
Guardianes del tiempo: quiénes son los relojeros cordobeses que arreglan piezas monumentales
Con base en Jesús María, ahora están reparando a “Ico”, el autómata que marca los tiempos a los jinetes en el Festival de Doma
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CÓRDOBA.- Este lunes por la mañana, en Jesús María, hubo un procedimiento especial en el anfiteatro donde cada enero se realiza el Festival Nacional de Doma y Folklore. “Ico”, el reloj autómata que se usa en el campo de la doma, fue bajado con grúas para una puesta a punto. La maquinaria fue instalada en 2014, en las vísperas del cincuentenario del tradicional evento. Los encargados del mantenimiento son unos relojeros cordobeses especialistas en estas maquinarias monumentales que trabajan en toda América Latina.
“Le propusimos a la comisión la fabricación de un reloj con un autómata de un caballito que hiciera una jineteada”, recuerda Guillermo del Valle a LA NACION. Es el líder del grupo de trabajo en Gnomon Relojes, el taller de relojería que nació en octubre de 2007 y que se dedica a la fabricación, puesta en marcha y en valor de relojes monumentales y campanarios.

El nombre Gnomon se debe a la pieza que en los relojes de sol proyectaba sombra sobre la escala y permitía saber la hora. El taller es el mismo que, en 2010, instaló el reloj en la fachada de la Casa Rosada en Buenos Aires; también arreglaron el del Cabildo porteño y el del Palacio Libertad.
Instalados en Jesús María, querían avanzar con la propuesta hecha a la comisión organizadora del Festival de Doma. Como los directivos no contaban con los fondos suficientes, llevaron la iniciativa al entonces intendente Gabriel Frisa. Ya con los primeros bocetos del “cucú raro”, el jefe comunal se entusiasmó con la idea y propuso un esquema colaborativo: la municipalidad aportaría la infraestructura de la obra y la empresa donaría íntegramente la maquinaria del reloj.

Así nació “Ico”. Con agujas que simulan ser las lanzas de caña de los gauchos de Güemes y una puerta frontal que recrea el palenque de un establo, el reloj es una obra de arte interactiva. Al dar la hora, la puerta se abre y un caballo de fibra de vidrio realiza una jineteada automatizada al compás del relato real de los relatores del festival.
Durante 12 años, el mecanismo soportó un uso intensivo extraordinario: durante las noches de festival el autómata sale a escena entre ocho y nueve veces por jornada, mientras que el resto del año realiza dos apariciones diarias.
Aunque el taller siempre realizó el mantenimiento técnico de manera gratuita y voluntaria, el paso del tiempo y las fuertes lluvias terminaron por oxidar algunas de sus piezas internas, obligando a su retiro temporal para una restauración profunda.

Paso a paso de la reparación
Del Valle precisa que el jinete y el caballo de “Ico” ya están desmontados en el taller de Jesús María. Allí, los técnicos implementan un riguroso protocolo de restauración dividido en tres fases críticas para asegurar que en solo 20 días el reloj vuelva a estar operativo.
La reparación estructural es la primera fase. Trabajan sobre la estructura de fibra del autómata, la que tenía fracturas específicas en el pequeño brazo que sostiene el rebenque y en la mano que sujeta las riendas del caballo.
La segunda es la restauración artística, de la que participa la artista plástica de Colonia Caroya Roxana Villarreal. Lleva adelante una minuciosa intervención estética para repintar por completo el jinete y restaurar el color del caballo, devolviéndoles el impacto visual original.

La actualización robótica y mecánica es la tercera y más compleja de las etapas. Se concentra en reemplazar los pequeños motores que coordinan los movimientos del caballo, cambiar y lubricar los sistemas de cadenas internos y repintar las agujas con forma de lanza.
Mientras trabajan en “Ico” los relojeros ya presentaron otra propuesta. En junio pasado la máquina original del emblemático Cucú de Villa Carlos Paz sufrió un desperfecto técnico que lo dejó fuera de servicio. Vecinos y turistas extrañan su clásica aparición horaria. Del Valle apunta que ya han hecho llegar el esquema de cómo solucionar el problema.

Entre las obras más destacadas de Gnomon se cuentan también el reloj cucú de Eduardo Castex, La Pampa, considerado el segundo más grande de la Argentina, solo por detrás del de Carlos Paz; el de la localidad de Realicó, en la misma provincia, y el innovador sistema de ensamble rápido diseñado para Nuestra Señora de la Merced, iglesia de Corrientes. También son los diseñadores de la pareja que baila al ritmo del tango en la Municipalidad de Zárate.
En la Argentina, la cordobesa es la única empresa que trabaja en relojes monumentales y en América del Sur solo hay otra en la ciudad brasileña de Curitiba.
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