Exhibirán la cultura prohibida
El realizador Di Tella reunió en un film expresiones culturales silenciadas.
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"He prohibido 130 películas y estoy muy satisfecho. Mi ideal es llegar a 200 en un año". La frase de Tato, por cierto no del entrañable humorista de la TV, sino la de Miguel Paulino -el censor del último gobierno militar- no por anacrónica suena remota. Los recientes pedidos judiciales de censura contra los films "La última tentación de Cristo" y "Larry Flynt" exponen conductas reconocibles.
La expresión de Tato integra el documental "Prohibido", donde el joven realizador Andrés Di Tella bucea en la cultura argentina durante el Proceso de Reorganización Nacional. El trabajo está dedicado al fallecido periodista José Luis Cabezas.
Con la producción de la Secretaría de Cultura de la Nación y la intervención de la productora Patagonik, la propuesta tiene imágenes y testimonios reveladores de artistas, intelectuales y periodistas, cuyas vidas fueron atravesadas por la daga de ese tiempo histórico.
Beatriz Sarlo, Norma Aleandro, José Gobello, Osvaldo Bayer, José Gobello, Kive Staiff, Jacobo Timermman, Horacio Guarany, Ricardo Piglia, Alberto Ure y Raúl Portal son parte de la galería de nombres que tiñen la memoria del presente con los recuerdos de una época fuerte.
Di Tella, hijo de Torcuato y sobrino de Guido Di Tella (canciller de nuestro país), porta un apellido de inevitable vinculación con el emblemático instituto de vanguardia artística durante la década del flower power.
Ganador de la beca Guggenheim el año último, guionista, productor televisivo y documentalista fogueado en la cadena televisiva PBS (Public Broadcasting System), realizó varios trabajos sobre cultura argentina y latinoamericana.
Con la mirada atenta
El interés de Di Tella en la historia política y cultural no es nueva. En 1994, su documental "Montoneros, una historia" se emitió por Telefé y el año último, fue exhibida en el Centro Cultural Rojas, de la UBA.
"Apenas decidí hacer este documental me pregunté ¿Cómo fue aquella época? ¿Qué me perdí, aunque en este caso con suerte?", reflexiona el realizador.
Su tarea de recopilación documental fue árida. De ATC no consiguió un sólo testimonio audiovisual para su película, aunque pudo acceder al material de archivo del viejo Canal 11, actualmente Telefé.
"La dictadura miitar, en algún sentido y en una dimensión más chica, es como nuestra propia Segunda Guerra Mundial, por el trauma que dejó para todos. Yo quise investigar y mostrar qué cultura permitió que esa época existiera", dice el realizador, mientras edita el film que se estrena el mes próximo.
"Los que no se exiliaron -comenta reflexivamente-, sobrevivieron en una suerte de zonas grises, en las catacumbas de la cultura. Se reunían en departamentos y estudiaban, por ejemplo, a Sarmiento. Beatriz Sarlo dice en el film que aquella fue su etapa más intensa. Precisamente, porque esa actividad cultural era considerada ilícita se hacía tan intensa".
Cultura en el exilio
En la óptica de Di Tella, durante la larga noche del último gobierno militar, "la cultura siguió existiendo, pero era más oficialista. No hubo un apagón cultural, porque había una cultura en el exilio y otra en las catacumbas dentro del país".
El vigor de la cultura provenía, según explica, de su condición de prohibida. "Montar una obra de teatro con un contenido crítico significaba algo fuerte. Ese hecho no tendría hoy el mismo significado".
Comenta que "la persecución y la censura contra la cultura terminaron por refirmarla. Ella se las ingenió para seguir viviendo". A fuerza de ser perseguida, terminó por resistir.
El realizador reflexiona que durante esa etapa histórica la cultura y los intelectuales debieron caminar sobre una cornisa peligrosa, la misma que separa a la vida de la muerte.
Consultado sobre cuál es el efecto que esa cultura tiene sobre la actual, Di Tella dice: "Creo que existe todavía el trauma por lo que ocurrió. Esto se advierte, sobre todo, en la autocensura. Creo que hasta que no se analice lo que culturalmente nos pasó, aquella época no se superará".
"Mi impresión -subrayó luego- es que la cultura argentina no se recuperó de esa etapa. Los intelectuales y los artistas tienen cierta responsabilidad de explicar qué pasó en el país. El asesinato de José Luis Cabezas me trajo de regreso a la memoria las cosas terribles que ocurrieron en aquel tiempo."




