
Están rotas más de la mitad de las rampas
El 60 por ciento de las bajadas para personas de movilidad reducida está en mal estado o construido en forma no apropiada
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En 1998, el gobierno porteño ordenó construir 12.000 bajadas peatonales para el acceso de personas con movilidad reducida a las veredas de la ciudad. Pero muchas de estas rampas, en lugar de constituir una ayuda representan un verdadero peligro para los discapacitados: las pendientes son más pronunciadas de lo aconsejable por las normas vigentes, la superficie es resbaladiza, no son lo suficientemente anchas o están destruidas.
A raíz de una gran cantidad de denuncias recibidas en sus oficinas, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires decidió hacer un análisis del estado de las rampas en el área comprendida por la avenida Coronel Díaz, desde Las Heras hasta Santa Fe, donde se verificaron 57 vados.
Ninguno de ellos cumple con las normativas vigentes en lo que hace a dimensiones, pendientes, superficie o material con el que fueron construidos, según la Defensoría.
Casi el 30% son de plástico
Y, tan malo como la construcción es el estado en el que se encuentran. Prácticamente todos tienen fisuras o roturas. Y el resto de las bajadas peatonales de la ciudad no escapa a esta descripción.
Unas 3500 de las 12.000 rampas que se construyeron en Buenos Aires tienen un recubrimiento plástico, un material que no está autorizado por la reglamentación vigente.
El 60 por ciento de ellas presenta problemas, según el director de Obras Públicas del Gobierno de la Ciudad, Fernando Fornas.
El funcionario aseguró que comenzarán a reparar estas bajadas en las veredas a partir de la semana próxima: "Se va a retirar el recubrimiento de las que estén en mal estado y se las va a reconstruir con hormigón armado", indicó a LA NACION.
La defensora del pueblo de la ciudad, Alicia Oliveira, sostuvo que ya en 1999 había denunciado que las rampas se estaban construyendo incorrectamente y que los materiales que estaban utilizando no eran los permitidos, pero que, pese a ello, se continuó con la instalación de vados en forma deficitaria.
Fornas admitió que la instalación de las rampas "no cumplió ciertas normas", pero argumentó que no se realizaron durante la gestión de Aníbal Ibarra, sino en la anterior.
"Los vados peatonales están destruidos en toda la ciudad. En la zona sur directamente casi no hay -sostuvo Oliveira-. Recibimos denuncias permanentemente y no sólo de personas en sillas de ruedas, porque estas rampas cubren muchas necesidades."
Para cualquier persona que no se siente discapacitada podrían pasar inadvertidas, pero para un discapacitado estas rampas son vitales. Si están rotas, o directamente no existen, quedan a la buena voluntad de otros para poder subir a las veredas tras cruzar la calle y lo cierto es que su deseada autonomía queda truncada.
No sólo son imprescindibles para los que se movilizan en sillas de ruedas, sino que también son útiles para las personas que llevan cochecitos de bebe, para los carritos de los repartidores, las señoras mayores que cargan changos de supermercado y no pueden alzarlos para alcanzar la acera o para los que utilizan bastones.
Además, dificulta el cruce de calles para los ciegos por la falta de una señalización que pueda ser captada por los bastones y que les indique el cambio de superficie en muchas de las rampas.
Resbalosos y rajados
Si bien las normas vigentes establecen que deben ser construidas con un tramado de hormigón armado cubierto por un baño de concreto con cal (solado), la realidad es que muchas, unas 3500, están recubiertas con un material plástico.
Además del peligro que este material representa, debido a que la superficie se vuelve resbaladiza, más aún cuando llueve, el plástico tiene la desventaja de que se no mantienen soldadas las juntas entre la rampa y la acera.
"Se levanta como una baldosa y forma un desnivel que no sólo puede trabar la silla de ruedas, sino que cualquiera puede tropezar con él y caerse", dijo Oliveira.
La diferencia entre vados y rampas consiste en que los primeros tienen a sus costados unos laterales que acompañan la inclinación de la pendiente y ayudan a que la silla de ruedas se mantengan en el carril.
De nada sirven los laterales si no cumplen con las especificaciones de altura necesarias. Eso es lo que ocurre en no pocos casos. Y muchas de ellas tampoco son lo suficientemente anchas como para que la silla de ruedas se desplace con facilidad.
"Otro de los problemas es que a veces hay elementos que obstaculizan el desplazamiento, como autos mal estacionados en el acceso, postes, contenedores de residuos, cabinas o tapas de desagüe", sostuvo la defensora, que sugirió que los vados sean demolidos y ejecutados de acuerdo con la reglamentación vigente.
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