
Hasta mayo próximo seguirá la invasión de los mosquitos
El clima favorece la reproducción
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Que jamás los hubo de semejante tamaño, que son más de los que la mente recuerda haber visto alguna vez, que pican como nunca antes. Los mosquitos han invadido nuevamente los hogares en el área metropolitana -dato confirmado por Horacio Walter, director general de Política y Evaluación Ambiental del gobierno porteño- y los vecinos hablan de ellos con extrañeza, casi como si fueran mutantes.
Pero no. Ni pertenecen a una especie desconocida ni la cantidad resulta descomunal ni llegan a destiempo. La única anormalidad radica en que los dípteros que por estos días desvelan a porteños y a bonaerenses a "mordiscones" se han mudado de hábitat.
Vulgarmente conocidos como mosquitos silvestres, porque sus larvas se crían en el agua acumulada en grandes espacios verdes, las hembras Ochlerotatus albifasciatus terminaron dentro de las casas al ser corridas por el viento. Y se sumaron a las de otras especies que viven en la ciudad, el Aedes aegypti y el Culex pipiens, que se reproducen en recipientes que contienen agua en el ámbito doméstico.
"Esta especie es común en Buenos Aires y se cría en los charcos temporarios que se forman, por ejemplo, en parques públicos y en grandes predios privados luego de las lluvias fuertes. Por eso, una o dos semanas después de las precipitaciones se perciben estos «picos» de mosquitos adultos, una situación normal en verano y en otoño", explicó a LA NACION Darío Vezzani, biólogo de la Unidad de Ecología de Reservorios y Vectores de Parásitos (Ecorvet) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA.
"Marzo y abril son meses en los que particularmente aumenta la cantidad de mosquitos en la ciudad, tanto por el clima como por su dinámica poblacional. Cuando hace calor, los insectos tienen más actividad y se desarrollan más rápido. Y las lluvias favorecen la aparición de reservorios, tanto en el ámbito doméstico como en la naturaleza", agregó Nicolás Schweigmann, jefe del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la FCEN e investigador del Conicet.
Sobre el tamaño de los ejemplares, que a simple vista asustan a más de uno, Vezzani dijo que los O. albifasciatus poseen "en general un tamaño superior al de otras especies", y Schweigmann aclaró: "En todas las especies hay más grandes y más chicos; los mosquitos adultos son más grandes en función de cómo comieron las larvas", que en el agua se alimentan de microorganismos y de detritos orgánicos.
De adultas, las hembras salen a consumir sangre. "El O. albifasciatus pica mucho al hombre y su picadura es dolorosa", sostuvo Vezzani. "Y cuanto más grandes más chupan, porque necesitan más alimento", concluyó Schweigmann.
Mueren cuando no comen
- Los expertos coinciden en que sólo la llegada del frío provocará una merma en la actividad de los mosquitos y que así se alejarán de los humanos. "Cuando baja la temperatura, permanecen reparados. Sin la posibilidad de comer, viven pocas semanas -indicó Schweigmann-. Un par de días fríos no alcanza; hay que esperar que las temperaturas bajen permanentemente. Entonces, baja la actividad de los mosquitos y la gente tampoco expone tanto la piel." Mientras tanto, según Vezzani, conviene nivelar los terrenos para que no se formen charcos y eliminar los recipientes que juntan agua.






