
Enojado porque su carnet dura un año
A los 82 años, quiere que el registro se extienda según las capacidades del conductor
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Norberto se enojó y discutió cuando, en el Autódromo, el médico le avisó que sólo le renovarían la licencia de conducir por un año. “¡Si no estoy en condiciones no me la dé ni por media hora!”, le dijo, enfurecido. “Usted trabaja de ordenanza, pero yo, como contribuyente, le pago un sueldo de médico”, le espetó Norberto, antes de irse.
Norberto Brodsky es artista plástico y tiene un pulso que envidiaría cualquier cirujano. No usa anteojos ni para leer la letra chica. Y no concibe que su carnet tenga sólo un año de vigencia.
“¿Quiénes tienen más accidentes? Los jóvenes, que tienen más ímpetu pero menos prudencia. La gente mayor maneja mejor; los jóvenes andan vivoreando por las calles... El registro tiene que estar acorde con las capacidades de cada persona.” En defensa de esa idea Norberto se puso tan firme con LA NACION como aquella mañana en la Dirección de Licencias.
A los 82 años, Norberto tiene una agenda colmada. Practica voley y gimnasia tres veces por semana, lee, escribe, pinta y esculpe. “Me levanto a las 5 y no me alcanza el día”, aseguró. “El que hace una sola cosa vive una sola vida”, lanzó a modo de máxima.
“La prudencia es no viajar de noche, cuando el centro de luz es limitado y hay animales sueltos”, aconsejó, antes de recordar los viajes a su Entre Ríos natal en la voiture.
Su departamento está tapizado de sus cuadros y sus esculturas. “Parece una casa, pero es una exposición”, bromeó.
A pedido de LA NACION, Norberto comenzó a llamar a sus amigos de más de 100 años para preguntarles si todavía conducían por las calles de la ciudad. “Ah... ¿No? ¿Sacaste el registro pero hace 40 años que no manejás?”, retó a Jacobo, de 102 años. “Vidal tiene 104 pero ahora no contesta. Seguro que anda paseando...”
“¿Qué apuro tengo? Yo no manejo para marcar un récord. La gente mayor tiene más criterio”, dijo, mientras conducía a la cronista de LA NACION por las calles de Belgrano a bordo de su Peugeot 206 gris.
Mientras conducía, apuntaba errores frecuentes: “Mucha gente toca la bocina cuando no hace falta. ¡La luz del semáforo no va a cambiar porque toquen bocina! Y los taxis no pueden parar en todas partes...”.
Norberto está casado con Haydeé desde hace 54 años. Tienen dos hijas gemelas y tres nietos adolescentes. Fue comerciante y a los 75 “liquidó todo”. No usa celular: sólo tiene un teléfono móvil en el auto por cualquier cosa. “A estas alturas yo no tengo urgencias. ¡Todo puede esperar! El teléfono está por si tengo algún accidente y quiero hablar con mi familia”, explicó.
–¿Su esposa maneja?
–Ella me maneja a mí y yo manejo el auto.
Conduce desde los 15 años. Se nota que le sobra experiencia al volante. Norberto es prudente, con antelación avisa de sus próximos movimientos a los demás automovilistas. Atento al tránsito, no dejaba de conversar. “Manejar para mí es como caminar. Disfruto manejando, me encanta viajar”, confesó.
“Y... ¿te convenciste de que manejo”, ironizó al llegar al estacionamiento. Estaba seguro de que la pregunta que le hizo a la cronista de LA NACION tendría una respuesta positiva.
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