Hay tostados y café humeante en el histórico Pasaje de los Carruajes
Abrió una confitería en la calle que atraviesa el interior de la ópera porteña
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Una grata sorpresa para los melómanos que van a la boletería a comprar sus entradas, y también para quienes trabajan en la zona y buscan un rincón donde almorzar algo rico, alejados de la rutina y el ruido. En diciembre último, inauguró una pequeña confitería, "escondida" en el antiguo Pasaje de los Carruajes, esa angosta callejuela que atraviesa el Teatro Colón para comunicar las calles Tucumán y Arturo Toscanini.
Nadie se lo esperaba. El teatro cuenta en su interior con un bar donde tomar un café o una copa de vino en los intervalos de las funciones. Pero la acertada propuesta forma parte del master plan que lleva adelante la Subsecretaría de Patrimonio del Gobierno porteño, que, con créditos del BID, intentará poner en valor el edificio y dotarlo de tecnología de última generación antes de 2008, cuando la casa cumpla cien años. En 1997, las boleterías fueron trasladadas al pasaje, que se abrió al público tras una larga temporada en el olvido.
En 2003, como parte del programa de remodelación, esas dependencias fueron modernizadas gracias al uso de materiales como el mármol (en el mostrador) y el vidrio templado, para realzar la iluminación del espacio. La segunda etapa se concentró en la vereda de enfrente, donde había depósitos de trastos viejos. Dos de esos locales se reciclaron para adecuarlos al funcionamiento de una oficina de visitas guiadas, y una confitería con un sector para tienda de libros y souvenirs del teatro.
Patrimonio de todos
La puesta a punto tuvo en cuenta hasta el más mínimo detalle del proyecto original, concebido por el arquitecto italiano Francisco Tamburini, fallecido antes de ver concretada su titánica obra de estilo renacentista. Tamburini había diseñado ese pasaje para que los días de lluvia las damas no se empaparan el ruedo del vestido y, en vez de acceder por la entrada principal de la calle Libertad, bajaran del coche directamente al foyer del teatro. También era el acceso de las viudas, que ingresaban inadvertidas por un pasadizo secreto hasta una zona de palcos llamados baignoire , creados para que pudieran presenciar la función sin ser vistas durante el período de duelo.
Crêpes de espinacas, pasta y sándwiches de berenjenas y pavita pueden ser saboreados en una atmósfera que permite apreciar parte de la fabulosa arquitectura del Colón.
El Café del Teatro conserva los pisos de teselas, los solados, carpinterías y artefactos de iluminación originales. La única intervención fue la apertura de dos ventanales para darle visibilidad. "No se tocó nada, se conservó cada aspecto de la construcción" aseguró a LA NACION Sonia Terreno, a cargo del master plan del Teatro Colón. "El servicio se dio en concesión; los del bar entraron con todo puesto. Supervisamos hasta el color del tapizado de las sillas."
Pero siguen los cambios en el templo musical más importante. A fines de mes, se inaugura el sector de baños públicos y luego, el antiguo piso del Pasaje de los Carruajes, porque bajo capas de asfalto yacen los adoquines de madera y pórfido (piedra patagónica) de sus orígenes. El histórico piso se integrará con lo que será la plaza del Vaticano, sobre Arturo Toscanini.
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