
Están en peligro las turberas de Tierra del Fuego
1 minuto de lectura'
USHUAIA.- Las únicas turberas de la Argentina están en Tierra del Fuego, y libradas a la buena de Dios: se desconoce la superficie que ocupan, no están inventariadas ni clasificadas, las concesiones de explotación se otorgan sin planificación y están en la mira del mercado internacional porque los países proveedores tradicionales tienen agotadas o contaminadas sus reservas.
Los siete productores fueguinos que aprovechan la turba de septiembre a mayo en forma artesanal se quejan por la "falta de apoyo oficial" y los "inconvenientes" burocráticos que deben sortear para exportar productos al continente.
Exportar turba es tan traumático y caro como mandarla a Europa: recarga el valor del producto y disminuye las posibilidades de comercialización, porque "el 10 por ciento del valor de la carga se nos va pagando controles y gastos aduaneros", explicó el productor Miguel Oyarzún.
El geólogo Claudio Roig, del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic), agregó que "la explotación de turberas en Tierra del Fuego es muy baja, pero se necesita tomar medidas de planificación antes de que empiece la extracción organizada a gran escala, para que no ocurra lo que en el hemisferio norte, donde el recurso se agotó".
Por su parte, el especialista alemán Manfred Niekisch, de la Universidad de Greifswald, en su paso por Tierra del Fuego advirtió que la creciente presión internacional sobre el recurso en la isla puede "afectar negativamente a los productores artesanales, que no pueden competir con las grandes empresas extractoras, que ingresan con maquinaria superior y la producción ubicada de antemano en el mercado".
Un banco de datos
La turba se diferencia del resto de los minerales por ser el único orgánico y por el rol particular que cumple en el ambiente. Sin embargo, la falta de conocimientos atenta contra la posibilidad de compatibilizar la industrialización con la conservación para uso paisajístico y científico de las únicas turberas del país.
La geógrafa Andrea Coronato (Cadic) precisó que en la actualidad hay un "gran vacío de conocimientos sobre el rol que desempeña una turbera en el paisaje, su funcionamiento como ecosistema y cómo se interrelaciona con el bosque marginal, los recursos hídricos y la fauna".
Frente a esto, los especialistas se reunieron hace algunas semanas en el Cadic para generar "herramientas de gestión para los planificadores y fiscalizadores" del recurso y concluyeron que en la provincia existen deficiencias "técnicas, legales, de fiscalización y de registro tanto para el uso extractivo como para la conservación" de las turberas.
Entre otras medidas, plantearon la necesidad de modificar el Código Federal Minero para diferenciar la turba de los áridos, que están catalogados como minerales de idéntica categoría.
"Además de un recurso, las turberas son un excepcional banco de datos de indicadores paleoambientales porque conservan registros muy precisos vinculados con la vegetación, la fauna y el clima de los últimos 15.000 años", reveló el geólogo Jorge Rabassa.




