
Fiambalá pone la salud a punto
Relax: esta población del oeste de la provincia dibuja magníficos paisajes y, además, permite bañarse en sus aguas termales a quienes la eligen para descansar y disfrutar.
5 minutos de lectura'
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Poco frecuentado aún por el turismo, el departamento de Tinogasta, en el oeste de la provincia de Catamarca, es uno de esos rincones del país que abundan en atractivos en los que se asocian paisajes, tradiciones y una prolongada historia que se remonta a mucho antes de la llegada de los españoles, ya que fue habitada por culturas que se instalaron en los valles hace varios siglos.
Tinogasta reúnen una interesante diversidad para los ojos del turista. Cordilleras, cordones serranos, ríos de caudales temporarios y cauces profundamente excavados, restos arqueológicos, encantadores pueblitos que se disponen a la manera de oasis donde se cultiva, entre otras plantas, la vid, que logra aquí un aroma que se traduce en los exquisitos vinos locales, que no se deben dejar de probar.
Un clima agradable
Una de las poblaciones más antiguas tinogasteñas es Fiambalá, que se halla a unos 49 kilómetros al norte de la capital departamental Tinogasta; sus 1600 metros sobre el nivel del mar hacen que el clima sea fresco y agradable en las estaciones más cálidas.
Para quien desee pasar una temporada de verdadera tranquilidad y descanso, Fiambalá es ideal por su paisaje de agreste belleza, sus calles ocupando un valle donde corre el río Abaucán y su planta urbana rodeada de viñedos; a esto se suma la cordialidad tradicional de su gente y la existencia de aguas termales a unos 14 kilómetros al Este, con acceso pavimentado que atraviesa la quebrada de Fiambalá, en las serranías homónimas.
Existe una infraestructura básica para el usuario y vale la pena llegarse hasta allí debido a que son reconocidas sus propiedades sedantes; un rato de estar sumergidos en las aguas produce una agradable sensación de bienestar y relax indicada para quienes desean descansar.
Cuenta con piletas con agua a diferente temperatura; normalmente aflora entre 53° a 60°, pero en estos sectores oscila de 30° a 50° y hay sitios para que se bañen los chicos.
La infraestructura se complementa con un área de camping, lugares donde armar la carpa y asadores. Si se desea disponer de alojamiento, Fiambalá cuenta con una hostería municipal.
Un poco de historia
Fiambalá se originó a fines del siglo XVII y fue fundada oficialmente en 1701. Dentro de la población es interesante visitar la iglesia del patrono San Pedro Apóstol, edificio que data de 1770, declarado monumento histórico.
Fiambalá también resulta punto de detención y una etapa en el camino hacia el paso de San Francisco en la cordillera de los Andes; aquí nace la ruta provincial 45, que conduce hacia el límite con Chile y constituye una vía de integración con el país vecino.
Hacia el Oeste se halla también la sierra de Narváez, cuyo ámbito ha sido propuesto para la creación de un parque nacional.
Antofagasta no marea
Deslumbrante: esta región suele despertar reservas porque está más cerca del cielo, pero no hace perder el equilibrio a la hora de mostrar la Puna.
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Es una de las zonas que se ha abierto más recientemente al turismo. Agreste, de áspera belleza, Antofagasta de la Sierra ha recibido la influencia de varias corrientes poblacionales, desde antiguas culturas aborígenes hasta la colonización española y la labor incansable de los jesuitas.
Esta parte de la Puna, mundo desconocido y apasionante, se presta para recorrerlo cruzando salares, volcanes, singulares formaciones rocosas, grupos de llamas y vicuñas, lagunas que reflejan el cielo diáfano y adquieren colorido cuando la habitan flamencos, cauquenes y patos.
En el departamento de Antofagasta de la Sierra se encuentra la población de igual nombre, típico asentamiento puneño donde predomina el adobe y el pircado. Centraliza las actividades de la extensa área y ofrece algunos servicios al viajero.
Cuenta con agua, electricidad, comunicaciones, el albergue municipal, hospedajes. Otros pequeños poblados se diseminan por el departamento puneño, El Peñón, Los Nacimientos y Antofalla, que viven como Antofagasta de la cría de la llama y del ganado caprino. Hacia el Norte hay asentamientos asociados a la importante actividad extractiva de bórax y litio, y al yacimiento del salar de Hombre Muerto.
Uno de los sitios cercanos para conocer es la laguna Antofagasta de la Sierra, así como también vestigios arqueológicos donde se observa la influencia incaica, las ruinas de Coyparcito y El Retiro; hay especialistas que están realizando investigaciones sobre las antiguas culturas puneñas.
Los antofagasteños comparten los modos de vida con otros habitantes de la Puna; practican una economía basada en la ganadería de subsistencia y son hábiles tejedores; se puede visitar a los artesanos en sus coloridos telares y adquirir mantas, ponchos, tapices y prendas de vestir.
Riguroso y vital
Atrae al viajero el ambiente puneño que significa un desafío. El clima está definido por la altura sobre el nivel del mar, unos 3500 metros, los fuertes vientos, la elevada insolación debido a la falta de nubes.
La amplitud térmica, es decir, la diferencia entre altas y bajas temperaturas es elevada en el día y en las estaciones. En invierno se registran varios grados bajo cero y en verano, la media es de 10°C, aunque a mediodía pueden superarse los 20°C.
Una nota destacada en el ambiente es su grupo de volcanes, como el Antofalla de 6100 metros y el Galán de 5912 metros, que posee una enorme caldera que motiva expediciones. También es interesante observar su fauna de vicuñas, llamas, flamencos y cóndores.





