
Entre la alegría, el desahogo y el vacío
Jorge Britos agachó la cabeza y su cara se quebró en un llanto sobre la barra del bar Antojos, en el 578 de la Avenida de Mayo. Desde allí, junto con otros padres y familiares de víctimas de Cromagnon, había seguido la definición del juicio contra Ibarra.
Britos, que en la tragedia perdió a una sobrina y a la hija de ésta, se veía aturdido. “No estoy contento con la destitución. Me siento vacío. Pero, a la vez, vuelvo a creer en la política y en la Justicia. Aunque nadie nos devolverá a nuestros hijos, por primera vez siento que esta mochila que llevamos desde hace 14 meses comienza a ser menos pesada. Creo que hoy se hizo justicia”, dijo a LA NACION, y se perdió en un mar de abrazos que se multiplicaban.
Afuera, otros familiares de las víctimas y agrupaciones de izquierda festejaban la destitución de Ibarra con cánticos y banderas y alzando las fotos de los muertos en el incendio del local de Once, el 30 de diciembre de 2004.
A metros de allí, otro grupo de padres, que durante todo el juicio político brindó su apoyo a Ibarra, se mostró disgustado con el resultado de la votación.
“El único balance que podemos hacer es que todo terminó como había empezado: mal. Nosotros tuvimos que soportar intimidaciones, amenazas y discriminación sólo porque no pensábamos como ellos”, comentó Nancy Palma, madre de una sobreviviente de la tragedia. Horas antes, dentro de la Legislatura, a unos metros de donde Britos y otros familiares siguieron el juicio por televisión, unos cincuenta padres ocuparon un lugar en el recinto especialmente reservado para ellos. Sus rostros eran duros. Y parecían estar listo para dar pelea. Pero siguieron el desarrollo del juicio en silencio.
Tal vez ellos también estaban confundidos por una reunión que al mediodía habían mantenido con la diputada Beatriz Baltroc. En aquel encuentro, la legisladora les había comunicado que no iba a votar en favor de la destitución de Ibarra, tal como se lo había prometido tiempo atrás. Fue entonces cuando los familiares temieron que los votos no alcanzaran para quitar a Ibarra del poder.
"Estás eligiendo el peor camino", fue la lacónica frase que lanzaron los padres cuando Baltroc les comunicó su decisión.
La votación no fue breve. Duró más de tres horas. Y durante todo ese tiempo los familiares presentes en la Legislatura respetaron la votación de los legisladores. Cada vez que un diputado votaba en favor de la destitución, agitaban las pancartas que mostraban las fotografías de sus hijos muertos. No hubo aplausos. Pero el grupo siguió con singular atención los discursos de los legisladores Florencia Polimeni y Helio Rebot.
Sobre éstos había una gran expectativa por saber si iban a votar en favor, o no, de la destitución de Ibarra.
Desahogo
El desahogo llegó antes del décimo voto. Eran las 16.25 cuando el legislador Gerardo Romagnoli anunció que votaba por la destitución del jefe de gobierno. Fue entonces cuando los padres y familiares de las víctimas de República Cromagnon pudieron respirar aliviados.
Sabían que con ese voto el juicio político iba a terminar como ellos querían: con la destitución. No obstante, no rompieron el silencio. Algunos se tomaron de las manos. Otros se abrazaron. Y no se movieron de sus asientos hasta que el presidente de la Sala Juzgadora, Julio Maier, anunció que el debate había concluido y que Ibarra tendría que dejar su cargo.
De a uno salieron del recinto. En los pasillos comenzaron a gritar: "Justicia, justicia. Los pibes de Cromagnon, presentes hoy y siempre".
Hubo llantos y abrazos. Muchos abrazos. "La única sensación que tenemos es que se hizo justicia. Me siento orgulloso de los discursos de los legisladores Rebot y Polimeni. El juicio político no fue una cuestión de izquierda o derecha. Hay corruptos o no corruptos", dijo a LA NACION Juan Carlos Propatto, padre de Lucía, una adolescente de 15 años que falleció en Cromagnon.
Tras la finalización del juicio, poco a poco, la esquina de Perú y Avenida de Mayo se llenó de sobrevivientes y familiares de víctimas que se sumaron a los padres, jóvenes y militantes de izquierda que, desde allí, habían seguido la votación.
Ese grupo de más de mil personas espontáneamente decidió marchar hacia el memorial levantado en homenaje a los 193 fallecidos en el boliche de la zona de Once.
"Hoy es un día histórico. Se hizo justicia. Hoy [por ayer] hay dos muertos políticos: Ibarra y Baltroc", afirmó el abogado José Iglesias, padre de Pedro. Y Luis Fernández, padre de Nayla, de 19 años, dijo: "No tenemos alegría porque la lucha continúa. Ahora esperamos que Ibarra sea citado a declaración indagatoria".
A paso lento
La marcha comenzó a paso lento y las mil personas se dirigieron por la Avenida de Mayo al barrio de Once. Al compás de bombos y redoblantes la multitud no se cansó de cantar: "Ibarra se va del poder para nunca más volver". O: "Ni bengalas ni rocanrol, a nuestros hijos los mató la corrupción".
En la esquina de Perú, a metros de la marcha que se alejaba, Pedro García, padre del fallecido Gastón, aseguró a LA NACION que la destitución de Ibarra es el principio de la lucha judicial. "Sabemos que esto es el comienzo. Ahora podemos enfrentar a Ibarra como a un simple ciudadano. El y otros tantos funcionarios tendrán que responder por hacer abandono de persona. Seguiremos el juicio hasta las últimas consecuencias", adelantó el padre.
Y Mercedes Blanco, madre de Lautaro, concluyó: "Se puede. Hoy se demostró que nadie es invencible. La alegría que nos queda es que le demostramos a los jóvenes que no todo es una mierda".
Las palabras de Blanco parecieron apagarse cuando la marcha llegó al memorial. Entonces el silencio lo llenó todo y cada familiar, uno por uno, depositó allí una rosa o dejó un beso para su familiar fallecido. Luego, de a poco se fueron y desaparecieron en la soledad de la noche.







