
Ganador del Prode 14 años después
Una familia cordobesa había hecho los 13 puntos el 26 de octubre de 1986; sólo ahora le dieron la razón
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CORDOBA.- Mercedes Lanfranco tiene 49 años, está casada, es madre de cuatro hijos y abuela de dos nietos. En estos días le renació la ilusión de poder "darles lo mejor" cuando el Superior Tribunal de Justicia de Córdoba no puso en dudas que era ganadora de una parte del pozo del Prode (Pronósticos Deportivos) del 26 de octubre de 1986, por haber acertado los 13 puntos del juego, y resolvió que la falla en la tarjeta que le impidió acceder al premio fue responsabilidad del agenciero. Este es quien, ahora, debe hacerse cargo de las consecuencias.
La mujer, que reside con su familia en General Cabrera, un pueblo del sur de la provincia, debió haber cobrado una suma que en aquella época equivalía "a varias coupé Renault Fuego, que era el auto más lindo de entonces". El esposo, Norberto José Rosso, apunta con exactitud: "22 coches de esa marca y modelo". El vehículo se ubicaría hoy en la gama de los que cuestan unos 30.000 pesos.
El cálculo de la cifra resulta, por tanto, sencillo. Más actualizaciones podría estirarse hasta cerca del millón de pesos.
Sin embargo, Mercedes, que es docente, tampoco hoy tiene la certeza de que percibirá algún peso del premio que afirma que hace 14 años ganó, junto con su marido, en buena ley. Los titulares de la agencia de juegos son de condición económica tan modesta como ellos: no evidencian ser poseedores de bienes con los cuales puedan afrontar el problema que los agobia.
Ella todavía abriga una esperanza y, como toda madre, piensa en sus hijos: "Están todos estudiando y la lucha es dura, cuesta muchos sacrificios. Uno siempre espera poder darles lo mejor. Esto sería un empujón para lograr tranquilidad económica".
La contracara de la moneda es la familia del agenciero, sobre la que ha caído el peso del fallo judicial. "¿Tiene manera de enfrentar esa responsabilidad y resarcir al matrimonio Rosso?", preguntó La Nación a Hugo Massobrio. "No, qué voy a tener si soy un trabajador como cualquier otro, tengo una agencia de quiniela, una casa de un plan de viviendas y punto. Nada más, hermano", contesta.
Es también miembro del concejo deliberante de la localidad, puesto al que llegó en representación del partido de Domingo Cavallo, pero esas funciones son ad honorem. La vivienda es de un plan social a 30 años, en cuotas.
Pálpitos ganadores
Parte de esta historia se escribió en octubre de 1986 en General Cabrera, y durante los tres lustros restantes, en los tribunales provinciales. La población, a 200 kilómetros de la ciudad de Córdoba y a 60 de Río Cuarto, está enclavada en una zona en la que predominan la agricultura y, en particular, el cultivo del maní.
Para el concurso 682 del Prode, que se jugó el 26 de octubre de aquel año, Norberto José Rosso -en la actualidad, de 53 años de edad- había apostado más de una tarjeta. En una de ellas figuraba el número de documento de su esposa.
En una conversación con La Nación , el matrimonio confiesa no recordar bien las circunstancias de cómo hicieron "el dibujo" de las apuestas y cuántos cartones jugaron. El cartón original está incorporado a la causa judicial y una copia "la debemos tener guardaba por ahí".
Mercedes señala que "cada chico diría algo" respecto de colocar las cruces en los casilleros de local, empate o visitante, porque cada uno tiene su corazoncito futbolero: Boca, Belgrano de Córdoba y uno, insólitamente para un pueblo del interior cordobés, Chacarita Juniors.
Norberto fue después a la agencia a jugar las boletas. En ese entonces, como ahora, la esposa era docente del Centro de Educación por el Arte, que depende de la provincia. Percibe un sueldo de 450 pesos. En 1986 el marido era viajante de una firma repuestera y tenía un pequeño negocio del rubro en Cabrera.
En la actualidad trabaja como inspector de una empresa especializada en garantías, y desde septiembre último explota un pequeño comercio de venta de plantas.
"Soy monotributista", dice para graficar el nivel de ingresos. "Al día siguiente -cuenta Mercedes- miramos en el diario los resultados y empezamos a ver que cada vez contábamos más puntos, hasta los trece. ¿Si celebramos? Seguro, era una cosa demasiado grande, demasiado linda."
Pero cuando acudieron a la agencia a constatar "empezaron las dudas". El agenciero no tenía noticias de que uno de los cuatro ganadores del concurso correspondiera a una apuesta hecha en su local.
Los Rosso se trasladaron de inmediato a Córdoba y concurrieron al Banco Social de Córdoba, que en la provincia administraba los juegos de azar y, por consiguiente, el convenio con la Lotería Nacional relativo al Prode. Allí les notificaron que la tarjeta estaba impugnada porque había sido enviada "en blanco", es decir, sin las perforaciones de las apuestas de local, empate o visitante.
Mercedes narra que la frustración fue terrible. "Imaginate, siempre fuimos gente de trabajo, yo docente, mi esposo viajante, estaba toda la semana afuera, era lograr que se quedara en casa con la familia y tuviera un trabajo en el pueblo, nos habíamos hecho las ilusiones que se hace una familia trabajadora con cuatro hijos."
De allí en más fue poner el caso en manos de un abogado, Guillermo Valinotto, de Villa María, y de Jorge Carranza, de Río Cuarto, ya fallecido. Se entabló demanda al agenciero y también en contra del Banco Social y la Lotería Nacional por su "responsabilidad compartida", comentó el doctor Valinotto. El juez de primera instancia del fuero civil de Río Cuarto, siguiendo los lineamientos de otros pronunciamientos en litigios parecidos, resolvió que por "su negligencia" el responsable del problema era Massobrio y liberó de compromisos a las instituciones oficiales.
Apelada la sentencia ante la Cámara Civil riocuartense, ratificó el criterio y ahora lo acaba de hacer en el mismo sentido el Superior Tribunal, con un fallo que es el que ha hecho reactualizar el caso.
Agenciero vs. apostador
El Banco y la Lotería fueron demandados por entender que "había una verdadera responsabilidad -explica Valinotto-, pues el agenciero, al margen que pueda ser una buena persona, tuvo repetidos errores y nunca se le llamó la atención, como lo demostramos en el juicio".
Pero aparte de eso, porque los institutos del juego eran la única posibilidad de cobro ante el conocimiento de que el dueño del local no tiene con qué afrontar la sentencia.
Massobrio, de 50 años de edad, no quiere hablar mucho del asunto. "Si la tarjeta que fue al Banco estaba en blanco (sin perforaciones) y por eso fue impugnada, cómo puede haber sido que la del apostador (Rosso) no, que tenía todas las jugadas", se pregunta, deslizando la sospecha de la posibilidad de un fraude de la otra parte.
Es cierto que se ha sabido de apostadores que adulteraron la boleta del juego, fuere del Prode u otro. Consultado, Rosso replica: "¿Podría la Justicia haberse comido en este juicio una tarjeta adulterada?".
"El juez nunca nos hizo esa pregunta. Eso está fuera de discusión. El abogado nos advirtió que se iban a decir infinidad de cosas. Nos pusieron en la causa mil escollos, a todos los superamos. Lo concreto es que nosotros jugamos y ganamos, se nos dijo que no habíamos ganado y la Justicia dice que sí y, en todo caso, hay que preguntarles a los jueces por qué lo condenaron al agenciero."
Rosso y Massobrio, los dos hombres en pugna, convivieron en Córdoba durante un año y medio, hace 30 años. Hoy, no se hablan.
El agenciero y su esposa, Graciela, sugieren que fueron embromados . Otra paradoja: los Massobrio son una familia muy parecida a la de los querellantes. El matrimonio tiene cuatro hijos, actualmente de entre 16 y 23 años. La edad de los hijos de los esposos Rosso va de 17 a 23.
Mercedes pide no salir en fotos y omitir el nombre de la familia. No quiere que sean rozados por nada que los pudiera afectar.
Si hubiera algún arreglo o apelación es asunto que decidirán los abogados. "No es nuestra intención perjudicar a nadie, nosotros lo que queremos es cobrar", dice Norberto. "Somos una familia común y corriente que trabaja para vivir, no tenemos más que la agencia", se defiende Graciela de Massobrio.
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