contextura del cadáver y por las ropas que aún lo vestían: camisa de mangas largas color crema, jeans azules, zapatos marrones de tipo leñadory slip rojo.
Una calificada fuente afirmó que no había proyectiles cerca de los restos ni se advertían fracturas óseas a simple vista. Un singular fenómeno hizo que una de las manos del cadáver se mantuviera casi intacta -"como momificada", graficó- por efecto del frío. Eso permitiría una eventual identificación dactilar.
Los pasos del samuray
Según varios testigos, Juan Carrari pasó la tarde del sábado junto con su novia, Karina, que lo acompañó a comprar víveres y estuvo con él hasta las 17.30. El joven acamparía esa noche con su profesor de artes marciales, Sergio Cides, y otros ocho alumnos cerca del paraje conocido como La isla de los Castores.
Fuentes ligadas a la investigación dijeron a La Nación que, presumiblemente, Carrari llegó al bosque poco antes de las 20, pero no encontró a sus compañeros. A esa hora, precisaron, se desató un breve pero torrencial aguacero. Creen que entonces comenzó a escribirseel trágico destino de Carrari.
Tras la tormenta, Cides y sus alumnos salieron a buscarlo. A un kilómetro del campamento encontraron el Volkswagen Gol de Carrari, pero no al joven. Fue el turno entonces de los efectivos de la comisaría 4a. de Ezeiza, al mando de la comisario María del Carmen Baudino. Hubo hallazgos significativos, pero ninguna noticia de Carrari.
Primero apareció el bolso del joven, a unos 500 metros del auto. Y una decena de metros más adelante, entre riachos y árboles, un sable de tipo ninja, de mango negro y sin la vaina, clavado en el suelo. Un experimentado investigador arriesgó:"El chico debe de haber usado esos elementos para marcar el camino de vuelta hasta el auto mientras buscaba a sus amigos".
No había signos de robo:nada faltaba en el bolso y el auto estaba cerrado. Ayer por la mañana, tras dos días de búsqueda, el sargento Alfredo Caballero vio el cuerpo de Carrari flotando en el agua, boca abajo:vestía pantalones y remera negros. Las prendas del guerrero ninja.
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