
Exponen objetos que pertenecieron a Manuel Belgrano
Valor: en la muestra del Banco de la Ciudad se presenta el reloj de oro con el que el creador de la Bandera pagó los honorarios a su médico personal.
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El sable que el general Manuel Belgrano utilizó en los frentes de combate y el reloj de bolsillo de oro con el que pagó los honorarios de su médico personal, poco antes de morir, son los objetos más valiosos que se exponen en la Muestra Histórica Belgraniana, inaugurada ayer en el Banco Ciudad de Buenos Aires.
A 186 años de la batalla de Tucumán, los rasgos personales de Manuel Belgrano salen a la luz, en la exposición que puede ser visitada hasta el 1º de octubre, en Esmeralda 660.
La exhibición fue organizada por el Centro Numismático Buenos Aires, el Instituto Nacional Belgraniano y el Banco de la Ciudad y expone objetos personales de gran valor histórico. El sable fue el que Belgrano utilizó en la batalla de Salta y en los combates de Vilcapugio y Ayohuma, donde la suerte no lo acompañó.
El objeto más valioso
El reloj de bolsillo de oro y esmalte que el prócer utilizó para pagar los honorarios de su médico personal es el objeto de mayor significancia dentro de la muestra, debido a que fue el único valor que le quedó antes de morir, el 20 de junio de 1820. El gobierno le debía 15 meses de sueldo que le correspondía por su desempeño como general del Ejército.
Belgrano pertenecía a una familia muy rica y durante su desempeño al servicio de la patria donaba desinteresadamente casi todo lo que tenía a su pueblo. Así lo hizo con los 40.000 pesos que la Asamblea General Constituyente de 1813 le dio como recompensa por vencer en las batallas de Tucumán y Salta. Propuso que ese dinero se destinara para dotar cuatro escuelas en el norte argentino. A 185 años, su voluntad no pudo ser cumplida porque las escuelas, todavía, no han sido construidas.
En la muestra también se pueden observar varios escritos, cartas y medallas que resumen parte de la historia de Belgrano.
"Libertad de las provincias unidas del Río de la Plata" y "Viva la religión, la patria y la unión", reza la medalla conmemorativa de la batalla de Salta, librada el 20 de febrero de 1813. "Tucumán, sepulcro de tiranía", es la leyenda que recuerda la otra contienda del norte argentino, el 24 de septiembre de 1812, considerada como la verdadera batalla de la soberanía porque revirtió definitivamente el poderío español.
Tragedia en cinco actos
Entre los escritos más llamativos se encuentra la tragedia de cinco actos que el propio Belgrano escribió y dedicó a Bernardino Rivadavia. También se expone el documento que transcribe la ley para instrumentar la primera moneda patria, en julio de 1813.
Es muy curiosa la carta que el prócer le envió al Sumo Pontífice para solicitarle permiso para leer libros prohibidos. Detrás de una de las vitrinas se exhibe el texto de puño y letra que le remitió al papa y en el que detalla su currículum, descripto, tal vez, como un aval de su preparación intelectual: condición sine qua non para interpretar textos prohibidos.
La vocación innata de Belgrano por tratar de comunicar los hechos más importantes del quehacer nacional queda reflejada en la prensa portátil de madera que el prócer llevaba consigo cada vez que emprendía una campaña. Con ella, por ejemplo, imprimió las proclamas de Potosí. Y se la puede ver en la exposición.
Cuando la realidad disponía que Belgrano estuviera en Buenos Aires imprimía -pero esta vez en un taller- El Telégrafo Mercantil, un periódico rural, económico e historia gráfica del Río de la Plata. En la muestra se exhibe el ejemplar número 20, del 18 de octubre de 1801.
"Nuestro país tiene una deuda con este ciudadano modesto, hombre de estudio y gabinete al que un día le ponen un sable y lo hacen montar en un caballo y a pesar de ser un hombre enfermo sale a recorrer los campos para defender la patria que nacía", dijo a La Nación Juan José Cresto, director del Museo Histórico Nacional, institución que cedió más del 80 % de los objetos que se exhiben en la muestra del Banco de la Ciudad.
Cresto, historiador e investigador, reflejó la abnegación y humildad de Belgrano en la siguiente anécdota: cuando llegó San Martín, en 1814, para hacerse cargo del Ejército del Norte, del cual Belgrano estaba al mando, el creador de la bandera le dijo al Libertador: "A usted, que es un general graduado, de profesión militar, le solicito la posibilidad de quedarme bajo su mando para aprender".
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