Energía y sustentabilidad: la secundaria porteña que abrió este año con una innovadora orientación y aún no tiene nombre
La propuesta de la Escuela de Educación Media Nº3 articula ambiente y tecnología en proyectos que incluyen inteligencia artificial, energías renovables y automatización
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“Cuando me dijeron ‘Se abre una escuela, tenés que ser la directora, le vas a dar tu impronta’, pensé ‘Es hermoso’. Es armar equipo, conocer gente”, recuerda Natalia Alegre, directora de la Escuela de Educación Media Nº3 del Distrito Escolar 13, en diálogo con LA NACION. La nueva secundaria nació este año con una propuesta que se aleja de las orientaciones tradicionales de los bachilleratos. Sus estudiantes pueden formarse en Energía y Sustentabilidad o en Informática. Otra particularidad rodea a la institución: es tan joven que todavía no recibió un nombre.
La escuela fue creada formalmente en diciembre de 2025 mediante el decreto 489/2025. Alegre y Emmanuel Camaño, vicedirector de la institución, fueron designados el 10 de febrero pasado para organizarla desde cero. Hoy tiene aproximadamente 270 alumnos de primero a tercer año, jornada simple en turnos mañana y tarde, intensificación en inglés y funciona desde su nacimiento bajo el esquema de Secundaria Aprende.
La apertura, en Juan Bautista Alberdi 4754, en el barrio porteño de Parque Avellaneda, respondió a una demanda de vacantes en la zona. “Hay un montón de escuelas primarias, pocas secundarias”, explica Alegre. Para ponerla en marcha se recuperó la antigua sede de la Escuela de Bellas Artes Rogelio Yrurtia, cuya comunidad se había trasladado en mayo de 2019 a Alberdi 4139 después de más de una década de reclamos por problemas edilicios.
Las obras, iniciadas en 2025, incluyeron la refuncionalización de espacios en ambos pisos, intervenciones en núcleos húmedos, techos y cerramientos, y la incorporación de una escalera y pasos en el primer piso. La mayor parte está terminada y actualmente continúa la construcción del salón de usos múltiples.
Desde el 2 de marzo, cuando comenzaron las clases, la propuesta comenzó a ponerse en práctica con la primera generación de alumnos. Los estudiantes de tercer año son quienes inauguran las orientaciones: Energía y Sustentabilidad aborda el estudio de recursos naturales, energías renovables, consumo y problemáticas ambientales, así como sus dimensiones sociales y económicas; Informática incorpora herramientas digitales, tratamiento de imágenes y, progresivamente, programación. Los dos recorridos, además, se cruzan en proyectos comunes.
Entre otras prácticas, los alumnos de tercer año analizan el consumo energético de sus casas, estudian distintas fuentes de energía, trabajan sobre residuos urbanos, desarrollan productos gráficos y participan de experiencias que incorporan inteligencia artificial.
De la casa al ambiente
“Cuando me enteré de la convocatoria, me puse muy contenta porque soy licenciada en Ciencias del Ambiente. Que haya una escuela con una orientación sobre el cuidado ambiental y, sobre todo, las energías renovables, es muy importante”, cuenta Mirta de los Ángeles Miño, profesora del Taller de Modelización en Recursos Energéticos, Ciencia y Tecnología, en diálogo con LA NACION.
No existe un profesorado específico en Energía y Sustentabilidad, por lo que la institución conformó un equipo docente interdisciplinario, con profesionales vinculados con las ciencias ambientales y sociales. La propuesta no se limita al ambiente: incorpora también los efectos económicos y sociales de las decisiones relacionadas con los recursos y la energía.
Los actuales terceros plantearon un desafío particular. Llegaron desde escuelas técnicas, bachilleratos e incluso desde otras provincias y, como la secundaria recién abría, no habían atravesado previamente un proceso para elegir orientación.
Miño recibió un grupo con conocimientos diferentes. El recorrido comenzó por las necesidades humanas y su relación con los recursos naturales, las diferencias entre renovables y no renovables, y los impactos de la actividad humana. Después avanzaron hacia las fuentes energéticas y por qué las alternativas disponibles dependen de las características de cada región del país.
También relacionan calentamiento global, cambio climático y retroceso de los glaciares. Pero parte del aprendizaje ocurre mucho más cerca: en sus propias casas calculan el consumo energético y analizan cómo podrían reducirlo.
Otro proyecto comenzó con un problema cotidiano: la acumulación de residuos sólidos urbanos. Los alumnos estudiaron sus consecuencias sanitarias, la aparición de roedores y moscas, y el impacto sobre el espacio público. Después tuvieron que pensar posibles respuestas.
Fue allí donde apareció la otra orientación.
Cuando el ambiente necesita de la informática
“Uno piensa desde la perspectiva de sustentabilidad y el otro desde la perspectiva de informática para crear una solución en conjunto”, explica Miño.
Los estudiantes de Informática sumaron herramientas tecnológicas al trabajo sobre residuos. Entre las iniciativas surgieron contenedores inteligentes y aplicaciones para celulares apoyadas en inteligencia artificial. La experiencia muestra uno de los objetivos de la escuela: que las dos orientaciones conserven contenidos propios, pero puedan encontrarse frente a un mismo problema.
Antonella Spinzi, profesora de Tratamiento de Imágenes por Medios Informáticos y referente del área de Informática, trabaja con tercer año B. Allí también hubo que empezar desde el principio.
“Somos todos nuevos, ellos y yo, y todos los profes”, señala Spinzi a LA NACION. Durante el primer cuatrimestre propuso ejercicios breves con programas de edición y trabajos de a dos o tres estudiantes. Además de incorporar herramientas informáticas, buscaba generar confianza dentro de un curso formado por adolescentes que hasta este año no compartían escuela.
Ahora desarrollan juegos de mesa y revistas gráficas para trabajar diseño gráfico, ilustración, tratamiento de imágenes y diseño de producto. En cuarto año incorporarán contenidos más vinculados con programación y en quinto integrarán conocimientos en el proyecto de cierre de su recorrido.
Una experiencia propuesta por el Ministerio de Educación porteño volvió a reunir a las dos orientaciones. Alumnos de Energía y Sustentabilidad e Informática, de ambos turnos, debían pensar una iniciativa que vinculara inteligencia artificial, ambiente y energía y pudiera aplicarse a una necesidad de la comunidad o de la ciudad.
Uno de los grupos proyectó un sistema con plantas orgánicas para filtrar residuos y desechos industriales antes de que llegaran al Riachuelo. El trabajo ocupó prácticamente todo el cuatrimestre.
Otro cruce empieza a tomar forma en el patio estos días. Después de un taller en el que recibieron plantas nativas, se proyectaron una huerta y jardines verticales con riego automático y paneles solares. El sistema deberá funcionar también durante los fines de semana o en enero, cuando no haya personas que puedan ocuparse diariamente del riego. Allí, los conocimientos ambientales y energéticos deberán complementarse con la automatización.
Los estudiantes también realizan salidas didácticas vinculadas con reciclado, ambiente y otros contenidos de las orientaciones.
Para quienes actualmente cursan segundo año, la llegada a tercero será diferente. Antes de elegir recibirán información sobre ambas opciones, sus contenidos y proyectos, las posibilidades de continuar estudios superiores y sus eventuales campos laborales. Primero y segundo conforman una unidad pedagógica común, aunque talleres y laboratorios ya los acercan a esas temáticas.
Las preguntas sobre el futuro aparecieron entre quienes hoy cursan tercero. Alegre recuerda que un alumno quiso saber si después podría trabajar en una petrolera. La directora le explicó que para alcanzar ese objetivo tendría que continuar estudiando y formándose.
Dos orientaciones, una misma escuela
“Cuando vos trabajás en una escuela, muchas veces parece que el turno mañana y el turno tarde fueran dos escuelas. Acá el mensaje es: esta es tu escuela, no importa el horario en que vengas”, dice Alegre.
El turno mañana funciona de 8.30 a 14.20 y el de la tarde, de 13.10 a 19. Durante una hora y diez minutos, ambos coinciden dentro del edificio. Los actos tampoco se hacen por separado: se organiza uno para toda la institución y los abanderados pueden pertenecer a cualquiera de los dos horarios.
Secundaria Aprende atraviesa a la institución desde su primer año. En primero y segundo, talleres y laboratorios permiten sumar actividades que anticipan parte de lo que los alumnos encontrarán después en las orientaciones.
A eso se agrega la intensificación en inglés, con una carga horaria mayor del idioma y una certificación prevista al finalizar quinto año.
En una escuela donde Informática es una de las orientaciones y algunos proyectos ya utilizan inteligencia artificial, el celular tiene, sin embargo, un límite preciso. Al ingresar, los alumnos dejan los dispositivos en cajas que quedan guardadas bajo llave. Solo pueden utilizarlos cuando un docente lo autoriza con una finalidad pedagógica, como acceder a Classroom.
Todavía falta otro elemento de identidad: el nombre. Oficialmente continúa siendo la EEM Nº 3 DE 13. La denominación deberá surgir de un proceso en el que participen estudiantes, familias, docentes y autoridades, y podrá ser una persona u otra alternativa relacionada con las orientaciones y la identidad que construya la institución.
Luego será necesario fundamentar la elección y elevarla a la Legislatura porteña para su aprobación. La normativa contempla un plazo de hasta cinco años para completar ese proceso.
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