
Del Covid a la ansiedad: alertan que se dispararon los rescates en el Aconcagua
Así lo indican los médicos y el personal de asistencia de la montaña; debieron tratar 40 casos de edema agudo pulmonar de altura
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MENDOZA.- Fue un regreso con todo, por momentos extremo y hasta letal, a miles de metros de altura. No solo la pandemia tuvo su efecto este año en la apertura del Parque Provincial Aconcagua, sino que, como alertan los rescatistas consultados por LA NACION, el apuro y la desesperación por hacer cumbre llegaron a jugar malas pasadas. Así termina la riesgosa, accidentada y polémica temporada de ascensos al Coloso de América, que tuvo, durante un mes y medio, los más diversos condimentos, y que dejan un tendal de situaciones para analizar puertas adentro del gobierno mendocino, con el objetivo de recalcular y optimizar todo para el próximo año.
Sin dudas, más allá de los casos positivos de Covid-19 y los contactos estrechos, de acuerdo con el relato de los protagonistas que cada año trabajan para que el servicio de ascensos funcione con garantía, el principal inconveniente con el que se encontraron fue la presión interna y externa que ejercieron los deportistas para llegar lo más rápido posible a la cima, ubicada a 6962 metros sobre el nivel del mar, lo que generó un mayor número de evacuaciones, según contaron a LA NACION los rescatistas.
Así, bajo este contexto, durante esta temporada, con casi 1700 ascensos y cerca de 170 evacuaciones, se reportaron dos fallecimientos, a pocos metros de la cima, cuando la tendencia en las últimas temporadas marcaba una reducción de los decesos. En tanto, se produjeron rescates “exitosos”, pero de gran peligrosidad para todos los que participaron de las expediciones.
“Desde 2004 que no recuerdo una temporada tan dura como esta. La gente iba muy rápido, prefería saltearse algún campamento en altura. Quizás también para evitar los contactos por Covid, pero sufrían edemas pulmonares graves. Tuvimos muchos casos severos, de vida o muerte. En esto, si no actuás, no medicás ni oxigenás y no evacuás a tiempo, la persona se muere. Eso fue lo más agotador; demasiados casos de edemas para 45 días de ascensos”, contó a LA NACION Ignacio Rogé, jefe del Servicio Médico del Aconcagua, que tuvo que incorporar personal en plena temporada. Un caso que muestra esta situación extrema ocurrió entre el 10 y el 11 pasados con el rescate de un paciente crítico, oriundo de Singapur, que se encontraba en muy mal estado general, con deshidratación grave, con debilidad, con astenia y con un edema pulmonar severo, a más de 6600 metros de altura. Por eso, debió ser medicado y oxigenado. Además, fue trasladado a otros campamentos, donde se lo hidrató. Posteriormente, debieron bajarlo en camilla especial, y trasladarlo en helicóptero.
“Descendí asistiendo al paciente y en Horcones lo esperaba la ambulancia del Servicio de Emergencia Coordinado (SEC), que lo trasladó al hospital de Uspallata. El paciente permaneció internado hasta el domingo 13 y fue dado de alta. Vale destacar este enorme esfuerzo de todo el equipo de trabajo del Parque Aconcagua: guías, patrullas, guardaparques, piloto, médicos del parque, SEC, logística de la firma Lanko, ya que de otra forma dudo que el paciente hubiera salido con vida de esta emergencia”, contó Javier Seufferheld, médico del servicio.
En altura
De esta manera, con este escenario de fondo, más allá de la aventura, el paisaje, la nieve, el frío extremo y la pandemia, la principal causa de los decesos y las alertas fueron los edemas pulmonares graves de altura, un cuadro en el que los vasos de los pulmones se contraen, y provocan un marcado aumento de la presión pulmonar. En estos casos, se trata de eventos no cardiogénicos que se producen debido a la acumulación de líquido intersticial y alveolar, principalmente por los cambios de altitud, por encima de los 2500 metros sobre el nivel del mar. Entre los síntomas, están la dificultad para respirar; la tos persistente, que puede ir acompañada de secreciones; una respiración “burbujeante” y dolor en el tórax. Además, puede aparecer febrícula y alteración de los niveles de conciencia.

“Ante la presión, se produce como un pinchazo en una manguera, que sería el lecho capilar pulmonar, produciendo el trasvase de sangre al espacio aéreo. Es un fenómeno mecánico, un reflejo, que la persona no logra controlar, para mantener la ventilación y lograr el intercambio gaseoso. Los pulmones censan que hay poco oxígeno atmosférico, entonces hay una vasoconstricción generalizada”, explican los especialistas consultados por este medio.
Así, en diálogo con LA NACION, desde el Equipo Médico del Aconcagua y la Patrulla de Rescate, dejaron en claro las dificultades que tuvieron, más allá del Covid, aunque en esta breve temporada todo se hizo más complejo. De acuerdo con el reporte sanitario al que accedió este medio, se registraron 40 casos de edema agudo pulmonar de altura (EAPA) y 15 de mal agudo de montaña (MAM), entre moderado y severo, que es causado por una reducción de la presión atmosférica y de los niveles más bajos de oxígeno a grandes alturas. En total, durante esta temporada se realizaron 169 evacuaciones, entre las que también figuran 34 por coronavirus positivo, 54 por contacto estrecho, 15 por afecciones traumatológicas, cinco por congelamientos, tres por ACV (accidente cerebrovascular) y AIT (accidente isquémico transitorio) y tres por cuadros digestivos.
Además, de acuerdo con el informe oficial, entre el 1° de enero y ayer, hubo 1690 ascensos, cuando normalmente, entre noviembre y marzo, se realizan entre 3000 y 3500. “Fue una temporada atípica, corta, pero los campamentos estuvieron saturados de gente, con poca aclimatación. Por eso, tuvimos muchos casos de edemas y evacuaciones. Fue todo muy duro, porque al ir por pocos días querían llegar a la cumbre en días no óptimos, de mucho viento y temporales”, señaló a LA NACION Ariel Astudillo, director de la Unidad Patrulla de Rescate y Auxilio en Montaña de Mendoza (Upram).
“Las evacuaciones por edema son largas y pesadas, por lo general de tarde y noche, donde hay que ponerle todo. Necesitás sí o sí del trabajo interinstitucional para lograr este tipo de evacuaciones por sobre los 6000 metros”, sumó el experto en andinismo, licenciado en Seguridad Pública y ex jefe de la Upram, con más de 20 años de experiencia.
La controversia tampoco estuvo ausente en este mes y medio de ascensos. El “caso Munives” fue el escándalo de la temporada, que terminó con la renuncia del jefe de la Policía de Mendoza, Roberto Munives, por otorgar un “pase vip” a su mujer para escalar el Aconcagua. También se sumaron los cuestionamientos de expertos andinistas y reconocidos guías de montaña que tuvieron que regresar por ser parte de un contingente positivo de Covid-19, por lo que cargaron contra la organización y la atención en el parque provincial. Sin embargo, los responsables de velar por la seguridad y la salud de los andinistas en cada temporada salieron a relativizar las críticas y cargaron contra quienes los acusaron, al indicar que no respetaban todas las normas sanitarias dispuestas por protocolo.
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