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"Era comer o respirar". Cuando el Covid-19 se ensaña con personas jóvenes y sanas

María Nöllmann
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29 de septiembre de 2020  • 00:09

Una vez concluida su última guardia de la semana, María de Vedia, médica residente de 28 años, salió del hospital con una leve sensación de irritación en la garganta. No se preocupó; no sentía ningún otro síntoma que pudiera atribuirse al Covid-19 y tenía varios días de descanso por delante. Pero a la mañana siguiente se despertó con una llamada del hospital. Una de sus compañeras de guardia tenía coronavirus. Tres días después, su hisopado también dio positivo.

María se mantuvo aislada durante los siguientes cuatro días sin ningún tipo de molestia, hasta que comenzó a sentir que le faltaba el aire. "Al principio solo me pasaba cuando hacía la cama. Pero, al tiempo, tenía que hacer pausas entre las palabras. Por las noches, me costaba comer. Era comer o respirar", recuerda, dos meses después.

Nadie entiende por qué me pegó así.

Los diagnósticos médicos fueron cambiando. Al principio, le dijeron que tenía neumonía, que volviera a su casa y tomara antibióticos. Luego, cuando la falta de aire no cesaba, le aseguraron telefónicamente que era un ataque de pánico. Pero ella sabía que no era ese el cuadro. El diagnóstico final fue una disautonomía de tipo viral, una rara afectación al corazón causada por el Covid-19, y el tratamiento fue reposo total por una semana e hidratación. "Nadie entiende por qué me pegó así. Se sabe muy poco sobre este virus. Soy sana y joven y, de todas formas, la pasé muy mal", sostiene. María se hizo el hisopado el 24 de julio y tardó un mes en poder volver a trabajar. Al principio, comenzó con guardias cortas, de seis o 12 horas, y la semana pasada, pudo volver a las de 24.

Los especialistas admiten que falta mucho por conocer de la enfermedad y que los virus se manifiestan de una manera diferente en cada cuerpo
Los especialistas admiten que falta mucho por conocer de la enfermedad y que los virus se manifiestan de una manera diferente en cada cuerpo Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Las historias de jóvenes que sufrieron efectos graves por Covid.19 no abundan, pero existen. Hasta la fecha, se confirmaron 326.527 casos de personas de entre 20 y 40 años con Covid-19. El 95% de ellos -310.661 pacientes- cursaron la enfermedad sin internación. Entre quienes necesitaron ser hospitalizados -el restante 5%-, 634 requirieron cuidados intensivos y 233 recibieron asistencia respiratoria. Desde el 3 de marzo pasado, cuando se confirmó el primer caso positivo en la Argentina, hasta el domingo pasado, fallecieron por coronavirus 427 personas de entre 20 y 40 años, de las cuales 1 de cada 3 no estuvo hospitalizada.

Los datos surgen de un análisis realizado por LA NACION Data a partir de la base de datos abiertos del Ministerio de Salud de la Nación. El análisis tiene en cuenta los casos desde el 3 de marzo pasado hasta el 27 de septiembre inclusive, cuando el total de infectados sumaba 702.480 y el de fallecidos, 15.543, sin contar los 3500 nuevos casos informados por el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Según los médicos consultados por LA NACION, todos los virus se manifiestan de una manera diferente en cada cuerpo. Pero el hecho de que el Covid-19 sea nuevo incrementa el desconocimiento sobre sus posibles efectos en la salud. Las certezas sobre factores de riesgo y posibles tratamientos aumentan con el pasar de los meses, pero, según destacan los especialistas, todavía prima la incertidumbre. "Esto se parece a una lotería. Hay quienes mueren sin tener ninguna enfermedad preexistente, inclusive jóvenes, aunque estos son una pequeña minoría", afirma Martín Hojam, infectólogo del Hospital Rivadavia y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI). Según sus registros, el 90% de los internados por Covid-19 en el Hospital Rivadavia son mayores de 70 años.

Esto se parece a una lotería.

"Los médicos me preguntaron muchas veces si era fumador, si tenía diabetes u otro tipo de enfermedad. Yo les respondía que no, que siempre fui sano, y ellos no lo podían creer", recuerda Carlos Ávila Beccera, de 34 años. Carlos nació en Colombia y vive hace 10 años en la Argentina. Él y su novia, argentina, creen haberse contagiado el 15 de marzo, cuando tomaron un vuelo para volver de sus vacaciones en Colombia. Los síntomas de su pareja fueron leves: pérdida del olfato y fiebre baja. Al principio, los suyos también, pero, de un día para el otro, el cuadro se complicó. "Empecé con tanta tos que me ahogaba y tenía 39 de temperatura. Para cuando llegué al hospital, ya no podía ni respirar. Sentía como si una persona de 60 kg estuviera sentada sobre mi pecho", describe.

Sentía como si una persona de 60 kg estuviera sentada sobre mi pecho.

El hospital que lo recibió decidió derivarlo al Sanatorio Agote, donde fue intubado y se le realizó una traqueotomía. El diagnóstico fue neumonía aguda. "Ni siquiera comprendía qué era una intubación. No sabía que iba a estar 20 días en coma farmacológico", cuenta. Carlos despertó el 26 de abril, pero solo recuerda lo que sucedió a partir del 29. Salió del hospital a finales de mayo, con 18 kilos menos. No le quedó ninguna secuela en sus pulmones y se siente bien, animado, a pesar de que todavía se cansa rápido. "Camino dos cuadras desde mi departamento hasta el kinesiólogo y llego arrastrando los pies -dice y se ríe- pero estoy muy bien, por suerte. Fue un gran susto, especialmente para mi familia y mi novia".

A Carlos debieron realizarle una traqueotomía y fue inducido a un coma farmacológico
A Carlos debieron realizarle una traqueotomía y fue inducido a un coma farmacológico

Según la infectóloga Micaela Mayer Wolf, la heterogeneidad de los síntomas que genera el Covid-19 en cada persona es una propiedad característica de los virus. "Un virus es mucho más impredecible que una bacteria. De este, en especial, se sabe muy poco. Es nuevo y hay pocas respuestas. Ahora sabemos que el sobrepeso, unos 10 kilos de más, es un factor de riesgo para todas las edades, pero hay cosas que todavía no se pueden explicar", afirma. En jóvenes, asegura, el virus puede generar cascadas de inflamación en algún órgano del cuerpo, como le ocurrió a María De Vedia en el corazón, pero esto se da en la minoría de los casos. La médica conoce de cerca el caso de una familia conformada por una madre con tratamiento por cáncer de mama, un hijo diabético y un padre sin ningún factor de riesgo, de 53 años. Los tres tuvieron coronavirus. Los dos primeros se salvaron, pero el padre murió.

Un virus es mucho más impredecible que una bacteria.

Algunos aspectos se evidencian. Hojam asegura que muchas veces el nivel de gravedad está relacionado con la respuesta inmune de esa persona frente al virus, que puede variar según determinados factores: si el paciente estuvo expuesto previamente a otro coronavirus -factor que mejora la respuesta del cuerpo ante el Covid-19-, si tiene alguna enfermedad subyacente y si sufre de estrés, entre otros. Por otro lado, indica que no hay ningún indicio de que la gravedad de los pacientes dependa de la carga viral. Lo que sí depende de la carga viral es la transmisibilidad: cuanto más alta la concentración del virus, mayor posibilidad de contagio.

Los síntomas menos conocidos

"Los síntomas que comúnmente se conocen son los que definen a la enfermedad. Pero también se ven otros completamente diferentes y poco conocidos, presentes en una minoría de los casos", explica Hojam. Es el caso de Delfina Diez Ojeda, de 31 años. Su primer y principal síntoma no fue fiebre ni tos ni dolor de cabeza. "Tenía un dolor insoportable en las piernas, desde la cadera hasta los pies. Lo único que me calmaba era meterme en la bañadera con agua caliente", recuerda. Delfina cree haberse contagiado de su novio, con quien convive, y quien presentó síntomas leves. Ella fue hospitalizada antes de hacerse el hisopado.

Después del alta, Delfina pudo retomar de a poco su vida normal
Después del alta, Delfina pudo retomar de a poco su vida normal

"Cuando llegué al hospital, me hicieron un laboratorio y me hisoparon. Me dejaron internada porque tenía muy bajos los glóbulos blancos y me anticoagularon. Yo preguntaba qué podía ser el dolor de piernas, pero me decían que no sabían", relata.

Mis papás estaban muy preocupados. Ni siquiera podían recibir el parte médico.

Sus síntomas fueron cambiando durante las dos semanas que permaneció en el hospital, desde el 20 de junio hasta el 4 de julio. "Me asusté muchísimo. Es horrible sentirte mal y estar tanto tiempo internada sin acompañamiento. Mis papás estaban muy preocupados. Ni siquiera podían recibir el parte médico. No entiendo por qué me agarró así a mi, que nunca me enfermo", comenta Delfina.

Ya no siente dolor en las piernas, la pesadilla terminó. Y, de a poco, empieza a ceder la angustia de los peores días de una internación, marcada por la soledad y la incertidumbre.

Con la colaboración de Natalia Louzau

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