
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más.

NUEVA YORK.– La Universidad de Michigan reemplazará desde el año próximo las calificaciones tradicionales con letras para los estudiantes ingresantes durante el primer semestre por un sistema de aprobado/desaprobado, para facilitar la transición de los nuevos alumnos a la vida académica.
El plan entrará en vigor en el otoño de 2027 en la Facultad de Literatura, Ciencia y Artes de la universidad. Tiene como objetivo aliviar la presión sobre los estudiantes de primer año y ayudarlos a “comenzar con fuerza y frenar la crisis de salud mental que se desarrolla entre los jóvenes universitarios”, señaló la institución en un comunicado.
Según el plan, las calificaciones con letras del primer semestre seguirán siendo registradas internamente por la universidad para cuestiones como informes de cumplimiento y elegibilidad para honores académicos. Sin embargo, los expedientes académicos de los estudiantes reflejarán “aprobado” (“pass”) para cada curso o “desaprobado” (“no credit”). Estas calificaciones del primer semestre no se tendrán en cuenta para los promedios generales.
El nuevo plan de calificación es similar a la forma en que el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) registra las notas. Las calificaciones del primer semestre de los estudiantes de primer año en el MIT se reportan como aprobado o desaprobado, para permitir que los estudiantes tengan tiempo de acostumbrarse a una mayor carga de trabajo universitario y a diferentes métodos de enseñanza, explica el MIT en su sitio web.
En muchos cursos de la Universidad Brown, un estudiante puede elegir entre dos opciones de calificación, según la institución. Una es una calificación de A, B, C o desaprobado. La otra es un sistema de satisfactorio/no satisfactorio.

La Universidad de Michigan afirmó que el propósito del cambio “es ayudar a los estudiantes de primer año a adaptarse a las exigencias de la universidad” y permitirles establecer su trayectoria académica inicial con menos presión por las notas. “Por ejemplo, pueden explorar una materia que quizá no les resulte fácil o tomar un curso en un campo nuevo sin el temor de que una calificación baja pueda tener consecuencias a largo plazo”, sostuvo la institución en su comunicado.
La Facultad de Literatura, Ciencia y Artes, la más grande de la universidad, cuenta con unos 3500 estudiantes de primer año, según la casa de estudios. El número total de ingresantes de primer año en la universidad es de aproximadamente 8000.
Summit Louth, presidente del centro estudiantil de la universidad, calificó el cambio en las calificaciones como “algo increíble” y dijo que los estudiantes con los que habló apoyaron mayoritariamente la nueva política.
“Ayudará mucho a que los estudiantes adopten una rutina saludable y sostenible durante el tiempo que estén aquí”, afirmó.
Louth, de 20 años y estudiante de tercer año, comentó que una política así lo habría ayudado cuando era un estudiante de primer año recién llegado al campus. “Estás tratando de descubrir cómo ser un adulto y vivir por tu cuenta –dijo–. Se vuelve extremadamente estresante tener que equilibrar eso con el deseo de ser un estudiante de excelencia”.
La política enfrentó críticas inmediatas de personas que argumentaron que facilitar el ámbito académico a los estudiantes no los ayuda en última instancia. Rick Hess, investigador principal y director de estudios de política educativa en el American Enterprise Institute, afirmó que la política es “exactamente el diagnóstico equivocado”.
“Resulta que sobreproteger a los estudiantes universitarios no mejora realmente su salud mental”, señaló. “Crea un sentido de derecho. Crea una falta de tensión productiva”, añadió.

Hess insta a adoptar el enfoque opuesto. Pidió “aumentar el rigor” en los cursos y “elevar las expectativas” sobre los estudiantes, con medidas como requisitos mínimos de lectura sólidos y restricciones al uso de teléfonos celulares en el campus.
Jonathan Alpert, psicoterapeuta y autor, coincidió en que obtener una mala calificación puede sentirse terrible y causar ansiedad en los estudiantes. “Pero sentirse mal no es lo mismo que estar enfermo”, aclaró. “Me preocupa que los terapeutas y las instituciones hayan desdibujado esa distinción”, continuó.
“La universidad debería ser uno de los lugares donde los jóvenes aprendan que la evaluación no siempre es placentera”, sostuvo. Los estudiantes pueden obtener una C o menos, escuchar críticas de un profesor o no conseguir la pasantía que deseaban. “Esas experiencias pueden doler, pero aprender que puedes tolerarlas y seguir adelante te prepara para la edad adulta”, sumó.
Chris Hulleman, profesor de educación y política pública en la Universidad de Virginia, consideró que es una señal positiva que “las instituciones estén pensando en la calificación y haciéndolo de manera diferente”.
Las investigaciones sugieren que la calificación de aprobado/desaprobado ayuda a reducir el agotamiento en los estudiantes y que “desde una perspectiva motivacional, las calificaciones que comparan a los estudiantes entre sí tienden a aumentar la ansiedad”, explicó.
Otras instituciones destacadas, como la Universidad de Harvard, tomaron el camino opuesto con las calificaciones, haciéndolas más competitivas. La Facultad de Artes y Ciencias de Harvard votó mayoritariamente en mayo para restringir la cantidad de calificaciones A que los profesores pueden otorgar en las clases de grado. La escuela limitó las A a aproximadamente el 20% de las calificaciones en una clase, tras un extenso estudio y debate sobre cómo abordar la inflación de notas.



