Hallaron el cadáver carbonizado de una profesora de artes
El fiscal demoró al marido de la mujer Se espera el resultado de la autopsia para saber la causa de la muerte La hipótesis más fuerte es la de un homicidio de índole pasional El esposo de la víctima ya fue indagado
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NECOCHEA.- El cadáver calcinado de una profesora residente en esta ciudad fue encontrado, ayer por la mañana, dentro del baúl de su automóvil, en un lugar conocido como Pinolandia, en el interior del parque Miguel Lillo, situado al sudeste del casco céntrico de la ciudad.
La víctima fue identificada como Claudia Iraola, de 35 años, casada y madre de una niña de 4. Aunque los peritajes y la investigación recién comienzan, una fuente judicial adelantó a La Nación que, según los primeros indicios, se trata de un homicidio y no se descarta que la motivación pudiera ser de índole pasional.
Se confirmó además que Marcelo Llinás, esposo de la víctima, fue interrogado después del mediodía por el fiscal Guillermo Sabatini.
Al cierre de esta edición, continuaba a disposición de la Justicia, en calidad de demorado, en dependencias de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) local.
El fiscal explicó: "Hasta ahora la hipótesis más fuerte es la de homicidio, aunque la confirmación llegará con el resultado de la autopsia", que forenses necochenses aún realizaban al cierre de esta edición.
Con todo, pudo saberse que ni el cadáver ni el Renault 19 en el que se halló el cuerpo presentan impactos de bala, aunque un testigo aseguró que escuchó detonaciones a la hora en que se habría cometido el crimen.
"Lo de los tiros aún no fue confirmado, pues esos ruidos pudieron ser los de los neumáticos al estallar o de algún componente del Renault", apuntó el fiscal, que eludió precisar las causas que derivaron en la convocatoria de Llinás y sólo admitió que "se está trabajando sobre una pista que podría dar resultados a corto plazo".
Claudia Iraola se desempeñaba como profesora de artes plásticas en varias escuelas secundarias de Necochea, establecimientos que, por otra parte, ya decretaron asueto por duelo durante la presente jornada.
Según aseguró una empleada doméstica del matrimonio, la señora no durmió en la residencia familiar -situada en 18 entre 75 y 76- la noche del crimen, versión que se contrapone con lo que aseguraron otros allegados a la víctima.
Según estas fuentes, Iraola pasó la noche en casa y partió en su auto a las 4.30, aproximadamente. Lo que no se explicó fue qué la llevó a salir en un horario tan inusual.
También trascendió que la relación entre la pareja no era buena.
Resplandor en el parque
El hallazgo de los restos de la mujer se produjo poco antes de las 7, cuando uno de los guardaparques del predio llegó al lugar con el propósito de apagar lo que hasta ese momento parecía un incendio de bosques.
Sin embargo, se encontró con que lo que ardía era un automóvil Renault 19, patente CPS 340.
Al extinguir las llamas, con el auxilio de una dotación de bomberos, se descubrió que en el interior del baúl había un cuerpo quemado.
"Me desperté a las 6, como todos los días, pues a esa hora se levanta una de mis hijas para ir a la universidad", relató a La Nación Nelson Alvarado, el guadaparque que realizó el descubrimiento.
"Vivo con mi familia muy cerca de donde apareció el coche y lo que primero me llamó la atención en aquel momento fue un ruido que sonó igual que un escopetazo en el monte", añadió.
"Me asomé por la banderola del baño y al mismo tiempo en que escuché más ruidos como el anterior vi una especie de resplandor entre los árboles", señaló.
"Pensé que se había incendiado la leña que se recogió en estos días durante el desmonte -dijo- y ahí nomás llamé a los bomberos, pero como siguieron sonando lo que parecían tiros, también avisé a la policía.
"Llegamos todos juntos a Pinolandia y nos encontramos con el auto ardiendo. Al apagarlo del todo vimos cómo quedaba el baúl medio abierto; al acercarse uno de los bomberos gritó que había un cuerpo adentro", recordó.
"Fue terrible -subrayó- porque estaba todo quemado y los restos de una de las manos apoyados en la tapa, como si esa persona hubiera empujado hacia arriba.
"En siete años que llevo trabajando acá nunca vi algo igual y creo que esto será muy difícil de olvidar", concluyó.
Alvarado aseguró que no conocía a la muerta, pero admitió que vio al marido en varias ocasiones.
"Llinás es un hombre de campo y su familia es una de las más tradicionales de la ciudad Necochea", dijo el guardaparques.
Crímenes que se ocultan en el parque
NECOCHEA (De un enviado especial).- Hace 19 años, a unos 500 metros del lugar donde se encontró ayer el automóvil con el cadáver de la docente Claudia Iraola, apareció el que conducía la veterinaria Adriana Celihueta.
A diferencia de lo ocurrido en esta ocasión, aquel vehículo estaba vacío. Desde ese instante sus familiares y amigos reclamaron sin pausa el esclarecimiento del hecho.
Pasó el tiempo, se sucedieron los investigadores y las promesas de las autoridades sin resultado alguno. Periódicamente aparecía algún indicio, alguna señal que presagiaba el esclarecimiento del caso. Fueron apenas ilusiones.
Así, en febrero último se cumplieron 19 años de aquella desaparición sin que todavía se sepa cuál fue el destino sufrido por la joven Celihueta.
No es el único episodio trágico que se vivió en el parque Miguel Lillo en los últimos tiempos.
En 1988 apareció sin vida y con un disparo en la cabeza el taxista Orlando Salerno. Por este crimen hay dos personas detenidas.
El predio, de 480 hectáreas, también suele ser el escenario que escogen los suicidas. Nelson Alvarado, guardaparque del lugar, recuerda que hace dos años una mujer se quitó la vida dándose un balazo en la sien y, al poco tiempo, un hombre se ahorcó colgándose de uno de sus añosos árboles.
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