¿Ha oído hablar de la renuncia silenciosa? ¿Qué tal un divorcio silencioso?
Los matrimonios no siempre terminan con peleas explosivas. Algunos se desgastan lenta y silenciosamente con el paso del tiempo
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WASHINGTON.- Según las papeles, Amanda Thomas se divorció en 2025. Pero si le preguntan a ella, su matrimonio realmente terminó dos años antes.
Sus 20 años juntos no se desmoronaron a partir de una ruptura dramática. Durante mucho tiempo todavía hubo amor. También hubo estabilidad: dos hijos, una casa y un esposo con una carrera estable. No hubo una sola noche que pudiera señalar y decir: “Ahí fue cuando dejé de estar enamorada”.
Pero Thomas, que ahora tiene 42 años y vive en Washington D. C., había empezado a sentir que sostenía el matrimonio sola.
Ella organizaba las salidas nocturnas. Se ocupaba de las tareas domésticas, armaba muebles y arreglaba cosas en la casa. Él parecía encontrar tiempo para el trabajo, los negocios y los amigos. Para ella, había cada vez menos tiempo.
Al principio, todavía creía que las cosas podían mejorar. Planteaba lo que le molestaba e incluso buscó terapeutas de pareja. Su esposo aseguraba que “escuchaba” sus preocupaciones, recordó ella, o la tildaba de “fastidiosa”. De cualquier manera, el resultado durante más de una década fue el mismo: nada cambiaba.
Con el tiempo, dejó de dar más de lo que recibía. Dejó de pedir lo que necesitaba para sentirse amada y dejó de esperar obtenerlo. Las conversaciones difíciles desaparecieron. También desapareció la idea de que el matrimonio valiera la pena.
No es que haya dejado de importarle, dijo. “Simplemente dejé de asumir la responsabilidad de gestionar la salud de la relación”.
Con el tiempo, su resentimiento se fue apagando. El descuido dolía menos. Se adaptó a la ausencia emocional de su esposo en lugar de esperar que él llenara ese vacío. Y aunque no se iría de la casa hasta dos años después, de alguna manera ya se había ido.
En otras palabras, renunció silenciosamente a su matrimonio.
¿Qué significa renunciar silenciosamente a un matrimonio?
Al igual que la versión laboral —hacer lo mínimo indispensable para evitar que lo despidan—, la renuncia silenciosa a un matrimonio, o un “divorcio silencioso”, ocurre cuando una o ambas personas siguen en los papeles, pero se desconectan emocionalmente.
En otras palabras, “realmente no están poniendo esfuerzo en el matrimonio”, dijo Galena Rhoades, profesora de investigación de la Universidad de Denver y directora del Instituto de Ciencia de las Relaciones. “Pero no necesariamente están tomando medidas para terminarlo”.
A diferencia de una decisión formal de separación, puede no existir un momento concreto en el que alguien decida rendirse. Como sucedió con Thomas, el alejamiento puede ser gradual y producirse después de años de intentarlo hasta agotarse cuando nada cambia.
“No pensaba en el divorcio ni en la separación”, dijo Thomas. “Ni siquiera estaba entre mis principales preocupaciones”.
Entonces, ¿por qué no irse simplemente en lugar de vivir en ese limbo?
Muchas veces la respuesta es práctica.
“El matrimonio es un acuerdo financiero”, dijo Molly Burrets, psicóloga clínica y profesora adjunta en el Departamento de Terapia Matrimonial y Familiar de la Universidad del Sur de California. “No todos tenemos la independencia necesaria para dejar un matrimonio cuando queremos”.
Puede haber hipotecas, costos de cuidado infantil, seguros médicos y cuentas bancarias compartidas. Algunos padres permanecen juntos por los hijos, agregó Burrets. Y para quienes atraviesan situaciones tóxicas o abusivas, irse puede ser peligroso.
El miedo también mantiene a muchas personas atrapadas.
“Lo que vemos con frecuencia es que no creen que la vida alternativa que tendrían si terminaran el matrimonio fuera lo suficientemente buena”, explicó Rhoades.
En ese sentido, tomar distancia puede funcionar como una prueba: una manera de experimentar cómo sería la vida sin la pareja antes de separarse definitivamente.
Entonces, ¿dónde está el límite entre atravesar un momento difícil y encaminarse hacia un divorcio silencioso?
Estas son algunas señales de alerta.
Viven como compañeros de vivienda o co-padres, no como pareja
Una señal que Rhoades observa con frecuencia es que la relación se parece menos a una pareja y más a un acuerdo práctico: dos personas administran una casa, pero ya no comparten una vida.
Tal vez hablan durante todo el día, pero casi exclusivamente sobre cuestiones logísticas.
¿Quién va a buscar a los chicos? ¿Pagaste la factura de la luz? ¿Qué comemos esta noche?
“Funcionan bien juntos. Son buenos administrando la vida cotidiana”, dijo Rhoades.
Lo que falta es todo lo demás: curiosidad por cómo estuvo el día de la otra persona, qué estuvo pensando, qué la preocupa, qué la entusiasma o qué la tiene estresada.
Dejan de intentar resolver los conflictos
Pelear no siempre es algo malo. A veces demuestra que ambos miembros de la pareja, al menos, siguen lo suficientemente involucrados como para expresar lo que sienten.
Cuando se manejan de manera constructiva, las investigaciones sugieren que los desacuerdos y su resolución incluso pueden fortalecer la relación.
El cambio más preocupante aparece cuando ya no importa lo suficiente como para discutir.
“Lo opuesto al amor no es la ira”, dijo Burrets. “Lo opuesto al amor es la indiferencia”, una actitud que puede aparecer después de años de decepciones.
“Cuando la decepción se transforma en resignación, suele comenzar el divorcio silencioso”.
El afecto físico desaparece y en realidad no lo extraña
Una mala racha por sí sola no significa que un matrimonio esté en problemas. Pero, según Rhoades, la intimidad física forma parte de lo que hace que una relación romántica se sienta romántica para muchas parejas.
Y no se trata solo de tener menos relaciones sexuales.
Tal vez dejan de besarse al despedirse, de buscarse la mano, de sentarse juntos en el sillón o de rozarse el hombro cuando se cruzan en la cocina.
“Nuevamente, esas son cosas que solo hacés con tu cónyuge”, dijo Rhoades. “Así que cuando empiezan a desaparecer, puede ser una señal de que otras cosas también están cambiando”.
Empieza a construir una vida que no incluye a su pareja
En determinado momento, Thomas tomó conciencia de lo unilateral que se había vuelto su matrimonio.
“Recuerdo haber tenido un momento en el que me di cuenta de que estaba poniendo toda esta energía en salvar esto”, recordó.
Entonces dejó de pedir, de esperar y de aguardar que su esposo apareciera.
En cambio, aprendió a apoyarse en sus amistades para recibir el cuidado y la conexión que estaba necesitando.
“Mis amigas me dieron eso con creces”, dijo Thomas. “Y no tuve que hacer nada para conseguirlo”.
Fue un alivio sentirse tan cuidada con tanta facilidad y, según Burrets, eso es precisamente lo que hace que este cambio sea tan fácil de pasar por alto.
Poco a poco, las personas que la rodean empiezan a ocupar los lugares que debería ocupar su pareja. Un colega escucha las historias divertidas de la clase de gimnasia; los amigos reciben las novedades de las consultas médicas; una hermana se convierte en la acompañante habitual para las reuniones sociales.
De a poco, el matrimonio pasa de ser esencial a ser opcional.
Y aunque tener una vida propia fuera de la relación es saludable, “cuando la distancia ya no le molesta realmente, esa es una señal de que renunció silenciosamente a su matrimonio”, explicó Burrets.
Qué hacer si nota las señales
Si usted es quien está renunciando silenciosamente, el primer paso es dejar de funcionar en piloto automático y ser honesto con sus necesidades.
“Tómese en serio dónde está, cuáles son los factores involucrados y si hay algo que todavía pueda salvarse antes de tomar cualquier decisión para terminar el matrimonio”, sugirió Rhoades.
Eso implica responder preguntas incómodas:
¿Me quedo porque quiero o porque irme me da miedo, es complicado o costoso?
Si mi pareja hiciera todo lo que le vengo pidiendo, ¿alcanzaría?
¿Estoy dispuesto a cambiar también o, en el fondo, ya terminé?
Un terapeuta puede ayudar a ordenar esas preguntas.
Pero tarde o temprano, la pareja debe formar parte de la conversación, algo que puede resultar difícil después de meses o años creyendo que ya no tiene sentido hablar.
Por ejemplo, podría empezar con algo como:
“Hace tiempo que me siento desconectado y ya no sé bien dónde estamos parados. ¿Podemos hablar?”
O, si una parte de usted todavía ve posibilidades, evite el vago “esforzate más” y sea específico:
“Me gustaría que tengamos una noche por semana para nosotros, sin teléfonos ni televisión, porque me he sentido dejado de lado”.
Por otro lado, quizá ya sepa que quiere terminar la relación.
Decirlo puede parecer cruel, pero Rhoades sostiene lo contrario:
“Si la relación es lo suficientemente segura para una conversación honesta, la claridad suele ser más saludable que mantener una falsa sensación de compromiso”.
Si usted está del otro lado —y percibe distancia por parte de su pareja— trate de preguntar qué ocurre sin acusar.
“No encare la conversación desde el reproche, con algo como: ‘Me estás tratando de esta manera’”, dijo Burrets.
En cambio, proponga la conversación desde la curiosidad.
Por ejemplo:
“Antes me contabas cómo había sido tu día apenas llegabas a casa y últimamente ya no lo hacés. Extraño eso. ¿Nos está pasando algo? ¿Estamos bien?”
Igual de importante: escuchar.
No tiene que coincidir con la perspectiva de la otra persona, pero sí intentar comprender qué hay detrás de su desconexión antes de apresurarse a defenderse.
“Si alguien está renunciando silenciosamente al matrimonio, probablemente intentó resolver el problema una y otra vez sin obtener el resultado que buscaba”, dijo Burrets.
La reparación, si ambos la desean, no llegará a partir de una única conversación profunda.
Revertir un alejamiento lento exige esfuerzos más pequeños y sostenidos, además de mucha paciencia para reconstruir la confianza y el amor perdidos.
Y si la relación no puede salvarse, eso también puede ser una respuesta valiosa.
Dos años de silencio le dieron a Thomas algo que décadas de pedidos y resignación nunca habían logrado: claridad.
“Cuando llegó el momento de separarme y divorciarme, sabía que venía de un lugar de sanación”, dijo.
“Por eso estoy absolutamente convencida de que fue lo mejor para mí”.




